Ficciones sobre temas difíciles: cómo hablar con los chicos de enfermedades, de abusos y de la muerte

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"Hay secretos chiquitos/ que te invitan a jugar/ y hay secretos tan enormes/ que te vienen a asustar/ Hay secretos livianitos/ que te llevan a volar/ y hay secretos tan pesados/ que no dejan respirar/ No se tienen que guardar/ los secretos que hacen mal". Así, de manera bien directa, empieza el libro Hay secretos, de la serie Canticuénticos en papel, que alerta sobre el abuso infantil y el silencio alrededor del tema. Sola en el bosque, de Magela Demarco, cuenta una historia de abuso sexual en una familia. "Cuando todos se van a trabajar, la casa se transforma en un bosque oscuro y peligroso". La protagonista es una nena y el lobo al que tanto teme no es de ficción: es un adulto con el que convive.

Estos son apenas dos ejemplos de libros para chicos y chicas de edición reciente que abordan cuestiones delicadas a través de cuentos e ilustraciones, como hizo la española Elvira Sastre en su primer título infantil, A los perros buenos no les pasan cosas malas (Baobab)., con un poema dedicado a la muerte de su querido perro Tango.

El lobo feroz en casa

Como publicó LA NACION el 21 de septiembre, en la Argentina hay, cada hora, diez partos de chicas que tienen entre 10 y 19 años. Según estadísticas oficiales, el 70 por ciento de esos embarazos fueron causados por violaciones o relaciones sexuales impuestas y sin protección. Además de los manuales de educación sexual y de los libros informativos sobre el tema dirigidos al público infantil, en los últimos meses se publicaron varios títulos literarios que cuentan historias de abuso, con sutileza y recursos de la ficción. Todos alientan a romper el silencio y a contar lo que pasa, por más doloroso que sea.

En Sola en el bosque (La Brujita de Papel), Demarco y la ilustradora Caru Grossi recurren al cambio de color en las escenas para mostrar, primero, la oscuridad en la que vive la niña y, luego, cómo se ilumina su vida cuando logra hablar sobre el lobo y sus amenazas. En varios clásicos de la literatura infantil, el lobo representa el peligro. La diferencia con cuentos como "Caperucita Roja" es que el lobo se esconde en el hogar familiar. "En gran medida, las situaciones de abuso ocurren en la infancia. Y desde nuestra temprana infancia reconocemos al lobo de "Caperucita", al de "Los tres chanchitos" o al de "El pastorcito mentiroso" como una figura asociada al peligro. Tanto el lobo como el bosque oscuro y tenebroso del cuento fueron las primeras imágenes que se me aparecieron en el momento de empezar a escribir la historia. Luego de publicado el libro, algunas víctimas de abuso se contactaron para decirme que veían las mismas imágenes al describir por lo que habían pasado", contó Demarco a LA NACION.

La autora de otros libros para chicos como Un papá con delantal y Mi amigo el mar resalta que si bien Sola en el bosque está recomendado para lectores desde los 6 años, la historia se puede compartir también con los más pequeños. "La figura del lobo permite que se queden con el personaje del animal o den un paso más y lo puedan asociar con alguna persona. Según la edad y las vivencias van a quedarse con uno o con otro sentido", agregó.

Narrado en primera persona, desde la perspectiva de la nena abusada, el libro trae un código QR en la contratapa para descargar guías dirigidas a adultos con recomendaciones sobre cómo abordar el problema en casa, ya que, como sucede en el relato, el abuso suele mantenerse oculto: "Cuando todos vuelven, cada tarde, el bosque se desvanece. Y el lobo se disfraza. Esconde los colmillos y las garras y se vuelve a meter en su cueva. No sin antes decirme por lo bajo: 'Hasta mañana, ovejita'."

La trama tiene un momento clave: es cuando la protagonista se anima a contar lo que padece, cuando logra decir basta de bosques tenebrosos, basta de lobos. "Poder poner en palabras lo que le está pasando, poder hablar es el primer paso para comenzar a sanar -continúa Demarco-. Como el abuso te marca para toda la vida, con la ilustradora quisimos ayudar a que deje de ser tabú, de estar silenciado y escondido, y por eso surge esta historia, con esos dibujos que dicen tanto. Dicen incluso lo que las palabras no pueden llegar a decir: lo que les pasa a tantas niñas y niños que no pueden poner en palabras su sufrimiento y padecen en silencio".

La decisión de abordar el abuso en una ficción surge de una experiencia propia. "Todo lo que escribo tiene que ver con mis vivencias y con los temas que me enojan y movilizan. El abuso sexual infantil nos convocaba de manera particular a mí y a Caru porque las dos lo sufrimos en la infancia y en la preadolescencia", dijo Demarco.

