Fatima Hamed Hossain: “Incluso entre la izquierda chocaba que existieran personas como yo en política”

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Fatima Hamed Hossain, en la Asamblea de Ceuta.

Un aspecto que ayuda a definir a Fatima Hamed Hossain (Ceuta, 1978) es que admite que era "una empollona” y que se presentaba en clase a delegada para echar una mano a los demás. Otro es que afirma que de sus padres aprendió a no prejuzgar a nadie, una visión que intenta proyectar pero que no siempre recibe de la misma forma a cambio. De la suma de ambas piezas y de algunas más aparece esta abogada de titulación, política de profesión por MDyC (Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía), hija de padres marroquíes, española, musulmana practicante y con un velo visible. Empezó a ser reconocida públicamente fuera de la política local a raíz de sus intervenciones virales frente a los diputados de Vox en el parlamento ceutí.

La descubrí tras este salto a la palestra pública y me topé con una persona que, como otras tantas, habla de lo que se espera de ella por su identidad, de lo que se asume y de lo que realmente es. Es tan constante que en su perfil de Twitter tiene fijada la siguiente advertencia: “Si crees que soy menos española por mis apellidos o mi forma de vestir, háztelo mirar”. Con ella charlamos por videollamada para nuestro proyecto de ‘España no es (solo) blanca’ sobre sus identidades, los sonados enfrentamientos con Vox, de su vida creciendo en la diversidad racial y religiosa de Ceuta y de los retos que le quedan por delante.

Quienes te conocen lo hacen por tu papel como política en Ceuta, la ciudad en la que naciste. Pero antes de llegar a eso, cuéntame: ¿Cómo ha sido crecer allí?

Mi infancia se puede calificar dentro de lo que cabe como normal, en una familia humilde con recursos limitados. Soy hija única y crecí en una zona de la ciudad con muchísimas carencias, con mucha falta de recursos en todos los ámbitos y en todos los sentidos. Y es más, ahora, cuando voy al barrio, sigo viendo que muchas de esas carencias aún no están cubiertas, y eso me frustra mucho. Desde muy pequeña mis padres me inculcaron la importancia de tener una formación. De estudiar para avanzar, para poder tener unas oportunidades mejores que las que tuvieron mis padres, que fueron escasas o nulas. Y crecí también preguntándome qué eran eso de los representantes políticos, porque teníamos infinidad de problemas, necesidades y por ahí no aparecía nunca nadie para decir: "¿Oye, necesitáis algo? ¿Estáis bien?" Desgraciadamente se sigue viendo porque lleva alrededor de 20 años mal gobernando el PP, con políticas que no se hacen mirando a los colectivos más desfavorecidos.

Has comentado que tus padres te inculcaron la formación. Pero una cosa es lo que te inculcan y otra lo que terminas haciendo. ¿Qué camino elegiste?

Sí sí, siempre he sido una niña empollona, pero no repelente. También te diré una cosa, cuando llegué al instituto si estudiaba me daban una beca con una cuantía económica que a mi familia le venía genial, así que tenía que aprobar sí o sí para que me dieran la beca y poder continuar. Entonces lo ves un poquito también como supervivencia. En los tiempos en los que crecí en mi barrio había personas enganchadas a las drogas, familias desestructuradas… y sabía que para intentar echar un cable tenías que posicionarte y avanzar. Estudiaba y era la que se presentaba a delegada de la clase.

En Ceuta has crecido en un entorno donde se cruzan poblaciones de diversas nacionalidades y religiones. Desde la perspectiva de una mujer musulmana, hija de migrantes y nacida en Ceuta, ¿Cómo lo viviste?

Ceuta podría ser ejemplo para el resto de la península o incluso al resto del mundo, porque aquí hay personas de diferentes culturas, que conviven en la mayoría de los casos o por lo menos coexisten respetuosamente. Pero vemos que a nivel nacional la ultraderecha no para de lanzar mensajes asustando, pretendiendo implicarte en cuestiones con las que no tienes nada que ver. Por ejemplo, el asociar nacionalidad a la religión, el decirte que vayas a solucionar los problemas de Afganistán como si supiéramos algo de eso. Lo malo no es que lo digan, lo malo es que hay gente que les compra el discurso, que interioriza esos mensajes. Esto es lo grave.

Según tu perfil eres abogada, graduada por la UNED. ¿Qué te hizo decantarte por esta especialidad?

Siempre una persona muy idealista, muy de intentar ponerle freno a las injusticias. Creo que en esa utopía que nos sirve a todos para elegir el rumbo por el que tirar, me terminé decantando por hacer derecho, y he de decir que mi profesión me encanta. Tengo una relación estupenda con mis compañeros y compañeras de profesión, con la Administración de Justicia. Nunca he tenido ni el más mínimo problema a la hora de ejercer o de representar a mis clientes. Lo que me movió es esa inquietud utópica de luchar contra las injusticias. Me da igual echar todas las horas que tenga que echar si veo que algo es injusto y hay que buscarle una forma para que prospere de todos modos. Evidentemente luego una va descubriendo que una cosa es que algo sea justo o injusto y otra cosa son las cuestiones que son legales o no.

¿Y por qué lo cursaste a distancia por la UNED? ¿Fue una elección personal?

