Fabricio Correa: El desmitificador en jefe de Rafael

GUAYAQUIL (AP) — Es un personaje histriónico, simpático, que en diez minutos es capaz de ganarse el apoyo de cualquiera que lo escuche. Cuenta chistes, canta, ridiculiza, imita voces, y satiriza al círculo cercano del presidente Rafael Correa.

Así, se ha convertido no sólo en un opositor que cada día gana adeptos en la arena política, en un personaje incómodo para el poder sino también en el principal desmitificador de la imagen prístina, intocable que tenía el jefe de estado y a quien el Presidente no demuele con su oratoria o demanda como ha sucedido con algunos periodistas.

Da la casualidad de que también es el hermano mayor del mandatario ecuatoriano y ejemplo viviente del popular refrán que dice "no hay peor cuña que la del mismo palo".

Usa un lenguaje campechano, que llega a las masas y su labor de desmitificador en jefe la logró "al hablarle como un hermano mayor preocupado... hizo que esa imagen aterrice, sea terrenal, la ha ido minando", dice el director de la firma de encuestas Informe Confidencial, Santiago Nieto.

"Como hermano mayor estoy preocupado, le digo, ñaño (hermano en quechua), ya es hora que reflexiones", respondió en el mismo lenguaje coloquial a la pregunta de The Associated Press (AP) acerca de sus ácidas críticas al gobierno. Agregó que debe llegar al poder un empresario que sepa como generar empleo, que tenga experiencia, "que sepa con cuántas papas se hace el caldo (sopa), entonces esa es la realidad ... no como ahora teóricos universitarios".

Fabricio Correa, de 51 años, tres más que Rafael, dice que el origen de sus críticas al presidente obedecen al arrepentimiento: dice que recaudó 3,5 millones de dólares entre sus amigos empresarios para la primera campaña política de Rafael Correa en 2006.

"Yo metí al país en esto (que Rafael haya llegado al poder) y no hay nadie quien lo saque, entonces qué más me toca, asumir esa responsabilidad", dijo a la AP.

La última vez que los hermanos se vieron fue el 16 de junio de 2009 en casa del empresario, en una comida para algunos jugadores de un equipo de fútbol de los afectos de ambos hermanos poco después de que Rafael fuera reelegido.

En junio de 2009 el diario Expreso reportó que empresas de las que Fabricio era copropietario tenían varios contratos suscritos con el estado a nivel nacional, en el ramo de la construcción, cuando la ley lo prohibe. El Presidente escindió unilateralmente los convenios por 167 millones de dólares, firmados principalmente con el Ministerio de Obras Públicas.

El primer mandatario empeoró las cosas cuando dijo que "la codicia ha desequilibrado a mi hermano, por la cantidad de barbaridades que está diciendo y se ha puesto del lado de la oposición". Las autoridades no iniciaron ningún proceso judicial en su contra por presuntas irregularidades. La única explicación que dio el mandatario fue que no procesaba a su hermano "por respeto a mi madre".

Fabricio Correa se sintió traicionado. Le dijo a la AP que no tenía ningún interés financiero o propiedad en los negocios cuestionados en los contratos aunque compañías que él posee o ha invertido en, han tenido contratos con el estado desde hace 13 años, antes de que Rafael se convirtiera en presidente.

Dijo, además, que su carrera empresarial la inició hace 27 años.

El incidente provocó que Fabricio se alineara con aquellos ecuatorianos que aborrecen la insistencia del presidente Correa para que el estado desempeñe un papel mayor en la regulación de la economía, los vínculos cercanos con Hugo Chávez y la aparente preferencia para considerar como socios comerciales a Irán o China.

Para Fabricio el modelo económico en Ecuador dio un "giro ideológico hacia un modelo totalitario fracasado, como el comunismo, y luego lo pintaron de socialismo del siglo 21 que nadie sabe lo que es".

También tilda al gobierno de constituir un régimen "totalitario y estatista ... estrictamente es un fascismo de corte tipo Adolfo Hitler, tipo (Benito) Mussolini, tipo (Hugo) Chávez, esas cosas ya están inventadas ... y se ha caído en todas partes".

Las diferencias no son nuevas. La vida de los dos hermanos ha sido muy distinta: Fabricio se casó muy joven y se dedicó a trabajar para mantener su nuevo hogar. Rafael mantuvo su soltería por un tiempo más hasta que encontró a su esposa en Bélgica, donde becado hizo una maestría de economía en la universidad Católica de Lovaina. Mediante un intercambio auspiciado por la universidad donde trabajaba, hizo un doctorado también en economía en la universidad de Urbana-Champaign en Illinois, en Estados Unidos.

"Rafael era bien jalisco (competitivo) desde chiquito, no le gustaba perder, quería ser el primero en todo, en los estudios, en el fútbol, entre los amigos, ese era su distintivo", dijo Fabricio a la AP, quien ahora está empeñado en constituir el partido denominado Equidad, Progreso y Orden (EQUIPO), inscrito en el Consejo Nacional Electoral y que apoyó el No en el referendo de mayo. Cuenta con dirigentes en al menos seis provincias, de 24 que tiene el país, pero él, de lejos, es la estrella solitaria del movimiento.

