Cómo la falta de público y el miedo al contagio afectan a un deportista de alto rendimiento

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Tokio 2020 supuso un reto enorme para todos los deportistas de alto rendimiento que se preparan durante años para afrontar su examen más exigente. Y si el componente emocional siempre es importantísimo, en los últimos Juegos Olímpicos fue prioritario, fundamental.

Porque a la presión de la competición se suma una pandemia mundial que, durante año y medio, ha cambiado su forma de entrenar, su calendario, su rutina de vida. Hacer la maleta y viajar hasta Japón sin sus familias, entre estrictos protocolos y medidas de seguridad, con la incertidumbre y el miedo al contagio y compitiendo con las gradas vacías. Sin público.

¿Cómo se afronta esta situación para evitar que pase factura?

Miedo al contagio

Las semanas y los días previos a una competición los deportistas tienen que enfrentarse al miedo al contagio. Han entrenado muchísimo durante meses y todo se podría desmoronar si dan positivo. Ese temor es normal, es natural. Pero el deportista debe aprender a gestionar ese sentimiento y evitar que le paralice. Ser consciente de que el riesgo existe y extremar las precauciones. Y, a partir de ahí, adaptarse a su rutina de entrenamiento y concentrarse para la competición.

Sin duda el entrenamiento mental es clave para lograrlo. Deben ser capaces de detectar esos pensamientos negativos en cuanto aparezcan y pararlos antes de que le generen malas sensaciones. Las personas creamos nuestros propios pensamientos, no son (o no deberían ser) automáticos. Y con el entrenamiento mental adecuado aprendemos a educar esos pensamientos para enfocarlos en la dirección correcta.

El deportista tiene que focalizar su atención en su entrenamiento, en aplicar lo aprendido durante tantos meses y aislarse del ruido.

Competir sin público

Durante este último año, y también en las competiciones olímpicas, los deportistas han tenido que hacer frente a otra novedad: competir sin público. El deporte de élite siempre está unido a las gradas llenas de gente, al calor de los aficionados y ahora se enfrentan al silencio. Otro reto más para ellos que solo se puede gestionar desde el entrenamiento mental.

Hay deportistas para los que la afición supone un subidón de adrenalina que les ayuda a sacar su mejor versión. Para ellos, el público es un factor fundamental que les hace meterse en competición y les mantiene activos. Lo que diferencia un entrenamiento de la competición real.

Con ellos, hay que trabajar la gestión de estas emociones, anticiparse a lo que pueden sentir ante las gradas vacías, realizar visualizaciones para que consigan meterse en competición y estar motivados. Trabajar la concentración, las sensaciones, la adaptación al entorno, preparar su mente para que la falta de público no se convierta en un problema.

En cambio, también me he encontrado con muchos casos de deportistas a los que les resulta difícil competir con público. No acaban de sentirse cómodos ante la presión de los aficionados, los gritos, las miradas… En este caso puede que se sientan más libres durante la competición y que las gradas vacías les ayuden a alcanzar su mejor versión. Pero también con ellos hay que trabajar estos aspectos porque este no es el escenario ideal. Tarde o temprano tendrán que afrontar sus miedos y aprender a concentrarse en su juego, independientemente de si hay o no público en las gradas.

La triple A

Hay una fórmula que siempre me gusta aplicar en los procesos de entrenamiento mental:

  • Aceptación. Es el primer paso; el deportista tiene que asumir que las cosas son así y no puede cambiarlas. Vivimos en tiempos de pandemia, no hay público en las gradas, hay que cumplir los protocolos de seguridad, competir sin la gente más cercana… y tienen que aceptarlo.

  • Adaptación. Una vez que el deportista asume la realidad de la situación, hay que adaptarse. Tiene que ser consciente de sus objetivos y hacer un esfuerzo para lograrlos (o al menos acercarse a ellos).

  • Aplomo. En los días previos a la competición el deportista tiene que mantenerse sereno y trabajar su confianza, que es el único antídoto para superar sus temores. Debe ser consciente de que está preparado para hacerlo, debe visualizar sus metas y esforzarse para superar los obstáculos que vayan surgiendo.

Ante todo, la persona

Cuando vemos a un deportista de élite hacer lo hace nos olvidamos de que también, y ante todo, es una persona. Les vemos batir récords, competir al 100 %, superar sus marcas, alcanzar éxito tras éxito y, a veces, no profundizamos en lo que hay detrás. Su perseverancia, su capacidad de sacrificio, su disciplina, sus renuncias.

Los deportistas no son máquinas. Son seres humanos que también lidian con sus sentimientos, sus emociones, sus bloqueos. Se enfrentan a tal nivel de exigencia que nos hace pensar que pueden con todo. Pero lo cierto es que para soportar esa presión el deportista necesita fortalecer cuatro pilares: el entrenamiento físico, el técnico-táctico, el cuidado y el descanso y el entrenamiento mental. Si alguno de esos pilares falla, no podrá ofrecer su mejor versión, su máximo rendimiento.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Juan Carlos Álvarez Campillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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