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La lucha de una madre australiana por salvar a su hijo de la adicción a los opioides

Sam Ware sale a caminar por la mañana desde el albergue en el que se hospeda. Este joven perdió a amigos y familiares por culpa de su adicción, así como sus pertenencias. Ordenadores, teléfono o ropa fueron olvidados o robados durante sus sobredosis.

Foto: AP Photo/David Goldman

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Tiene solo 22 años, pero Sam Ware ya ha estado a punto de morir muchas veces en su Australia natal. Concretamente, en los últimos 12 meses ha sufrido más de 60 sobredosis de opiáceos que han hecho temer por su vida.

Su adicción empezó tres años antes con una visita al dentista. Tenía trabajo estable y una vida alejada de alcohol y drogas, pero tras ser operado de las muelas del juicio, su dentista le recetó unos opioides. Tenía que tomar dos esa noche; tomó cuatro y rápidamente comenzó su descenso a los infiernos.

El joven cada vez necesitaba más porque le hacían sentirse bien, así que empezó a comprarlos y consumirlos sin control: 40, 80, luego 100 pastillas diarias. Una vez que se endureció un poco la facilidad para comprar estos medicamentos en la farmacia, se las ingenió para que distintos médicos se las siguieran recetando.

Han sido tres años muy duros en los que su madre, Deb, ha intentado por todos los medios ayudarle, pero él siempre se ha negado a ir a rehabilitación. Finalmente, tras su última sobredosis, ella le pidió que no volviera a casa y se muestra desesperada tras haber intentado todo. Sam ha perdido a sus amigos, a su familia y la mayoría de sus pertenencias.

La cruzada de Deb también es contra el sistema. Considera que la población tiene demasiada facilidad para poder acceder a unos medicamentos que son muy adictivos y que pueden estropear la vida a cualquiera. Su intención con este reportaje es concienciar a la sociedad de los peligros que hay.