Estúpido error de interpretación lleva a adolescentes a remojar los testículos en salsa de soja

Salsa de soja, ideal para sushi, ramen y otras comidas asiáticas, peo no para baños testiculares. (Imagen creative commons vista en Pixabay).


Cuando éramos niños pasábamos el rato jugando a todo tipo de cosas. Un juego particularmente divertido era el de los susurros en cadena, también llamado el juego del teléfono roto. Nos desternillábamos viendo como el mensaje original se iba desvirtuando, cada vez que cambiaba de interlocutor en la larga cadena de “susurrantes”, para acabar siendo otra cosa totalmente distinta cuando el último de la fila decía en voz alta lo que creía haber entendido. En algunas ocasiones el mensaje final apenas tenía que ver con el inicial.

Bien, pues este juego parece seguir practicándose de forma intensiva a día de hoy en internet. Y prueba de ello es que un trabajo científico publicado en 2013, que tenía que ver con la fertilidad masculina en ratones, ha dado lugar siete años más tarde a un reto viral en una red social que lleva a algunos muchachos (desinformados por la cadena de susurros) a empapar sus testículos en salsa de soja.

¿Cómo se ha podido llegar a algo así? Os preguntaréis. La respuesta es: gracias a la inestimable ayuda de un tabloide británico, el popular Daily Mayl, sin duda un medio fantástico para informarse sobre cotilleos de famosos, pero una mala idea si lo que se buscan son noticias científicas rigurosas.

Todo comenzó como os digo en 2013 con un trabajo sobre el papel de los receptores del sabor en la fertilidad de los ratones macho publicado originalmente en PNAS. El título de este trabajo era: “La pérdida genética o el bloqueo de los genes del gusto expresados en los testículos, causa esterilidad masculina”.

Básicamente el trabajo trataba sobre un descubrimiento que tuvo lugar a lo largo de la primera década de este siglo, que había revelado la presencia de receptores del gusto y del olfato diseminados por el cuerpo, en lugares que distaban mucho de la ubicación de las papilas gustativas.  

Pero una cosa son eso, las papilas gustativas, que consisten en agrupaciones de células receptoras del gusto presentes en nuestras bocas y esófago superior, que envían al cerebro las señales que nos permiten percibir los sabores, y otra cosa son esas otras células receptoras (dotadas de la capacidad única de detectar los cinco sabores básicos) que hay dispersas por todo el cuerpo humano. Se he encontrado a estas últimas en lugares tales como el sistema digestivo, el sistema respiratorio, y sí, efectivamente, en los testículos.

Bien, pues el citado trabajo publicado en PNAS en 2013 explicaba que de algún modo, los genes relacionados con el sentido del gusto en los ratones macho, concretamente dos genes encargados de fabricar dos proteínas implicadas en la percepción de los sabores dulce y umami, jugaban también un papel esencial en la producción de espermatozoides saludables.

Los científicos responsables del estudio descubrieron que anulando estos dos genes, los ratones macho eran incapaces de reproducirse, puesto que sus espermatozoides presentaban malformaciones severas. La noticia era ciertamente curiosa, pero nada tenía que ver con papilas gustativas en los testículos de los ratones, sino simplemente con los genes receptores del sabor presentes en los espermatozoides.

De algún modo, la capacidad de reconocer sabores y la fertilidad masculina en ratones estaban relacionadas genéticamente. Eso era lo que la ciencia decía. Ahora veamos el tratamiento que hizo de esta noticia el tabloide británico Daily Mail. El titular ciertamente era todo un poema: “Los testículos tienen papilas gustativas que pueden detectar sabores dulces, y son vitales para la fertilidad.

Captura de la noticia tal y como la publicó el Daily Mail en su edición web en 2013.

¿Veis a donde quiero ir a parar? Los investigadores responsables del trabajo publicado en PNAS jamás dijeron nada que implicase que un ser humano pudiera emplear sus testículos para paladear una salsa de soja o una mermelada de frambuesa. Aún así, muchos usuarios jóvenes de la red social Tik Tok, utilizada principalmente por adolescentes para realizar, editar y publicar videos de hasta 60 segundos de duración, se lanzaron a subir vídeos “de gónadas remojadas” y a emitir opiniones sobre la experiencia.

De hecho algunos chavales llegaron a afirmar que en efecto, sentían los sabores haciendo semejante barbaridad. Obviamente no es así, simplemente los aromas del ungüento ascienden por los aires y llegan a las papilas gustativas a través del olfato.  

Pensaréis, ¡menos mal que en España nos informamos directamente a través de los medios científicos y no de los tabloides! ¿Verdad? Bueno, si pensáis eso es que no leísteis lo que en su día se publicó en la web de Antena 3.

En fin, si queréis saber más sobre la verdadera ciencia que hay detrás de esta noticia, podéis leer un magnífico (y riguroso) artículo publicado en su día en Investigación y Ciencia.

Me enteré leyendo Science Alert.

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