Publicado en marzo de este año, cuando ya se había decretado la cuarentena, el libro circula entre docentes y especialistas en infancia. "Nos contactan psicopedagogas y psicólogas para agradecernos la herramienta que les sirve para trabajar en las consultas. También, maestras, que nos dicen que si bien las guías de Educación Sexual Integral (ESI) tienen muy buena información, Sola en el bosque es el puente que necesitaban para hablar sobre el tema con los y las alumnas", completa la autora.

Romper el silencio

Hay silencios, con textos de Ruth Hillar e ilustraciones en collage de Estrellita Caracol, nació a partir de la canción homónima del grupo Canticuénticos y fue llevada al libro por la banda santafecina y la editorial Gerbera. "Si no alcanzan las palabras/ para lo que hay que contar/ inventemos otro idioma/ siempre te voy a escuchar/ Acá estoy/ quiero ayudarte/ Sé que decís la verdad/ Ya no habrá que/ andar con miedo/ porque te voy a cuidar", dice la letra, que tiene una versión animada que puede verse en YouTube y muchos docentes incluyeron en las clases de ESI en escuelas primarias.

En Los fantasmas tienen buena letra (Loqueleo), María Fernanda Heredia también aborda el abuso en la infancia con el recurso de la metáfora y desde la mirada de una niña que guarda palabras en una caja. Dirigido a lectores desde los 8 años, el libro está dedicado "a todas las niñas que luchan contra los monstruos" y tiene ilustraciones de Roger Ycaza. "Utilicé todos los recursos que ofrece la literatura para contar el horror. La metáfora es un arma muy poderosa", dijo la escritora ecuatoriana a LA NACION en 2018, cuando presentó el título en Buenos Aires."La única manera de acabar con esos secretos dolorosos es hablando de ellos e impidiendo que se queden a vivir en nuestro corazón", agregó. Y es lo que hace Manuela, la protagonista de 9 años: ayudar a su amiga a hablar sobre la situación que la perturba.

Otro libro que utilizan los docentes es El corazón de Marión, de Mariela Kogan (también publicado por Gerbera), que plantea caminos posibles para acercarse a algunas personas muy cerradas. "Una maestra jardinera me contó que, después de leer el libro, una nena dijo: 'Mi papá durante el día es bueno, pero a la noche es malo, viene a mi cama y me hace cosas feas'. Es un caso real que fue denunciado a la justicia", contó la editora Fabiana Nolla Portillo.

Sobre miedos y maltratos

El abuso y el esfuerzo por mantenerlo oculto, en general bajo amenazas, generan pánico en las víctimas que se vuelven temerosas e introspectivas, entre otras consecuencias. En Yo y mi miedo (Capicúa), la italiana Francesca Sanna narra con textos breves y dibujos la historia de una nena que tiene una amiga que siempre la acompaña: se llama Miedo. Si bien los lectores podrán sentirse identificados con toda clase de miedos, en este caso el miedo de la protagonista crece cuando se muda de país junto a su familia. El personaje Miedo la hace sentir mal en la escuela, con sus nuevos compañeros, en el barrio y hasta en los sueños. "Cada día me siento más sola. Miedo dice que es porque nadie me quiere", piensa la chica que recién empieza a sentirse acompañada cuando se le acerca un chico y descubre que él también carga con un miedo propio.

El acoso escolar aparece en la trama de la novela Olga de papel. El viaje extraordinario, de Elisabetta Gnone (Duomo Ediciones), que está inspirada en casos reales que sucedieron en Italia. Protagonizada por una chica que relata cuentos para hacer sentir bien a los demás y ayudar a la gente a superar sus tristezas y miedos, cualquier lector (grande, chico o mediano) se sentirá identificado con la historia. Otros dos títulos de la misma serie se meten también con cuestiones delicadas como el miedo a abandonar la infancia (Olga de papel. Misteriosa) y a la muerte, (Olga de papel. Jum hecho de oscuridad).

En tiempos de pandemia, hablar sobre enfermedades graves y sobre la muerte se vuelve necesario. Narrado por una nena, en ¿Dónde está la abuela?, de Fernando Aguzzoli y María Lavezzi (Quipu), la protagonista no entiende por qué esa mañana desapareció la abuela, que vive con su familia en la misma casa. La busca por todos lados, desconcertada. Cuando le pregunta al padre, de camino a la escuela, el hombre no sabe cómo decirle que la abuela ha muerto. Junto con sus compañeros de clase, imaginan distintas situaciones para explicar la ausencia: "se fue de viaje", "se quedó dormida", "se convirtió en una estrella". Todo la confunde más. Recién cuando la madre le habla sobre la muerte, la nena entiende la situación y se pone triste. "Cuando alguien muere y la gente está triste, eso significa que amaban mucho, mucho a esa persona", la consuela la mamá. Al otro día, cuando los demás chicos le preguntan dónde está la abuela, la nena les dice muy segura: "Estará siempre en mi corazón".

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