El fiasco histórico de socialistas y republicanos en Francia manda un aviso preocupante a Europa

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El 22 de abril del 2012 François Hollande se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas (28,6%), mientras que Nicolas Sarkozy quedó en segunda posición a escasa distancia (27,1%). Ambos candidatos representaban a los dos grandes partidos históricos del país, socialistas y republicanos, que se habían repartido el poder durante décadas y sumaron en esta ocasión un 55% de los votos.

Han pasado apenas 10 años, un periodo que no es muy largo, pero que en política puede resultar eterno. Y la escena ha cambiado de manera radical, tal y como han mostrado las urnas este 10 de abril. Los otrora partidos dominantes, sobre los que se ha asentado la democracia francesa tras la II Guerra Mundial, han desaparecido completamente del mapa.

Valérie Pécresse y Anne Hidalgo muestran su decepción tras los resultados (Getty).
Valérie Pécresse y Anne Hidalgo muestran su decepción tras los resultados (Getty).

Ya no es solo que no consigan meterse en la segunda vuelta, tal y como ocurrió en 2017, es que ni siquiera son alternativa de nada porque sus resultados son mediocres. La republicana Valérie Pécresse ha obtenido un 4,8% de los votos (1,6 millones de papeletas), mientras que la socialista Anne Hidalgo ha logrado un 1,7% y 600.000 sufragios. La suma de ambas se queda en el 6,5%, lo que habría supuesto la quinta posición en los comicios.

Se trata de un fracaso histórico de ambas formaciones que deja a las dos en una situación crítica y con verdadero riesgo de refundación o desaparición a corto plazo, reflejando perfectamente el cambio político que se ha producido en Francia en una sola década.

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Por ponerlo en contexto es como si en España el PP y el PSOE pasaran en apenas dos legislaturas de estar luchando por el Gobierno a desaparecer de la preferencia de los votantes, mostrando así la desafección social con ambas formaciones.

Más allá de los muchos errores cometidos por republicanos y socialistas en los últimos años, entre los que se pueden destacar los casos de corrupción o la pobre gestión cuando han tenido que gobernar, lo cierto es que la política francesa manda un mensaje contundente al resto de Europa.

El auge de formaciones y candidatos que abogan por ir en contra del establishment tradicional y que presumen de su euroescepticismo no es una buena noticia para el futuro de la Unión.

En un momento muy importante, con la guerra de Ucrania como telón de fondo, en el que se debe mostrar unidad, tanto Le Pen como Zemmour o Mélenchon han expresado sus dudas sobre el proyecto comunitario.

Marine Le Pen es la alternativa a Macron. (Photo by Rit Heize/Xinhua via Getty Images)
Marine Le Pen es la alternativa a Macron. (Photo by Rit Heize/Xinhua via Getty Images)

No es baladí porque los tres se encuentran entre los cuatro más votados en los comicios, lo que abre una grieta en Francia. Aunque es cierto que estas elecciones no se situaban en clave europeísta, sí que lo es que el proyecto comunitario resulta debilitado con estos resultados, con únicamente con Emmanuel Macron como gran defensor de él.

Las elecciones también han certificado que el cambio electoral que ya se vislumbraba en 2017 es una realidad. Entonces los malos resultados de los dos partidos tradicionales (26% entre ambos en primera vuelta) se interpretaba como un voto de castigo. Una situación temporal de la que socialistas y republicanos saldrían y recuperarían su fuerza.

Sin embargo, este 2022 lo que ha hecho es agravar más la herida y mostrar que los dos partidos no solo han perdido el apoyo mayoritario de la población, sino que además sus bases electorales también han desaparecido.

Así pues, el futuro se presenta bastante sombrío. De momento habrá que esperar hasta el 24 de abril para conocer si es Macron el que revalida el cargo o la extrema derecha llega finalmente al poder de la mano de Marine Le Pen. De lo que no hay duda es de que su entorno político ha cambiado de manera radical y podría extenderse por el resto del continente. Será únicamente el tiempo el que terminará poniendo las cosas en su sitio.

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