Finlandia y Suecia: cómo el miedo a Rusia les forzó a abandonar su histórica neutralidad

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La invasión rusa de Ucrania hizo saltar por los aires la neutralidad histórica de Finlandia y Suecia, un principio que les mantuvo al margen de disputas y guerras internacionales durante décadas. Las razones que les llevaron a adoptarlo fueron muy diferentes, pero en los dos casos tienen que ver con Rusia.

Suecia abrazo la neutralidad a principios del siglo XIX tras sufrir una traumática derrota durante las Guerras Napoleónicas, en las que perdió numerosas posesiones, incluida Finlandia, que pasó a formar parte de Rusia.

También fue traumática la invasión de Finlandia por parte de la Unión Soviética en 1939. Aunque las tropas finlandesas lograron detener el avance del Ejército Rojo, Finlandia perdió el 10% del territorio con el que proclamó su independencia en 1917. Pero sus fronteras eran inestables. El gobierno finlandés se alió con la Alemania nazi y terminó pagándolo perdiendo aún más terreno. Tras el final de la II Guerra Mundial, Helsinki aceptó ser un país neutral a cambio de conservar su autonomía política.

La caída del muro de Berlín en 1989 fue el principio del fin del equilibrio buscado por Finlandia y Suecia en sus relaciones con el bloque del Este y con Occidente. En 1995, cuatro años después de la desintegración de la URSS, ingresaban junto a Austria (otro país neutral) en la Unión Europea.

La "neutralidad política" se había roto. No obstante, la "neutralidad militar" seguía vigente. Los ejércitos de Finlandia y Suecia realizaban maniobras periódicamente junto a la OTAN, pero la cuestión del ingreso en esta alianza estaba fuera de lugar: desaparecida la URSS, había una sensación de seguridad en el ambiente...

Sin embargo, la anexión rusa de la península ucraniana de Crimea en 2014 y la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022 hicieron saltar todas las alarmas. Se acusó a Moscú de intentar reescribir el resultado de la Guerra Fría, de querer redibujar los mapas y de perseguir reincorporar en sus fronteras territorios que estuvieron bajo su dominio en el pasado. De una u otra forma, Finlandia y Suecia sentían amenazada su integridad territorial.

De un día para otro, una corriente de opinión claramente favorable al ingreso en la OTAN fue ganando terreno en ambos países. Las encuestas entre la ciudadanía mostraban por vez primera que más de la mitad de la población quería el escudo protector de la Alianza Atlántica.

Los gobiernos sondearon a los partidos políticos y el apoyo fue casi unánime. Sus parlamentos ratificaron sin problemas la decisión de solicitar la adhesión a un bloque militar que garantiza su protección en caso de ataque de un tercer país.

Una vez resueltos rápidamente los trámites legales, Estocolmo y Helsinki presentaron conjuntamente su solicitud de adhesión a la Alianza Atlántica el 18 de mayo de 2022. La decisión fue acogida con satisfacción por todos los miembros, excepto Turquía, que les reprocha -especialmente a Suecia- la acogida dispensada a los activistas kurdos del PKK. Era la última piedra de un largo camino en busca de seguridad que durante siglos han recorrido bajo la oscura sombra del gigante ruso.

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