La falta de humanidad hacia el 72% de ’negacionistas’ en la UCI

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Una paciente de Covid-19 junto al personal sanitario. REUTERS/Stephane Mahe
Una paciente de Covid-19 junto al personal sanitario. REUTERS/Stephane Mahe

Ha habido una afirmación reciente que de disparatada ha necesitado ser aclarada: el 72% de los pacientes ingresados en Cuidados Intensivos por Covid-19 en Andalucía son “negacionistas” de la vacuna. Al carro del tremendismo se unieron tanto medios de comunicación como personas, los unos titularon a ciegas, y otros juzgaron de miles y viles maneras. Se dejaron llevar por los datos del vicepresidente de la Junta, Juan Marín (C’s), quien ofreció tal cifra en la rueda de prensa del Consejo de Gobierno celebrada el martes. Básicamente, lo que dijo fue que de las 122 personas ingresadas en la UCI de la Comunidad Autónoma, 88 se habían negado a ponerse la vacuna porque no creían en ella.

Intentar saber de dónde viene tal irresponsabilidad, si de la ignorancia o de la mala intención, queda en un segundo plano cuando la teoría de Marín, amplificada en medios y redes sociales, acaba sacando a la superficie la ya clásica excrecencia humana. Automáticamente, a esas 88 personas ingresadas en la UCI, a ese 72% del total, les han puesto una etiqueta errónea, fruto de una generalización absurda, injusta y que ha acabado con buena parte de nuestra sociedad apuntándoles con el dedo. Como si no tuvieran suficiente con estar postrados en una cama con los efectos más adversos del virus, se les ha hecho responsables de sus propias miserias y, potencialmente, de las de los demás.

Marín sumó dos más dos: si estas personas no se han puesto la vacuna es porque no creen en ella, por lo tanto son negacionistas. El por qué no barajó otras hipótesis siempre será un misterio. Parece que pocos se pararon a pensar que quizás esas gentes no inoculadas hayan tenido miedo a ponerse la vacuna, que preferían esperar un poco hasta tener más información sobre las reacciones, que tuvieron que cambiar la fecha por cuestiones personales, jóvenes que estaban esperando cita o mayores que sólo tenían una dosis puesta. Es probable que algunos sí fueran negacionistas, pero a todos les metieron en el mismo saco.

El vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín. Getty Images
El vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín. Getty Images

Atención a algunos de los comentarios encontrados al respecto: “Deberían pagar su tratamiento, porque su inconsciencia y negligencia afecta a toda la población, y no es justo”. “¿Llorar por ellos?, en absoluto. ¡El que lo busca lo encuentra!”. “A mí esta gente no me da ninguna pena. Ellos se lo han buscado. Me da pena el gasto público innecesario y que puedan ocupar la cama de alguien que se lo merece y no se lo ha buscado”. “Yo me alegro, que sigan sumando”. “Gente esperando para ser operados de otras patologías y estos ocupando hospitales y UCIs. A su casa los mandaba, son miserables”. “Pienso q es la naturaleza haciendo su trabajo. Ellos lo han elegido pues que apechuguen”. “Darwin tenía razón”. “Ganadería andaluza”. “Mientras sean ellos y no gente que se ha esforzado y ha tenido cuidado…”.

A fin de cuentas, estas odas a la demagogia, estas opiniones ricas en bromuro, sin fundamento y salidas de la falta de rigor retratan a un estrato de la sociedad confundido. Primero, porque no fueron capaces de entender que las palabras de Marín, o los titulares que amplificaron su discurso, han sido una exageración que no representa las realidades de esas 88 personas; y segundo, porque a día de hoy, vacunarse en España no es obligatorio, existe libertad para quedar inmunizado o no, es una cuestión de la libre elección de cada persona. Criminalizar a quien decide no hacerlo y desearle lo peor es muy de nuestra idiosincrasia.

El propio Marín fue corregido al día siguiente de su intervención, cuando los consejeros de la Presidencia, Elías Bendodo, y de Salud, Jesús Aguirre señalaron el miércoles nuevas cifras: un 63% de hospitalizados (no sólo en UCI) no están vacunados, pero no por ser “negacionistas” sino por numerosas causas. Muy pocos medios de comunicación se hicieron eco de esa corrección y entre los que sí lo hicieron se encuentra el El Diario.es.

Concierto de 'Love of Lesbian' en el Palau Sant Jordi de Barcelona. REUTERS/Albert Gea
Concierto de 'Love of Lesbian' en el Palau Sant Jordi de Barcelona. REUTERS/Albert Gea

Hastiados por la amenaza del virus, por el año y medio de vulnerabilidad y miedo, por el impacto en todos los niveles de nuestras vidas… da la sensación que toda esa frustración justifica que los ciudadanos se conviertan en jueces del bien y del mal con tanta facilidad y maldad al respecto de un asunto tan sensible como el de la vacunación. Si es injusto abogar por la discriminación de aquellas personas tildadas de negacionistas sin serlo, también lo es el querer excluir a los que sí los son, especialmente cuando desde el Gobierno de España no hay restricciones basadas en inoculaciones contra el Covid-19, algo que, por ejemplo, sí sucede en Francia. En el país galo será obligatorio vacunarse a partir del 15 de septiembre si se llevan a cabo determinadas profesiones (sanitarios o quien tenga contacto con personas frágiles).

Además, Emmanuel Macron anunció recientemente otras decisiones con el fin de controlar la propagación del virus, especialmente la variante delta, como la ampliación del pase sanitario como requisito para acceder a establecimientos abiertos al público. El certificado muestra si una persona ya está vacunada o si se ha obtenido recientemente una prueba negativa de Covid-19. Esto ya sucedía en discotecas, eventos sociales y deportivos de más de 1.000 personas, pero a partir del 21 de julio también será necesario en cines y teatros con capacidad para más de 50 personas.

Quizás aquellos que demonizan a otros ciudadanos por ejercer su derecho a no vacunarse deberían dirigir su descontento hacia nuestra clase política por estar siempre a la cola de las necesidades de la sociedad.

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