Una familia siria, condenada a celebrar el iftar sobre las ruinas de su casa

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Una familia siria, condenada a celebrar el iftar sobre las ruinas de su casa

En medio de las ruinas, Tarek Abu Ziad y su familia sacan las viandas. En pleno ramadán, han querido volver a los escombros de su casa para hacer una iftar simbólico, la cena del fin del ayuno, en una Siria en guerra.

A su alrededor, los esqueletos vacíos de los edificios medio derruidos no son más que el rastro de lo que un día fue su barrio de Ariha, la gran ciudad de la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria.

En unas imágenes grabadas por un camarógrafo de la AFP, utilizando un dron, se ven sus siluetas destacando entre los escombros, unas pequeñas manchas en medio de un monótono paisaje de hormigón gris hecho pedazos.

Ruinas y más ruinas, como las que hoy en día se encuentran prácticamente por toda la región de Idlib, controlada por grupos yihadistas y rebeldes, y que desde marzo goza de un frágil alto el fuego, después de haber sido objeto durante meses de una mortífera ofensiva del régimen, apoyado por Rusia.

Para la tradicional comida de ruptura del ayuno, Tarek Abu Ziad y su familia se han instalado en el techo de lo que queda de su casa, haciéndose un hueco entre bloques de hormigón.

Tarek Abu Ziad está junto a su madre, su hermana, su esposa y sus cuatro hijos. Hay alfombras de yute por el suelo y colchones de espuma.

"Quise volver aquí, a los escombros, para recordar el mes del ramadán que cada año pasábamos en casa", declara a la AFP el panadero, de 29 años.

Su vivienda fue bombardeada después de que la familia huyera de los combates y se refugiara en otra zona de la provincia, como hicieron casi un millón de personas, según la ONU, que también tuvieron que dejar sus hogares a causa de la ofensiva.

"Cuando regresamos, todo el barrio estaba destruido", lamenta.

Él y su familia se quedaron en Ariha, en una vivienda que alquilaron en otro barrio.

Han decidido ir a lo que era su casa para celebrar el iftar, como algo excepcional, cargados de platos preparados, pues la cocina quedó completamente destrozada.

Con el jugo en los vasos de plástico, la carne asada y pollo preparados en los platos y cada uno con su ración de pan, solo les queda esperar a que el sol se pusiera para empezar a comer.

"Teníamos muchos recuerdos en esta casa, vinimos para revivirlos, después de los bombardeos y del sufrimiento", comenta Samah, la madre de Tarek, de 50 años.

Cerca de allí, en la habitación de una casa, también destruida, se ven los sofás de los vecinos, abandonados y polvorientos.