La falacia de las mutaciones de Ómicron está extendiendo una alarma innecesaria

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La variante Ómicron se ha convertido en la nueva protagonista de la pandemia... a pesar de que apenas tenemos datos para afirmar nada a ciencia cierta.
La variante Ómicron se ha convertido en la nueva protagonista de la pandemia... a pesar de que apenas tenemos datos para afirmar nada a ciencia cierta.

La actualidad de la pandemia no parece ofrecernos ni un minuto de descanso y justo cuando afrontamos el previo de las fiestas navideñas, los medios de comunicación y redes sociales han elevado la voz, en algunos casos excesivamente, señalando una nueva variante del virus SARS-CoV-2 denominada Ómicron. Los virólogos y epidemiólogos que más rigor han mostrado durante estos meses reclaman tranquilidad y sobre todo paciencia hasta que tengamos más datos. A pesar de esta llamada general a la calma y los consejos para evitar afirmaciones rotundas sobre una variante sobre la que aún no sabemos demasiado, muchos titulares han caído en el error de relacionar número de mutaciones con peligrosidad.

Sí, es cierto que esta nueva Ómicron (B.1.1.529) muestra más mutaciones que la variante Delta que tantos problemas nos ha causado durante los últimos meses… pero en biología las cosas no son tan evidentes y, al contrario de lo que se podría intuir, lo cierto es que un alto número de mutaciones en poco tiempo no suele ser beneficioso para el organismo mutado.

Algo que todos hemos aprendido en esta pandemia es que los virus viven mutando pero estos cambios en su genoma no se suman de manera que el organismo que más mutaciones presente sea más virulento, más contagioso o más letal. Que Ómicron posea más mutaciones que Delta no es significativo. El biólogo y divulgador Luis Quevedo lo resume magistralmente en este video: el simple hecho de tener cuarenta o cincuenta mutaciones no es mejor que tener veinte, en realidad es más probable que termine siendo al revés…

Un punto en el que también se ha puesto especial énfasis es que muchas de las mutaciones detectadas en Ómicron se han producido en la célebre espícula viral o proteína S que se une a determinados receptores en la célula huésped, a modo de llave que abre una cerradura y que permite al virus colarse en nuestras células. Pero en muchos casos se omite que la mayoría de estas mutaciones en la espícula ya las conocíamos. La nueva Ómicron posee 32 mutaciones en esta espícula pero, tal y como señala en Conversation Fernando González, Catedrático de Genética de la Universitat de Valencia, “muchas de estas mutaciones se han detectando en otras variantes, como las mutaciones N501Y presentes en Alfa, Beta y Gama o las mutaciones T95I, T478K y G142D que ya aparecían en Delta”. Es más determinante la posición de esas mutaciones que el número, explica también el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester, en una entrevista en BBC.

Pero aún hay más. No sabemos si estas mutaciones desarrollan algún efecto, ya sea positivo (aumentando dicho efecto) o negativo (disminuyendo). El pequeño pico en las gráficas de contagios provocado por Ómicron aún no nos sirve para adelantar nada. Su transmisibilidad es evidente y de hecho es lógico que la Organización Mundial de la Salud la haya declarado como “Variante de preocupación” pero no sabemos aún si esas mutaciones provocan una COVID más grave y ni siquiera sabemos si es capaz de evadir la inmunidad generada por las vacunas.

Según la propia OMS las variantes de preocupación (VOC, por sus siglas en inglés) deben cumplir con las Variantes de Interés y asociarse a uno o más de los siguientes tres elementos “en un grado que resulte significativo para la salud pública mundial”: transmisibilidad, virulencia o disminución de la eficacia de las medidas sociales, vacunas y tratamientos disponibles.

El primero de estos puntos es el que ha llevado a la OMS a declarar a Ómicron como Variante de Preocupación, pero todavía no podemos afirmar nada sobre los dos factores restantes. La alarma excesiva nunca resulta eficaz, es más adecuado explicar claramente lo que sabemos, insistir en lo que aún ignoramos y pedir calma mientras se obtienen nuevos y mejores datos. Mientras tanto, y de cara a estas próximas fiestas navideñas, deberíamos mantener y, en la medida de lo posible incrementar, las medidas que han demostrado ser eficaces durante todo este tiempo: mascarillas, distancia social, higiene y vacunación.

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