Las fobias que se dispararán tras el confinamiento

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Cuando el coronavirus comenzó a propagarse dinamitó nuestra normalidad generando una reacción de miedo. Miedo a enfermar. Miedo a la muerte. Miedo a la inestabilidad económica. Con el paso de los días ese miedo fue dejando paso a otras emociones y muchos ya han reencontrado un nuevo equilibrio psicológico. Sin embargo, hay quienes se han quedado atrapados en la telaraña que han construido esos miedos, presas de la ansiedad y la angustia.

La ansiedad es la respuesta más común a esta crisis

Muchas personas esperan con ansias el pistoletazo de salida que les permita recuperar la normalidad, pero otras ya están comenzando a experimentar los efectos secundarios de la pandemia y el confinamiento en casa. Se trata de personas más vulnerables psicológicamente que ahora mismo se están preguntando si podrán recuperar algo que se asemeje vagamente a la normalidad que dejaron atrás cuando cerraron las puertas de sus casas.

La ansiedad es la respuesta más común a esta crisis. La Asociación China de Psicología comprobó, tras analizar a casi 18 000 personas expuestas al brote de coronavirus, que el 42,6% de quienes buscaban ayuda sufrían un estado de ansiedad.

Las fobias son un trastorno de ansiedad en el que desarrollamos un temor intenso e irracional hacia una persona cosa o situación, el cual genera una respuesta de evitación. Algunas fobias pueden llegar a ser muy discapacitantes porque no solo provocan un gran malestar, sino que limitan nuestra vida cotidiana.

¿Quiénes son más propensos a desarrollar una fobia?

El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son – Tito Livio [Foto: Getty Creative]

Las fobias pueden desarrollarse a partir de un evento traumático. Cuando nos exponemos a una situación desagradable que genera un estrés extremo, esa experiencia puede quedarse grabada de manera particularmente intensa en nuestro cerebro. Sufrimos lo que se conoce como “condicionamiento por miedo”, de manera que cuando volvamos a exponernos a situaciones similares, reaccionaremos con un miedo excesivo e irracional. Por ejemplo, una persona que haya enfermado de gravedad de Covid-19 podría terminar desarrollando una respuesta fóbica como resultado de esa experiencia traumática.

Sin embargo, las fobias no siempre se desarrollan a partir de un evento puntual. También pueden ser el resultado de miedos que se han ido “cocinando a fuego lento”. El miedo es una respuesta atávica que, cuando no se desactiva racionalmente, termina retroalimentándose, buscando peligros en las sombras y viendo enemigos donde no los hay. De esta forma, un miedo perfectamente racional, como el temor a contraer Covid-19, puede convertirse en un temor irracional a enfermar. Las personas hipocondríacas y con tendencia a la ansiedad serían más propensas a desarrollar una fobia a través de este mecanismo.

No obstante, las probabilidades de desarrollar una fobia también aumentan si uno de los padres ha padecido una fobia, ansiedad generalizada o un trastorno obsesivo-compulsivo. Un metaanálisis realizado en la Universidad de Ámsterdam reveló que las variaciones genéticas entre las personas que padecen fobias pueden explicar un 33 % de las fobias específicas y un 45% de las fobias generales.

3 fobias que pueden aparecer debido al coronavirus y la cuarentena

La agorafobia es un miedo excesivo e irracional a estar en lugares públicos y poco familiares. [Foto: Getty Creative]

1. Agorafobia

A algunas personas les resultará difícil cruzar el umbral de su puerta. Después de varias semanas encerradas en casa, pueden haber desarrollado la percepción de que el mundo fuera es peligroso, de manera que solo se sienten al seguro dentro de esas cuatro paredes. Las personas más ansiosas, miedosas o inseguras pueden tener problemas para salir a la calle y podrían terminar sufriendo agorafobia.

La agorafobia es un miedo excesivo e irracional a estar en lugares públicos y poco familiares. Como resultado, la persona termina evitando aquellas situaciones en las que no se siente segura, como estar en medio de la multitud o en una fila en el supermercado. En algunos casos incluso puede aparecer una antropofobia, un miedo a las relaciones interpersonales derivado del temor de que los demás, ya sean familiares o desconocidos, puedan contagiarle.

