‘First Dates’ hace magia, pero no deja de ser un caso de lo más curioso en nuestra televisión

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Si hay un estandarte dentro de la programación de Cuatro, ese es sin duda First Dates. El programa de citas que capitanea Carlos Sobera es, prácticamente, día a día, el espacio con mejor cuota de pantalla, por encima de la media de la cadena (que durante el pasado mes de abril fue de un 5%). Allí cientos de personas han acudido ya a buscar pareja, con resultados de lo más diversos; hemos presenciado citas desastrosas, en la que los comensales casi se tiran de los pelos. Otras en la que Cupido lanza sus flechas en el primer momento y todo parece un cuento de hadas, incluso encuentros en los que parecía que todo iba de maravilla, pero luego alguien decidía no volver a ver a quien tiene enfrente. Así pues, es un formato lleno de magia, que desborda diversión, pero a la vez, no deja de ser un caso de lo más curioso en nuestra televisión, porque al público solo le gusta su versión más pura, y rechazan cualquier secuela o programa derivado.

Hace unos días ECD desvelaba que Warner, la productora de First Dates, le propuso a Cuatro hacer un nuevo First Dates, en este caso, ambientado en un hotel; algo que ya existe en otras partes del mundo y que funciona bastante bien. La cadena secundaria de Mediaset rechazó la propuesta, y podría parecer una locura, dadas las alegrías que da la First Dates matriz. Sin embargo, solo hay que rascar un poco en la superficie para imaginar las razones de la negativa.

Fotograma de 'First Dates' (MEDIASET)
Fotograma de 'First Dates' (MEDIASET)

En nuestro país, First Dates ha tenido dos secuelas, o programas derivados, o como prefiramos llamarlos. El primero de ellos fue First Dates Crucero, que tuvo una temporada inicial que dio algunas alegrías para la cadena, y fue renovado. Sin embargo, la segunda etapa, que se ha presentado este año, ha sido un chasco de los gordos, y podríamos afirmar sin problema que ese crucero ha naufragado hasta lo más hondo del océano televisivo.

¿Qué pudo fallar? Lo cierto es que la mayor diferencia entre las dos temporadas fue el presentador: Carlos Sobera le pasó el testigo a Jesús Vázquez. Huelga decir que Jesús es un maestro de la televisión, que puede presentar casi lo que le dé la real gana, pero First Dates tiene mucho del ADN de Sobera. Es lo mismo, pero no es igual. Como consecuencia de este cambio (y de que la forma de consumir televisión cambia día sí, día también) ni un solo programa de los que Jesús presentó del crucero alcanzó no ya el millón de espectadores, sino que tampoco rozó los 700.000 seguidores. Una de las entregas quedó hundida por debajo del medio millón, y su cuota de pantalla terminó por debajo de la media de la cadena en las últimas emisiones.

No fue el único invento de First Dates este curso televisivo, como decíamos. En diciembre, de nuevo Jesús Vázquez, que ya había grabado la versión Crucero, se puso al frente de First Dates Café. Mantenía la esencia de la versión nocturna, solo que ambientado en una cafetería, donde los comensales almorzarían y tendría todo un aire más ligero. Se abrió la puerta a nuevos participantes, se podía ir al programa a conocer a un buen amigo y nada más. Tuvo momentos realmente hermosos; como espectador, destaco el día que fue la actriz de cine de terror Lone Fleming, que tiene a su marido ya muy mayor (el director de cine Eugenio Martín, de 96 años) y estaba abierta a nuevas amistades. Con su relato, puso sobre la mesa la soledad de las personas mayores, sobre todo desde la pandemia, y no solo entre solteros o viudos.

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Tampoco cuajó; el programa cerró las puertas de su cafetería el mes de febrero, con una acogida muy discreta. Quizá sea que no está Sobera, o que el tono era diferente, o simplemente, que quien está en la sobremesa frente a la televisión prefiere otros contenidos diferentes a los de la noche. La cuestión es que First Dates Café no cuajó.

Al público le gusta el First Dates de siempre, simple y llanamente. Rechazan el resto, o al menos, no lo siguen con la misma fidelidad. Por esa razón, Cuatro habrá decidido no hacer una nueva secuela ambientada en un hotel; podía ser un arma de doble filo. Porque si se sigue estirando First Dates y tropezando con sus secuelas, el programa matriz podría verse muy afectado, por hartazgo del espectador, y eso es algo que Mediaset no se podría permitir. Es mejor dejar las cosas tal y como están, y que así todos, comensales y espectadores, podamos seguir disfrutando de las magias de sus citas.

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