Una familia de "héroes" socorrió a víctimas de accidente de tren en Pakistán

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Cuando el tren de pasajeros paquistaní que atravesaba una zona agrícola descarriló y chocó contra otro, Ali Nawaz y sus familiares se despertaron sobresaltados y se aproximaron de inmediato para ayudar a las víctimas.

"La explosión por la colisión fue tan fuerte que nos despertamos con pánico", señaló a la AFP este aldeano de 63 años. "Después salimos de casa, vimos el tren detenido, y al aproximarnos escuchamos gente pidiendo ayuda".

Así, se lanzó con su familia --una decena de personas--, a un frenético intento por ayudar a los pasajeros en el desastre que provocó 63 muertos y decenas de heridos el lunes de madrugada.

El accidente sucedió cerca de la ciudad de Daharki, en una región apartada en el centro de la provincia de Sindh (sur), mientras la mayoría de los 1.200 pasajeros de ambos trenes dormía.

Con una cobertura deficiente para teléfonos móviles y una pésima red de carreteras, los servicios de urgencia tardaron horas en llegar al lugar, a unos 25 km de Daharki.

La familia de Nawaz vive a 500 metros de las vías del ferrocarril.

Los hombres buscaron a los pasajeros más gravemente heridos para trasladarlos en coche al hospital, mientras que los que parecían más estables fueron amontonados en semirremolques.

La primera pasajera rescatada, una madre de familia que Nawaz transportó hacia el hospital, murió en el asiento trasero del auto.

En la granja, las mujeres llenaron bidones de agua para aliviar a los heridos en la noche sofocante.

"Hicieron una cadena, las mujeres llevaban el agua hasta la mitad, después los hombres la alcanzaban a los pasajeros", dijo a la AFP Ali Nawaz en su casa de ladrillos de una planta, frente a la cual se pasean vacas y terneros.

- 'Hicimos lo máximo posible' -

Centenares de pasajeros aturdidos salieron de los trenes, constatando gradualmente la magnitud del desastre, que destruyó seis vagones.

Se juntaron con los aldeanos para buscar sobrevivientes, trepándose a vagones destruidos para intentar llegar hasta los pasajeros atrapados dentro.

Los bancos se convirtieron en camas para acomodar a los heridos, y los cadáveres fueron alineados en el suelo, por respeto cubiertos con mantones.

"Continué trabajando día y noche, cocinando, preparando pan y té, que mi marido y los otros hombres de la familia entregaban a las víctimas y socorristas", señaló Habiba Mai, de 40 años, una de las dos mujeres de Nawaz.

Al amanecer, una pasajera herida y sus tres hijos llegaron a tropezones hasta su casa.

"Ordeñé mi vaca para alimentar a su niña", añade Habiba Mai. "La mujer tenía el rostro cubierto de polvo, la lavé. Estaba descalza, le ofrecí mis pantuflas".

Frente a su casa, el martes, soldados descansaban sobre bancos tradicionales, a la sombra de árboles de neem.

Un oficial, que pidió el anonimato, recompensó a la familia con la modesta suma de 50.000 rupias por ayudar en el rescate.

"Es una heroína", señaló Muneer Ahmed, cuñado de Habiba Mai, quien ofrecía té a los visitantes todavía reunidos de noche frente a la casa, con las paredes ennegrecidas por el humo.

"Tenía los dedos casi quemados por permanecer de pie ante la estufa, día y noche", confió sonriendo. "Hicimos lo máximo posible", sentenció.

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