¿Qué factores hacen que una democracia sea ejemplar?

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En su discurso fúnebre recogido por Tucídides, Pericles hizo un retrato idealizado de la democracia ateniense. Rijksmuseum / Philipp von Foltz

La definición de la democracia sigue siendo un tema de debate en el ámbito de las ideas políticas. Se habla de democracia antigua y moderna, de representativa y directa. Igualmente, para muchas personas determinados países que podrían ser considerados democráticos, como Venezuela, son catalogados como autoritarios, y viceversa, como sucede en Botsuana y Namibia.

También existe una idealización democrática en torno a los primeros países que reconocieron libertades y derechos a los ciudadanos que surgieron en el pasado y que durante muchas décadas mantuvieron una actitud autoritaria (esclavitud, escaso papel político de la mujer, voto censitario, etc.) que impide su calificación como democracia.

De lo que caben pocas dudas con independencia de los tipos de democracia que haya es que las actuales democracias representativas como Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania y España pueden ser calificadas como democracias. Una cuestión distinta es el grado de calidad democrática que cada uno de estos países disfruta actualmente.

Y es que la salud democrática de un país no mantiene un relación directa con la cantidad de tiempo vivido como democracia, sino que incluso países que tienen una escasa experiencia como democracia, como España, gozan de una buena calidad democrática en comparación con otros Estados más veteranos.

¿En qué piensan las personas cuando imaginan una democracia ideal? La mayoría de ellas, e incluso los expertos en este debate, giran su cabeza hacia la democracia deliberativa ateniense que se sitúa en el siglo VI a. e. c. E incluso existieron otras polis con esta forma de gobierno, como Tebas.

La democracia ateniense no es un ejemplo

En general, es amplio el conocimiento de la democracia ateniense como forma de gobierno gracias a los escritos de Platón, Aristóteles y los sofistas. Sin embargo, la democracia de Atenas está lejos de servirnos como un ejemplo, principalmente por una razón: la concepción que los griegos tenían sobre lo que era la ciudadanía democrática y la que tenemos en el presente.

Esta diferencia quedó patente en el ensayo La libertad de los antiguos y de los modernos de Benjamin Constant al advertir que el concepto de democracia en Atenas estaba enfocado al funcionamiento colectivo de la sociedad civil, mientras que la libertad recogida en las primeras constituciones liberales como la inglesa y la estadounidense estaban dirigidas a garantizar el bienestar y el proyecto de vida de las personas desde un punto de vista individualista.

Desde la Edad Antigua hasta el final de la Edad Moderna, la democracia fue una forma de gobierno proscrita debido a los escritos de Platón y la animadversión hacia los sofistas. Democracia fue sinónimo de demagogia durante muchos siglos para los pensadores, desde Platón hasta San Agustín y Santo Tomás. Ahora bien, hay que alumbrar los escritos de los estoicos romanos, que ya en su época reconocieron una serie de derechos a las personas (iusnaturalismo racional) y se mostraron contrarios a la esclavitud y defendieron la igualdad entre hombres y mujeres.

Los excesos de las monarquías absolutas y la recuperación del patrimonio grecolatino permitió que pensadores como Locke y Groot recuperasen los escritos de los estoicos, permitiendo una continuidad entre el legado de esta corriente de filósofos y el desarrollo de los derechos y las libertades de los seres humanos auspiciado por la Ilustración.

Estados Unidos y Francia, democracias incompletas

Las críticas políticas, económicas y sociales a las monarquías europeas durante los siglos XVII y XVIII serían de este modo el germen de los primeros Estados liberales como Inglaterra, Estados Unidos y Francia tras la experiencia de una serie de procesos revolucionarios.

También cuando pensamos en las primeras democracias se suele pensar en la confederación de Estados Unidos, que recogía una constitución y una declaración de derechos, o en los textos de la Francia revolucionaria. Sin embargo, estos regímenes no pueden ser considerados como democracias desde nuestro punto de vista, ya que, aunque supusieron un avance en la libertad y la igualdad de las personas, en la práctica aún existían elementos que impiden su definición como tales.

Podemos hablar de la esclavitud, la inexistencia de una igualdad entre hombres y mujeres, un derecho al voto adscrito al disfrute de un determinado estatus económico (voto censitario), el no reconocimiento de derechos colectivos como el derecho a organizarse en sindicatos y determinadas prácticas que favorecían el fraude electoral (gerrymandering). No obstante, estos países catalogados como Estados liberales serían en el futuro algunas de las primeras democracias en consolidarse a lo largo del siglo XX.

Las democracias actuales

El reconocimiento del voto universal y la inclusión de derechos sociales fueron las recetas fundamentales para que los primeros Estados liberales se convirtiesen en democracias representativas, es decir, en lo que entendemos actualmente como una democracia.

Aunque España se incorporó tarde a la expansión de la democracia, fue uno de los primeros países en reconocer el voto universal en el Sexenio Revolucionario en el siglo XIX y en ampliar los derechos colectivos de las personas en la constitución de la II República (como también lo fueron Alemania durante República de Weimar y México) en la primera mitad del siglo XX.

Ranking de calidad democrática

Actualmente, el Democracy Index de The Economist mide a partir de una serie de indicadores (derechos y libertades, intromisión de los poderes públicos, equilibrios de poder, etc.) el grado de democracia de cada país. En el último año, Francia, considerada una democracia clásica –en términos modernos– ha sido catalogada como una democracia defectuosa (flawed democracy), mientras que España, con apenas cuatro décadas como democracia, se mantiene como una democracia plena (full democracy).

Y es que las razones que garantizan la buena salud de una democracia no pueden buscarse únicamente en la cantidad de tiempo que un Estado ha experimentado con esta forma de gobierno, sino que también deben observarse otros factores como el desarrollo de los acontecimientos sociopolíticos, los cambios legislativos, y muy especialmente, la cultura y los valores políticos que imperan mayoritariamente entre los miembros de sus sociedades.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Francisco Collado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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