Lo que ‘El bueno, el feo y el malo’ nos muestra sobre los cambios en el paisaje causados por el hombre

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<span class="caption">Escena de _El bueno, el feo y el malo_ de Sergio Leone rodada en un paraje de Burgos en 1966.</span> <span class="attribution"><span class="source">Produzioni Europee Associati (PEA), Arturo González P. C., Constantin Film</span></span>
Escena de _El bueno, el feo y el malo_ de Sergio Leone rodada en un paraje de Burgos en 1966. Produzioni Europee Associati (PEA), Arturo González P. C., Constantin Film

El duelo final del cementerio de Sad Hill de la película El bueno, el feo y el malo no se rodó en el oeste de Estados Unidos, sino en Burgos (España). Pero los escenarios por los que Clint Eastwood paseaba en este clásico del wéstern han cambiado desde los años 60. Analizar los fotogramas de esta y otras superproducciones de Hollywood nos permite, desde el sofá de casa, apreciar la magnitud de la imponente y gradual revolución del paisaje que estamos viviendo.

El fin de la última era glacial posibilitó la aparición de dos actividades clave para el posterior desarrollo de la humanidad: la agricultura y la ganadería. Pasamos de ser nómadas a sedentarios. Este cambio radical del modo de vida, conocido como la Revolución Neolítica, influyó, y aún afecta, a todas las facetas de la vida: desde la organización social, la dieta, la selección de especies, hasta el paisaje.

La arqueología muestra que, ya en el sexto milenio antes de nuestra era, y procedente del este del Mediterráneo, la agricultura y el pastoralismo neolítico se habían asentado en la península ibérica modificando sustancialmente la configuración del paisaje.

Diez milenios después de la revolución neolítica y consecuencia del desarrollo socioeconómico de las sociedades desarrolladas, estamos asistiendo de forma imparable al abandono de los usos agrarios tradicionales.

La actual revolución del paisaje

Casi imperceptiblemente, somos testigos día a día de una nueva revolución en el paisaje: la recuperación natural y colonización espontánea del bosque, que recobra paulatinamente espacios que el hombre antaño le arrebatara.

Las fuentes para documentar los cambios en el paisaje son muy variadas: la documentación escrita, las imágenes (cuadros y fotografías), el análisis de polen almacenado en el suelo (la paleobotánica), el análisis de los anillos de crecimiento de los troncos (la dendrocronología), la cartografía histórica y los inventarios, la arqueología y la cinematografía.

En España el abandono del mundo rural comienza a ser patente en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX, momento en el que el séptimo arte traslada a numerosos espacios naturales españoles sus cámaras y a las más afamadas estrellas del séptimo arte.

Películas que reflejan el cambio

La llegada del cine en color en los años cincuenta del siglo XX trajo consigo la posibilidad de realizar filmaciones en espacios abiertos. El desarrollo tecnológico de la óptica y tecnología de grabación abrió la puerta a esta nueva forma de entender el cine.

La industria del cine, con Hollywood en destacada cabeza, precisaba grandes y bellos espacios abiertos para convertirlos en escenarios de grabación. Además de amplios paisajes, se necesitaban grandes cantidades de actores figurantes para las superproducciones, estabilidad política, ausencia de conflictividad laboral y sindical, bajos costes salariales y apoyo institucional. Todo esto lo brindaba la España de los cincuenta y sesenta.

La lista de grandes superproducciones en las que poder apreciar cómo fue el paisaje natural de la época es sorprendente: El Cid (1961), Rey de reyes (1961), La caída el Imperio romano (1964), Doctor Zhivago (1965), El Bueno, el feo y el malo (1966), etc.

Nos centraremos en La caída del Imperio romano como muestra de la modificación del paisaje en las montañas del Sistema Central y en El bueno el feo y el malo para el Sistema Ibérico.

El antes y el después

Probablemente las escenas más espectaculares de La caída del Imperio romano son las que representan las batallas Armenia. Fueron rodadas en La Pedriza madrileña (Parque Nacional Sierra de Guadarrama). Anthony Mann seleccionó este espacio como escenario de paisajes desérticos.

La comparación de las escenas de la película con las fotografías actuales y de los años setenta, una década después de las grabaciones, muestra la magnitud del cambio del paisaje natural. Cabe resaltar que en los mismos parajes se rodaron también escenas de El Cid, Rey de reyes y numerosas películas del oeste.

Probablemente más llamativa sea la modificación del paisaje apreciable en El bueno, el feo y el malo de Sergio Leone. En concreto, en las escenas que recrean el frente de batalla de la Guerra de Secesión estadounidense y el duelo final del cementerio de Sad Hill.

La excepcional labor de recuperación de los escenarios y decorados de la película realizada por la asociación Desenterrando Sad Hill permite situar perfectamente los lugares de filmación y comparar el paisaje actual con el de los años sesenta.

El bosque crece, y los incendios con él

En España y en los países mediterráneos europeos el bosque y la vegetación arbustiva recuperan terrenos antes cultivados y pastoreados: esto es lo que se conoce como lignificación del paisaje.

La consecuencia más patente es la acumulación de biomasa leñosa en los montes: el bosque crece y se expande. Y con ello, aumenta la ocurrencia de incendios forestales de dimensiones e intensidades descomunales, hasta ahora prácticamente desconocidas en la selvicultura española.

Se hace necesario adaptar la gestión forestal al cambio de paradigma marcado por novedosos condicionantes. Entre otros, y por su relación con este artículo, destacan:

La importancia de gestionar el bosque

La concentración de población en grandes núcleos urbanos es una realidad a nivel mundial. Una de las muchas implicaciones ambientales de este fenómeno es el creciente posicionamiento urbano hacia los bosques como espacios idílicos en los que la mejor opción de gestión es la no intervención.

La tala de árboles es vista con demasiada frecuencia directamente como un atentado ambiental –que lo puede ser–, pero demasiado frecuentemente se ignora taxativamente si esta corta es un tratamiento selvícola que puede permitir mejorar el crecimiento del resto del bosque y así posibilitar una mejor adaptación al cambio climático, si mejora la estructura del bosque de cara a la prevención de incendios o si, simplemente, el valor de su madera contribuye al desarrollo socioeconómico de las comarcas rurales en las que se encuentran esos bosques.

También se olvida que la mayoría de bosques españoles fueron ya aprovechados y gestionados, desde antaño, por nuestros mayores. Es necesario dar a conocer los principios básicos de la gestión forestal sostenible evitando lo que acertadamente se ha llegado a llamar bulos sobre los bosques que lastran el futuro del planeta.

La expansión natural del bosque en España, la lignificación del paisaje consecuencia del abandono del sistema agrario tradicional, está claramente documentada y aceptada en los ámbitos académicos y científicos.

Por el contrario, numerosos estudios sociológicos muestran que una gran parte de la sociedad sabe que sus mayores tuvieron que abandonar su pueblo para emigrar a la ciudad, pero no es consciente de cómo aprovechaban los recursos naturales y que en las últimas décadas el bosque en España ha incrementado su superficie en más de un treinta por ciento. Hollywood nos puede ayudar a percibir la magnitud del cambio que estamos viviendo: la mayor revolución del paisaje desde el neolítico.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

José A. Reque Kilchenmann no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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