Los fabricantes de vacunas trabajan ya en frenar una variante peor que la Delta

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Las farmacéuticas ya trabajan en la estructura que permita desarrollar actualizaciones de las vacunas en caso de nuevas variantes | imagen REUTERS/Dado Ruvic/Illustration
Las farmacéuticas ya trabajan en la estructura que permita desarrollar actualizaciones de las vacunas en caso de nuevas variantes | imagen REUTERS/Dado Ruvic/Illustration

En junio de este año 2021, Albert Bourla (presidente de la multinacional Pfizer) lanzó una atrevida promesa delante de algunos de los más destacados líderes mundiales, incluyendo el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Su compromiso público fue que si aparecía alguna variante que escapase a la inmunidad de las actuales vacunas conseguiría desarrollar una nueva vacuna específica en tan solo 100 días. Afortunadamente esta nueva cepa aún no existe pero si algo nos ha enseñado esta crisis sanitaria provocada por el SARS-CoV-2 es que los virus mutan constantemente y que es conveniente mantenerse alerta y preparado para cualquier eventualidad. Eso es precisamente lo que están haciendo los diferentes centros de investigación y compañías farmacéuticas: trabajar para tener a mano una vacuna en caso de que surja una variante que escape a las que ahora existen.

Pronto se cumplirá un año desde la aprobación de la primera vacuna frente a la COVID-19 y el éxito obtenido por todo el planeta en tan poco tiempo nos invita a ver la promesa de Bourla con más optimismo. La amplia oferta de vacunas seguras y eficaces, desarrolladas en poco más de un año, puede llevarnos a considerar estos logros como algo fácil… no es así. Lo más rápido que habíamos logrado desarrollar una vacuna (desde el muestreo viral hasta su aprobación) fue en la década de 1960 en la que conseguimos desarrollar la vacuna de las paperas en solo cuatro años. Estamos viviendo un momento histórico.

Con la promesa del presidente de Pfizer en mente, llega la gran pregunta: ¿Qué necesitamos para conseguir una vacuna actualizada contra una nueva variante en solo 100 días?

En primer lugar, y es importante recalcarlo, deberíamos dirigirnos al origen del problema e intentar evitar que surja esa variante. La medida (que estamos olvidando flagrantemente) es vacunar a todo el mundo lo antes posible. Esta es la mejor y más inmediata forma de combatir o al menos reducir considerablemente la amenaza de variantes emergentes, o como lo explican en Nature, “necesitamos ponernos serios con las vacunas y sofocar este virus antes de que nos vuelva a estallar en la cara”.

Aun así, observando el lento avance de las campañas de vacunación en buena parte del mundo, la mayoría de los expertos apuntan a que necesitaremos actualizaciones de las vacunas que ahora estamos administrando… llega el turno de las farmacéuticas.

La estructura para desarrollar una actualización de las vacunas permitiría tener un nuevo diseño en apenas unos días
La estructura para desarrollar una actualización de las vacunas permitiría tener un nuevo diseño en apenas unos días

Lo más sorprendente del asunto es que diseñar una vacuna actualizada, específica para una nueva variante, no representa grandes dificultades para las revolucionarias vacunas ARNm. De hecho, llegado el caso de una variante que escape a la actual inmunidad, los fabricantes de vacunas ARN (por ejemplo Pfizer o Moderna) “probablemente podrían diseñar y sintetizar un prototipo inicial contra ella en unos pocos días”. Las vacunas basadas en vectores virales, como la de AstraZeneca, tardarían algo más, pero tampoco demasiado.

El mayor obstáculo (en tiempo y recursos) son los ensayos clínicos. Cualquiera de esas nuevas actualizaciones necesita probarse en humanos y eso lleva tiempo. Es precisamente en este aspecto del desarrollo donde las farmacéuticas están trabajando con más empeño. Pfzier, junto con su socio BioNTech, ya está probando una vacuna de ARN dirigida a la variante Delta en un ensayo clínico aleatorizado controlado con placebo con unos 930 participantes.

Philip Dormitzer, director científico de vacunas de Pfizer, afirmaba hace unos días en un reportaje de Scientific American que “queremos practicar todos los aspectos de la ejecución ante un cambio de cepa: la investigación preclínica, la fabricación, las pruebas clínicas y las presentaciones reglamentarias, de tal manera que si aparece una variante que realmente escapa a la inmunidad de la vacuna, estemos listos para comenzar con rapidez”.

Otras compañías, como la estadounidense Moderna, ya están reclutando cohortes de 300 a 500 participantes para probar nuevas vacunas de ARN frente a diferentes variantes como Beta, Delta y una combinación de Beta y la cepa original. También ha hecho públicos sus planes para desarrollar una vacuna multivalente Beta-Delta.

El objetivo de los investigadores es establecer un proceso ágil que pueda presentar con rapidez la solicitud de aprobación a las diferentes agencias reguladoras de medicamentos, tanto en Estados Unidos (FDA) como en Europa… a partir de ahí, la pelota se coloca en el tejado de esas instituciones y solo quedaría esperar que los trámites burocráticos fueran igual de ágiles. En definitiva, hemos levantado la estructura necesaria para desarrollar rápidamente una vacuna segura y eficaz, ahora estamos practicando y ensayando para tenerla lista en caso de necesitarla en el futuro.

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