La faena de Casado: intenta resucitar al viejo PP de la plaza de toros de Valencia que ganaba elecciones

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Pablo Casado (Photo: PP)
Pablo Casado (Photo: PP)

Se acabó oficialmente la pandemia. Vuelven los macromítines. Y Pablo Casado se ha puesto a faenar este domingo, para clausurar la convención del PP, con un llenazo en la plaza de toros. Esa misma que años atrás abarrotaban -ahora con más sombras que luces- Aznar, Rajoy, Barberá, Camps y Zaplana. Puritito PP.

Casado quería resucitar ese espíritu de PP ganador lleno de opulencia levantina, de excesos, de banderas de España, de albero, de autobuses de toda España, de toriles y de andanadas. Lo de siempre. Tras una semana llena de desastres en la convención itinerante del PP ha logrado en Valencia enderezar algo gracias a la tregua que le ha dado Isabel Díaz Ayuso (que ha renunciado por ahora a disputarle el liderazgo) y con el gran aforo en el coso taurino.

Vamos bien de pasodoble, reggaetón y bakalaooo. Con toda la plaza de toros en pie cuando se citaba a Rita Barberá y al rey. Más de 9.000 personas dentro y más de tres mil a las afueras, según los datos del Partido Popular.

Casado, eufórico, ha lanzado un discurso de una hora en el que ha atizado duramente contra el Gobierno (“los izquierdistas”) y ha menospreciado a Pedro Sánchez diciendo que no lo iba a citar. Se ha presentado como el centro “fuerte” en el que caben todos los constitucionalistas y ha lanzado ante la plaza: “Aquí estamos otra vez, salimos a ganar”. Pero de centro, centro, poco. Mirando al votante de Vox, y con aires aznaristas sobrevolando en todo su esplendor.

Pablo Casado, en la plaza de toros de Valencia (Photo: Europa Press News via Getty Images)
Pablo Casado, en la plaza de toros de Valencia (Photo: Europa Press News via Getty Images)

Se trataba de un discurso pensado durante tiempo y en el que el líder del Partido Popular quería presentarse como “la única alternativa” al Gobierno de Sánchez (con la intención de aglutinar a toda la derecha y a los socialistas “desencantados”). En el PP están convencidos de que hay un cambio de ciclo y de que este cónclave en Valencia les lanza hacia La Moncloa. Por eso, el popular ha querido presentar su “nuevo contrato social” con los españoles, en el que vende ese discurso de “libertad”.

¿Y eso en qué se traduce? No ha habido grandes anuncios, aunque ha vuelto a desmenuzar sus planes de cara a La Moncloa que sirven como granero de aplausos en sus actos: desde traer a Puigdemont al Tribunal Supremo hasta derogar la ley de Memoria Democrática pasando por eliminar la ley Celáa y crear un Museo Nacional de Historia de España, que tendría como sede el actual Ministerio de Agricultura.

Y para saber lo que quiere su público sólo había que fijarse en los temas que han provocado la ovación y levantarse de las sillas entre aplausos: el rey Felipe, Venezuela, Cuba, el independentismo, Rajoy, Aznar, las víctimas del terrorismo y Rita Barberá.

Además, ha querido lanzar la idea de que es la única alternativa al actual Gobierno y que los que llegaron para ‘sorpassar’ al PP “se han quedado por el camino”. “No somos el recambio de nada, ni el reemplazo de nadie, salimos a por todas, pues España no puede esperar más”, ha apostillado ante la plaza de toros, que conforme iba transcurriendo el discurso iba sintiendo más el calor valenciano (unos 31 grados). Ha habido hasta golpes de calor y personas han abandonado las gradas de sol conforme pasaba el tiempo.

Y con postulados en su discurso, a pesar presentarse como “centro fuerte”, con mucha carga de guerra cultural e ideológica, abrazando el discurso historicista: “España no tiene que pedir perdón a nadie ni por nada. Al revés, nos deben dar las gracias por nuestra contribución a América con el acontecimiento más importante de la humanidad, después de la romanización, que es la Hispanidad”.

Casado junto al primer ministro griego en el cierre de la convención (Photo: Europa Press News via Getty Images)
Casado junto al primer ministro griego en el cierre de la convención (Photo: Europa Press News via Getty Images)

Con guiños además a la “unidad” del partido, un día después de que Isabel Díaz Ayuso le concediese una tregua diciendo que su meta política está en Madrid y que le apoya para llegar a La Moncloa. “Aquí seguimos, con el partido unido como una piña y fuerte como una roca, preparados para volver a echarnos el país a las espaldas, y rescatar a nuestros compatriotas de la ruina”, ha remarcado delante de todos los barones en las primeras filas. Ha reconocido esa “travesía del desierto” desde el PP, para resaltar que el PP “es mucho PP”. Jugando, no obstante, a decir que es el partido que recoge la mayoría social de centro derecha y presentándose co la España que levanta la persiana.

A Casado le gusta escribir sus discursos y meterle mucha carga simbólica, con metáforas muy propias en las que cree que conecta con los ciudadanos y pintando una izquierda estereotipada: “Nada de lo hay que hacer en España se puede hacer con los puños cerrados, así no se coge una tiza en el aula, ni se pone ladrillo en la obra; no se atiende un paciente en urgencias, ni se ofrece un saludo al turista, ni se pone el tornillo de un chasis”. “Por eso queremos un PP de manos abiertas a todos”, ha dibujado desde el escenario.

Por eso, ha tachado de “trienio negro” este periodo de Pedro Sánchez y ha acusado a la izquierda de seguir viviendo en los “tristes años treinta”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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