La extraña costumbre de colgar animales disecados del techo de algunas iglesias

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Si levantamos la vista en un buen puñado de iglesias y templos religiosos podremos observar que del techo o en algunas de sus paredes cuelgan algunos ejemplares de animales disecados, siendo normalmente serpientes, cocodrilos e incluso caimanes.

La extraña costumbre de colgar animales disecados del techo de algunas iglesias (imagen vía captura de YouTube)
La extraña costumbre de colgar animales disecados del techo de algunas iglesias (imagen vía captura de YouTube)

La mayoría de los mismos permanecen colocados ahí desde tiempos del medievo, en el que se inició una curiosa costumbre que ha perdurado a lo largo de los siglos y de la que han surgido numerosas leyendas urbanas y, sobre todo, estrafalarias historias que se cuentan como ciertas y que verdaderamente distan mucho de la realidad.

Y es que no hay una sola razón o explicación para saber el motivo por el que se originó dicha costumbre, debido a que fue la suma de varios hechos distintos (en fechas y lugares diferentes) y que dio como resultado el encontrar esos animales en iglesias de España, Francia, Italia e incluso de algunos países de Latinoamérica.

Lo que debemos descartar por completo son aquellas historias que explican algunos lugareños (e incluso guías turísticos, con el propósito de adornar las visitas) en las que se dicen que ese animal (el que corresponda al lugar, ya sea un cocodrilo o una serpiente) había sido dejado en cautividad y que alguien del lugar lo había cazado y colgado en el correspondiente templo, iglesia o ermita, como si de un trofeo.

Pero esta misma historia se repite por los diferentes lugares, cambiando el animal y al protagonista.

Existe constancia que la costumbre de colgar ese tipo de animales en lugares de culto se originó en la Edad Media, en el periodo en el que se comenzó a evangelizar masivamente a la población.

Varios eran los motivos esenciales por los que comenzó a colgarse: por un lado para atemorizar a los feligreses, dándoles a entender que aquellas fieras (como se denominaba por entonces a aquellos animales) estaban allí para vigilarlos y llevarse al inframundo (infierno) a quienes pecaran e incluso a quien no guardase silencio en aquel sagrado lugar.

Una de las bases de la evangelización era a través de atemorizar y hacer creer que algo muy malo podría ocurrir de no acogerse y seguir la doctrina que se les marcaba. Para quienes se portaban bien había una recompensa que era el cielo, pero para los que no, le esperaba el infierno y los animales colgados sobre sus cabezas parecía que los estaban observando (debemos tener en cuenta que en aquella época la gran mayoría de personas del vulgo eran analfabetas y muy supersticiosos).

Los exploradores de nuevos mundos solían regresar a sus lugares de origen portando algún ejemplar de un exótico y peligroso animal que habían cazado o atrapado (en ocasiones los traían vivos), siendo donados a los templos religiosos para que fuesen exhibidos y en caso de estar vivo el animal se le obsequiaba a alguna personalidad local y tras la muerte del animal ya pasaba a ser colgado en la correspondiente iglesia.

Uno de los ejemplos más claros en este sentido lo tenemos en Valencia, concretamente el regalo de un caimán que le hizo llegar Gaspar de Zúñiga y Acevedo, virrey del Perú, a Juan de Ribera, arzobispo y virrey del Reino de Valencia y que acabó colgado, en el 1606, en la iglesia del Real Colegio Seminario del Corpus Christi, en la capital levantina.

A pesar de que esta historia está ampliamente documentada, los visitantes que llegan a este lugar se encuentran frecuentemente con la explicación (por parte de algunos guías locales) de que dicho animal fue cazado por un delincuente local a quien le conmutaron la pena de muerte a cambio de que diese caza y acabara con la vida del enorme reptil que andaba suelto por los alrededores de la población. Una fantasiosa historia que nada tiene que ver con el motivo real.

Otros lugares religiosos en los que podemos encontrar animales disecados colgados son la iglesia de San Ginés (en Madrid) donde hay un caimán entregado por Alonso de Montalbán en el siglo XVI, tras regresar del Nuevo Mundo, al que dio muerte con sus propias manos tras ser atacado. También en el Patio de los Naranjos de la catedral de Sevilla, hay un cocodrilo junto a un gran colmillo de elefante. Pero cabe destacar que este lagarto es una réplica en madera de otro disecado que estuvo originalmente ahí colocado durante varios siglos. Según las crónicas, fue un regalo hecho en el siglo XIII al rey Alfonso X ‘el Sabio’ por parte del sultán de Egipto.

Fuente de la imagen: Captura YouTube

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