FOTOS | La montaña turca de lagos termales formados por terremotos

Al sudoeste de Turquía, en la provincia de Denizli, hay un lugar que parece sacado de un cuento de hadas y que solo la naturaleza es capaz de crear. Se llama Pamukkale, que significa literalmente castillo de algodón, nombre que hace honor a su forma. Se trata de una montaña blanca que cuenta con multitud de piscinas de aguas termales color turquesa.

Su origen se debe a los movimientos tectónicos que tuvieron lugar en la depresión de la falla de la cuenca del río Menderes, junto al que se ubica. Esos terremotos provocaron la aparición de numerosas fuentes de aguas termales ricas en creta (la roca caliza de la que se extrae la tiza) bicarbonato y calcio, minerales que le dan a la montaña su característico color blanco y su curiosa forma.

Durante milenios ha sido tradición ir a bañarse a los lagos termales de la montaña y, de hecho, en torno a ella se construyó en el siglo II antes de Cristo la ciudad helenística de Hierápolis, posteriormente reconstruida por los romanos. Sin embargo, no existía ningún control y la zona estaba siendo contaminada y seriamente dañada. Todo cambió cuando en 1998 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Hoy Pamukkale conserva todo su esplendor y puede ser visitada por los turistas.

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