Flores en honor a Ramón Sampedro, primer español en pedir la eutanasia

Agencia EFE
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Santiago de Compostela, 10 ene (EFE).- La playa de As Furnas, en el ayuntamiento coruñés de Porto do Son, ha sido escenario este domingo de la ofrenda floral en honor al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, el primer español en reclamar la eutanasia y que murió de forma voluntaria hace 23 años.

La asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), organizadora del homenaje, en el que varias personas han dando las gracias a aquel pionero lanzando rosas al mar, ha agradecido que el panorama haya cambiado en estas más de dos décadas.

En el momento actual, la proposición de ley de la eutanasia se encuentra ya en el Senado a la espera de que esta Cámara retome la actividad parlamentaria y España se convierta, en unos meses, en el sexto país del mundo en el que esta práctica es legal.

Por esta razón, la organización DMD ha querido querido reivindicar el "compromiso de este hombre" en un aniversario si cabe más "especial" que los anteriores y en el que la contribución de Sampedro a la causa ha de hacerse valer, por lo que hay que "reivindicar más fuerte que nunca".

El 12 de enero de 1998 fue la fecha elegida por el tetrapléjico gallego Ramón Sampedro Cameán para su fallecimiento.

Aquel marino contaba 25 años cuando sufrió un trágico accidente en un acantilado de ese arenal en el que cada año es honrado.

El joven muchacho se lanzó de cabeza al mar. Su espina dorsal, por esa fatal zambullida, se quebró a la altura de la séptima vértebra y, transcurridos tres meses desde esa fractura cervical, supo claramente que lo suyo no tendría remedio y que debía acostumbrarse.

Desde ese momento pidió a todo aquel que conocía que le ayudase a irse.

“Habrá una forma de eutanasia, como sea”, espetaba, y, si nadie se lo facilitaba, urdiría una “maniobra para no imputar a nadie”. Se afanaría en diluir responsabilidades.

Todo el mundo trató de disuadir a Ramón, pero él no transigía tras ver fracasadas sus demandas en los juzgados de A Coruña y Barcelona. Cansado, decidió tomar las riendas, preparó el final con colaboradores y acabó ingiriendo veneno por una pajita.

“He sido obligado a soportar esta situación durante 29 años, cuatro meses y algunos días”, expuso antes de ese sorbo letal. “Solo el tiempo y la evolución de las consciencias decidirán algún día si mi petición era razonable o no”, profetizó.

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