Por el momento su círculo político más cercano está integrado por no más de 10 personas.

Cuando se le preguntó si él considera ser ese empresario-presidente, Fabricio dijo que no sabe si va a retar a su hermano en las elecciones presidenciales del año entrante. Una eventual candidatura la decidiría más adelante en base a las encuestas de opinión que muestran al ex presidente Lucio Gutiérrez y al ex alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, como los principales contendores.

"Dudamos mucho de un liderazgo del señor Fabricio Correa, porque estamos hablando de una figura que nace a la par del presidente, quien no ganó las elecciones ni tiene reconocimiento popular", dijo el ministro interino de Coordinación Política, Alexis Rivas, a la AP. "(Fabricio) no tiene alcance nacional, tiene aspiraciones políticas individuales, aisladas, en sus propuestas y en su discurso".

La hermana de ambos, Pierina, ha permanecido silente frente a la disputa y no quiso discutir el tema con la AP. La arquitecta mantiene buenas relaciones con ambos y se ha pronunciado a favor de las políticas de Rafael.

El 27 de junio este aspirante a político empezó su jornada con una entrevista de más de una hora que le concedió a radio Fuego, de Guayaquil, escuchada por la clase media alta.

Al disculparse por llegar unos minutos tarde dijo "mi negra amaneció un poco enferma y tuve que atenderla", al referirse a su esposa, Tatiana Zenck, afectada por una fuerte gripe.

Con ella tiene cinco hijos: tres varones y dos mujeres, la última de 18 años.

Al concluir la entrevista se asomó en cuanta puerta encontró abierta para despedirse de secretarias, asistentes y personal en general y antes de abordar su carro saludó a un grupo de jóvenes que lo esperaban afuera de la emisora.

En un país donde la estatura promedio está alrededor 1.65 metros y la tez canela es el común denominador, la presencia de Fabricio no pasa inadvertida: mide cerca de 1.90 metros, es blanco y tiene los ojos verdes claros.

A media mañana llegó a desayunar a su casa de dos pisos en un barrio de clase media. Lo esperaba un desayuno frugal de galletas de sal con atún, café y jugo de naranja.

Antes conducía su propio vehículo. Ahora lo acompañan dos policías vestidos de civil --uno de ellos conduce-- y que son parte de la custodia que por ley recibe del Estado por ser hermano del presidente.

Naturalmente, los hermanos comparten rasgos personales: una profunda fe católica, un extraordinario afecto por su madre, Norma Delgado, sus respectivas familias, una dedicación casi única por el trabajo y una obsesión por mostrar una imagen de honradez a toda prueba.

Pero los hermanos enfrentaron, en ocasiones, una niñez difícil en Guayaquil. Su padre era un empresario que no todo el tiempo contaba con una ocupación y que intentó introducir dos kilos de cocaína a Estados Unidos cuando ambos eran niños.

Fue atrapado, pasó tres años en una prisión en Atlanta a finales de los 60 y en 1995 se suicidó por razones que aún no han trascendido al público.

Rafael Correa ha dicho a diversos medios de comunicación que su padre no era un criminal sino un "desempleado que desesperadamente estaba buscando cómo alimentar a su familia".

El recuerda "una niñez feliz... con muchas limitaciones económicas. Jamás tuvimos un carro, un buen tiempo no tuvimos televisión, jamás pensar que tuvimos una a color".

Fabricio Correa dijo a la AP que la ausencia de su padre lo forzó a él, cuando tenía seis o siete años, a convertirse en el hombre de la casa.

Nadie le dijo a los hermanos que su padre estaba en prisión, añadió Fabricio. Les dijeron que se fue al extranjero a trabajar.

"Era responsable de las reparaciones de la casa, de pagar el arriendo y la luz y de ayudar a mi mamá y a los hermanos menores", dijo Fabricio a la AP. "Mi mamá hacía sus trabajitos, sus cosas, en alguna ocasión daba de comer a personas cerca de la casa y ese fue mi primer trabajo, cuando salía del colegio cargaba viandas con comida".

Cuando regresó, el padre tenía una apariencia más atlética y muscular, había dejado de fumar y encontró un trabajo de tiempo completo como trabajador del Seguro Social, recordó Fabricio.

Fabricio también dice que la ausencia de su padre fue difícil porque "marcó una orfandad de autoridad de la persona que da seguridad, que defiende".

Con cierto afecto Fabricio dice que "Rafael no era el hermano al que se lo pasa la calle tomado de la mano pero si tenía que salir a defenderlo cuando se metía en problemas", dijo.

"Rafael siempre era muy agresivo. El se encargaba de pelear conmigo y con Pierina, siempre fue un espíritu combativo, típicas riñas de niños y de jóvenes, pero esencialmente era bueno, no tenía vicios", agregó.

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