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(FOTOS) Dolorosa despedida a Mara Fernanda, asesinada por un chofer de Cabify

Cientos de personas marchan hoy, domingo 17 de septiembre de 2017, por la Ciudad de México (México). Miles de mexicanas en distintas ciudades marcharon hoy contra los feminicidios tras la conmoción que ha causado el asesinato de la joven Mara Fernanda Castilla, presuntamente violada y estrangulada por el conductor de un Cabify poco después de abordar el vehículo.EFE/Mario Guzmán

(FOTOS) Dolorosa despedida a Mara Fernanda, asesinada por un chofer de Cabify

XALAPA, Ver., septiembre 18 (EL UNIVERSAL).- El viento sopló con fuerza y los cientos de rehiletes multicolores colocados en las tumbas giraron una y mil veces, como la vida misma; era la forma especial en que era recibida Mara Fernanda.

Los rayos de sol se hicieron más intensos, pero la alta temperatura jamás logró calentar los corazones de la familia de la joven universitaria que fue asesinada a manos de un chofer de Cabify en Puebla.

El hoyo en medio del montículo del panteón Bosques del Recuerdo en la ciudad de Xalapa, capital de Veracruz, esperaba los restos de la joven de 19 años, cuya partida rompió el corazón de miles de personas.

Y mientras las hojas de esos rehiletes, colocados en cada una de las tumbas del campo santo, se dejaban acariciar y llevar por el viento; Mara y su familia se dejaban guiar a la última morada de la estudiante de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Decenas de familiares, amigos e incluso desconocidos se unieron para decirle adiós a Mara, la niña y mujer que se convirtió en la hija de todos los que llegaron a decirle adiós.

Karen, su hermana mayor, con el rostro limpio de tanta agua salada que escurría por sus mejillas, cerraba los ojos y de repente sacaba de sus entrañas un gemido hondo que se escuchaba hasta el infinito en medio del silencio sepulcral con que era recibido el ataúd.

Su madre, Gabriela, estoica con lentes oscuros, rostro adusto sólo observaba, ante el silencio constante, como colocaban la caja de madera.

La voz de una mujer rompió con la quietud… “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas…”, rezaba.

Con el Sol en su apogeo, durante media hora rogaron a Dios por el eterno descanso de la joven que abandonó Xalapa para estudiar Ciencias Políticas en Puebla con la esperanza de mejores estudios y una vida próspera lejos de tierras violentas.

En otro tiempo de quietud, se vio quebrado cuando cuatro jóvenes pusieron sus manos sobre los instrumentos musicales y cantaron a Dios.

“Pasando por el valle del llanto / él lo cambia en bendición /crece en el camino su vigor / hasta llegar a Sión / hasta llegar a Sión”, la alabanza comenzó a tocar los corazones.

Sin embargo, todos rompieron en llanto cuando desde las voces surgió una melodía, una imploración a los cielos: “Llévame al cielo oh señor / porque morir es con mucho lo mejor, / es por mucho lo mejor…”.

El dolor contenido salió de lo más profundo del alma, rostros contraídos, lágrimas brotaban cual ríos y dos palabras que no dejaban de repetir mientras acariciaban el féretro: “mi niña, mi niña, mi niña”.

Ver bajar los restos en medio de la tierra fue la peor parte, porque esa escena era el verdadero adiós, el dejar que el cuerpo de Mara se convierta en polvo y su alma vaya al cielo con el viento, ese mismo que hacía girar los rehiletes.

Con su vida y alma rota, la señora Gabriela aún tuvo la bondad de agradecer a todos su presencia, bendecirlos, pero también llamarlos a sumarse a la marcha en honor a su hija.

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