En mi último año de bachiller enfermaron mis padres y me di cuenta de que no podía dejarles solos e irme a estudiar a cualquier otra facultad en la península. Entonces como la UNED me ofrecía el curso en mi misma ciudad, terminé optando por ello. Al principio me llevé un susto bestial, porque te dicen que el temario del que te examinas es de tal tema a este otro, aquí tiene usted el libro y empiece a masticar. Teníamos tutorías con grandes profesionales del derecho de mi ciudad, que servían para aclarar algunas dudas, pero el resto del tiempo era a pico y pala en la biblioteca y en casa. Terminé la carrera con unas ojeras terroríficas, pero aguanté.

Y sin embargo, apenas estuviste en el mundo del derecho y te pasaste a la política. ¿Cómo se produce esa transición para llegar a este punto en el que estás ahora?

Empecé por afinidad con un partido localista que se llamaba UDCE (Unión Demócrata Ceutí) con el que me sentía muy identificada por las personas que estaban ahí. Nos unía el querer luchar contra las desigualdades sociales. Cada vez que había una mesa redonda o de debate estaba y no podía contenerme en expresar lo que pensaba. Me ofrecieron ir en las listas de UDCE, luego este partido se fusionó con otro que llevaron a cambios que no compartía. Estuve un año como concejal no adscrita hasta llegar al partido en el que estoy ahora, MDyC (Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía).

Desde entonces llevas ya varios años en la política, pero quiero saber si es un mundo que te gusta o no.

Por desgracia me apasiona. Yo tengo muy claro que uno llega a la política Para aportar todo lo que puede y mejorar la sociedad. Pero igual que he llegado, tengo claro que me voy a ir y me gustaría que el tiempo que esté sea un tiempo en el que pueda aportar todo lo posible, en el que pueda luchar contra todo lo que nos parece que no es justo y que se está haciendo mal. Llega un momento en el que esto es adictivo y te engancha, un enganche que es de por vida. Ya no sabes vivir sin política, aunque sea desde fuera.

Tu salto al escenario nacional llegó por los vídeos virales de tus enfrentamientos contra VOX en la Asamblea de Ceuta. ¿Cómo has vivido ese proceso que al final te ha puesto como foco de algunos ataques?

A mí no me importan los ataques a saco si sirven para allanar un poquito el camino a los que vienen después. Si se lo encuentran un pelín más fácil, no me importa lo más mínimo. Y luego nuestra manera de debatir y enfrentar a estos fascistas es intentar contestarles siempre con argumentos. No soy partidaria de guardar silencio cuando la ultraderecha de Vox nos ataca. Sé cuál es su modus operandi, que siguen su manual, que pasa por vender su libro y decir las cuatro barbaridades que tienen que decir. Pero pienso que el silencio es tremendamente perjudicial. En el momento en que tú representas a toda la población, tienes que dar voz a lo que piensa mucha gente, decirles que se están equivocando y que sus argumentos son absolutamente falsos, estériles e inventados.

Por ahora no has tenido la experiencia de gobernar, siempre has estado en la oposición. Aún así, ¿crees que hay opciones de hacer políticas públicas dirigidas a la población migrante y racializada? Es decir, ¿hay margen para llevar a cabo políticas antirracistas?

A nivel nacional hay mucho margen, mucho por hacer y aún no se ha llegado a conocer la realidad. O bien no se es consciente del grave daño que nos está suponiendo a todos el hecho de que la ultraderecha esté sentada en el Congreso en representación de muchísima gente, o bien no se es consciente de eso, porque sino, no me entra en mi cabeza que no se haya apostado especialmente por parte de un gobierno de izquierdas, como el que tenemos, por hacer más políticas en contra del odio. Ya ni siquiera voy a entrar en políticas a favor de personas migrantes o racializadas. Simplemente unas políticas encaminadas a luchar contra los mensajes de odio que son intolerables, que no puede ser que tengamos que estar acudiendo a la vía judicial cada vez para hacerle frente. Hay que trabajarlo desde un punto de vista educativo y luchar contra ello desde diferentes perspectivas. También hay que visibilizar un Congreso de los Diputados más plural. Hasta hace poco, incluso entre la gente de izquierda chocaba que existieran personas como yo en la política.

Por tu identidad de género, racial y religiosa, has acabado posicionándote habitualmente contra racismo y el machismo. Incluso hay quien ve con sorpresa que una mujer musulmana haga estas intervenciones. ¿Cómo te sientes en ese papel?

Lo veo como lo más normal del mundo. Mi forma de entender las cosas es que estoy ante personas con una mentalidad bestialmente retrógrada, infinitamente machistas y que consideran a la mujer como un ser inferior, no solo por ser musulmanas. Lo que estoy haciendo es lo que haría cualquier otra persona y especialmente cualquier mujer en mi situación, que es plantar cara ante lo que no se puede consentir.

¿Qué retos tienes para el futuro? En lo laboral, pero también en otros aspectos.

A nivel político que mi partido, que es localista, crezca. Afortunadamente tenemos mucho apoyo, pero vivimos en una ciudad en la que hay un alto nivel de abstención. Uno de mis retos es que la abstención en la participación electoral sea la menor posible, porque eso será resultado de haber conectado muy bien con la gente. A nivel personal, intentar ayudar a mis hijos a ser felices, a conseguir sus objetivos. Siempre les digo que tienen que hacer cosas que les hagan felices sin descuidar su formación. Aunque en la adolescencia hay esa etapa de rebeldía.... Pero mi objetivo es intentar que sean buenas personas.

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