Fiscal de la Corte Penal Internacional visita patrimonio de Tombuctú en Malí

Amaury HAUCHARD
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La fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), la gambiana Fatou Bensouda, recorre silenciosamente la mezquita Djingarey Bey de Tombuctú, Malí, que integra la lista del patrimonio mundial de la UNESCO.

Fatou Bensouda escucha atentamente las explicaciones de los expertos sobre el revoque anual de los muros de esta joya de la arquitectura de Malí.

No se trata de un viaje turístico sino de una misión oficial de la CPI y del Fondo Fiduciario para las Víctimas (FFV) de la CPI, que junto a la UNESCO y el gobierno de Malí, visita un patrimonio restaurado tras haber sido gravemente dañado por los yihadistas en 2012.

En nombre de la lucha contra la "idolatría" el grupo yihadista Ansar Dine, afiliado a Al Qaida, había destruido 14 mausoleos de santos

"¡Para mí, el círculo está cerrado!", exclama Fatou Bensouda, quien no oculta su orgullo, a pocas semanas de dejar el cargo de fiscal, de haber hecho condenar en 2016 al yihadista malí Ahmad Al Faqi Al Mahdi por haber participado en la destrucción de los mausoleos.

Por primera vez, la destrucción de bienes culturales era considerada como un crimen de guerra por la justicia.

Para Bensouda la visita tiene un gusto de victoria y de revancha.

"Cuando comencé a investigar con mis equipos, la gente preguntaba: '¿por qué Bensouda no investiga delitos de sangre, estos son solo edificios?'", recuerda la fiscal.

"¡Pero era muy importante! Teníamos que enviar el mensaje de que la destrucción de los sitios incluidos en la lista de la UNESCO no podía hacerse con impunidad", agrega.

Los antiguos manuscritos de la antigua ciudad santa están a resguardo en el centro Ahmed Baba, donde el joven estudiante Sekou Baba muestra cómo se conservan las hojas amarillentas de un Corán varias veces centenario.

- Trabajo de la CPI no terminó -

De pronto, frente a la sala de archivos N°3 dos soldados dicen asombrados: "¡Pero es Fatou Bensouda!". La fiscal finge que no oyó, pero sus ojos dejan adivinar una sonrisa detrás de la máscarilla obligatoria para luchar contra la pandemia.

La visita se lleva a cabo a un ritmo rápido y bajo la protección de los Cascos Azules de la misión de la ONU en Malí.

La situación sigue siendo volátil en la región debido a las acciones de los yihadistas, de otros grupos armados y de los traficantes.

Tombuctú está gangrenada por las eternas tensiones intercomunitarias, entre las poblaciones negras sedentarias y las árabes nómadas.

El subdirector general de la UNESCO, Xing Qu, que acompaña a Bensouda, destaca que la cultura es un factor de cohesión.

"Su herencia es nuestra herencia, lo que hay en Tombuctú pertenece a la humanidad", le dice Xing a los imanes de las tres grandes mezquitas.

Uno de los imanes le recuerda a Bensouda que otros responsables de la destrucción no fueron perseguidos.

"Al Mahdi fue condenado, pero estaba actuando bajo la responsabilidad de otro, de Iyad Ag Ghaly", dice el imán.

Iyad Ag Ghaly dirigía en el momento de los hechos el grupo Ansar Dine, ahora encabeza la principal nebulosa yihadista afiliada a Al Qaida, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (GSIM).

"Nuestro trabajo en Mali no ha terminado", responde Bensouda.

El 30 de marzo, el FFV entrego un euro simbólico a Malí y la comunidad internacional, mientras prepara otras reparaciones financieras para los descendientes de los santos cuyos mausoleos fueron destruidos.

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