La misofobia es un miedo patológico a la suciedad, la contaminación y/o los gérmenes. [Foto: Getty Creative]

2. Misofobia

Con esta pandemia hemos aprendido a lavarnos bien las manos, con frecuencia y de manera meticulosa, como los cirujanos. También hemos aprendido a extremar las medidas de higiene. Sabemos que no podemos tocarnos la cara, que debemos usar mascarillas en los espacios cerrados y que, a ser posible, es mejor usar guantes. Todas esas precauciones, sin embargo, pueden hacer que algunas personas se obsesionen con la higiene.

El hecho de que el enemigo contra el cual luchamos sea invisible, pueda sobrevivir en las superficies y se transmita a través de las gotas respiratorias que viajan por el aire tampoco ayuda, sino que alimenta la misofobia, el término con el que se describe el miedo patológico a la suciedad, la contaminación y/o los gérmenes. Esta fobia incluso podría desembocar en un trastorno obsesivo-compulsivo, en el cual se recrudecen los comportamientos de lavado de manos o desinfección de superficies ya que solo así encontramos un poco de tranquilidad.

La xenofobia es un temor irracional a los extranjeros o desconocidos. [Foto: Getty Creative]

3. Xenofobia

A inicios de la epidemia, el estigma primero se cernió sobre los ciudadanos chinos, que comenzaron a ser objeto de comportamientos discriminatorios o incluso ataques directos. Luego ese estigma se fue extendiendo a las personas de los países más afectados y ahora se manifiesta incluso entre ciudades colindantes que temen que sus vecinos, más afectados por el virus, les contagien.

La xenofobia es un temor irracional a los extranjeros o desconocidos que sienta sus bases en la desconfianza hacia todo aquello que nos resulta ajeno. En estas circunstancias, los que “vengan de fuera” pueden empezar a ser vistos como una fuente de contagio y peligro potencial para las comunidades que ya están “limpias”. Esta reacción, sin embargo, es particularmente peligrosa ya que puede expandirse a nivel social generando respuestas de grupo cohesionadas y violentas hacia todos aquellos que sean catalogados como un peligro.  

Desensibilización sistemática, una técnica para evitar que las fobias se instauren

A cada día le bastan sus temores, y no hay por qué anticipar los de mañana - Charles Péguy [Foto: Getty Creative]

Si entendemos nuestras emociones y reacciones, podremos gestionarlas mejor. Tanto el miedo como la ansiedad son respuestas normales en estas circunstancias. Bien dosificados, incluso pueden motivarnos a protegernos y cuidarnos más. Sin embargo, el límite entre el miedo normal y el patológico a menudo es muy fino y necesitamos asegurarnos de no traspasarlo.

La desensibilización sistemática, una técnica que se usa en psicoterapia para tratar las fobias, puede ser un instrumento valioso para evitar que el miedo alcance un nivel patológico. Consiste en irse exponiendo de manera gradual a la situación temida para que nuestro cerebro comprenda que no representa un peligro y disminuya el nivel de alarma.

Si tenemos miedo a salir a la calle, la clave radica en hacerlo paulatinamente. Primero podemos salir a la esquina y al día siguiente ir un poco más allá, hasta donde nos sintamos cómodos. Lo más importante es mantener el nivel de ansiedad bajo control para que esas exposiciones no se conviertan en eventos traumáticos que refuercen el miedo. Por tanto, debemos esforzarnos para ampliar cada vez más nuestra zona de confort, pero sin llegar al nivel en el cual nuestra ansiedad puede convertirse en angustia o pánico.

También es importante mantener los pensamientos negativos y catastrofistas bajo control ya que estos alimentan los miedos más irracionales. Hablar de lo que sentimos con amigos o familiares puede ser muy útil para aliviar la ansiedad o restar intensidad a nuestros miedos. Y si es preciso, habrá que pedir ayuda psicológica.

Debemos recordar que estamos atravesando una etapa delicada en la que necesitamos seguir protegiéndonos y cuidándonos, pero a la vez debemos ir retomando la normalidad, dentro de los límites que dicta el sentido común y la seguridad. La clave, como en todo en la vida, radica en el equilibrio. Porque como dijera Marie Curie: “nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos”.

 

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