Explosión en Polonia: la hora de las respuestas y de la prudencia

Lo dijo el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, en su primer vídeo tras la invasión rusa: “Todo el mundo, todos estamos en guerra”. La batalla se despliega desde hace nueve meses en su país, pero su dimensión es planetaria. Quedó claro desde el principio, desde el 24 de febrero en el que Rusia movilizó a países amigos para su andanada -Bielorrusia, Chechenia- o cuando las potencias occidentales comenzaron a imponer sanciones a Moscú. Luego llegaron los problemas de suministro de grano, la crisis energética, la inflación. Consecuencias para todo el planeta. La contienda, internacionalizada. “Es guerra, pero otro tipo de guerra”, afinaba el secretario de Prensa del Pentágono estadounidense, John Kirby.

Ahora lo que entendemos todos por guerra clásica, la de los misiles, las explosiones y los muertos, ha tocado suelo de la Unión Europea y de la OTAN. Dos trabajadores agrícolas han muerto en el pueblo de Przewodow, en la frontera con Ucrania, por un suceso aún por aclarar. Pasada la confusión de las primeras horas, la madrugada ha traído algo de luz: aunque se habló inicialmente de un ataque ruso, deliberado o accidental, las autoridades de Varsovia han reconocido que no tienen “pruebas concluyentes en este momento de quién lanzó el misil”, en palabras de su presidente, Andrzej Duda. Su primer ministro, Mateusz Morawiecki, ha llamado esta mañana a la calma a sus compatriotas, mientras llegan las respuestas.

Anoche, Moscú negó cualquier relación con este lanzamiento pero, además de eso, acusó al mundo de lanzar una “provocación deliberada para escalar” la contienda. Pero luego, desde Bali, donde está reunido el G-20, el presidente de EEUU, Joe Biden, ha dicho que es “poco probable” que los misiles caídos en suelo polaco sean rusos, aunque ha cerrado con un “ya veremos” en el que se concentra todo lo por venir: las investigaciones, las réplicas, el impacto en la guerra. “Me aseguraré de que averigüemos exactamente qué sucedió”, ha insistido Biden.

Y ya esta mañana, se ha sabido que el Gobierno de Polonia va a comunicar este miércoles a sus socios de la OTAN que el misil fue efectivamente disparado por el Ejército ucraniano, según ha anunciado a EFE en Bruselas una fuente diplomática europea. Según la fuente, que pidió anonimato, Varsovia no invocará finalmente ante sus socios de la Alianza el artículo IV del Tratado del Atlántico Norte que prevé consultas entre aliados cuando esté amenazada “la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes”. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha confirmado de urgencia este extremo. Queda el dolor de las vidas perdidos, pero el alivio de que la escalada no será tal.

Ahora es el tiempo de saber, antes de responder, y de prudencia, cuando hay voces agoreras que ya plantean una Tercera Guerra Mundial, otra vez con origen en Polonia. Lo que tenemos son dos cuerpos de dos hombres inocentes, un vehículo agrícola dañado y un enorme cráter, que es lo que muestran las imágenes de lo ocurrido ayer, a las 15.40 horas de la tarde. Pese a que tanto Ucrania como los países bálticos, pegados a la zona de conflicto y entendiblemente en guardia, acusaron anoche directamente a Vladimir Putin, el proyectil no parece ser suyo.

La agencia norteamericana AP ha informado también, citando fuentes de la Inteligencia de Estados Unidos, que todo apunta a que se trataría de un misil disparado por las fuerzas ucranianas contra un cohete ruso que se aproximaba, en una jornada en la que el Kremlin lanzó más de 90 proyectiles contra el país, en una de las peores andanadas de la guerra. El misil ucraniano podría ser de fabricación rusa, eso sí, nada extraño siendo como fue parte de su territorio hasta la descomposición de la URSS. El Gobierno polaco ya apuntaba a la una de la mañana que se trataba de una pieza de fabricación rusa.

Estas informaciones y las palabras de Biden han descargado de tensión la noche, cuando la fiebre había escalado muchos grados al conocerse la noticia del impacto. Aunque se han convocado reuniones de urgencia de la OTAN y de los líderes atlánticos y europeos citados en Indonesia, los rostros se han ido relajando y la agenda de los mandatarios se ha retomado, hasta el punto de que se han marchado a plantar manglares. La procesión debe ir por dentro, pero un bosque no es, desde luego, una war room.

El teniente coronel español José García, ahora en la reserva y con experiencia en misiones OTAN, explica que “es el momento de saber y de unirse”. Los líderes de la Unión Europea presentes en la cumbre del G20 tienen previsto a celebrar hoy una reunión de “coordinación”, mientras que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, presidirá otra reunión de “emergencia” sobre el “trágico incidente”. Ambas citas siguen en pie, pese a lo avanzado por la Agencia EFE. Es posible que también los ministros de Defensa de 50 países, unidos en el Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania, hablen igualmente por videoconferencia. ¿Y de qué hablarán? “Hay que aclarar desde dónde se lanzó el proyectil, de qué modelo era, si cayó en Polonia de forma accidental o intencionada. Para eso hace falta Inteligencia humana, de imágenes y de señales. No es algo rápido”, avanza García.

En función de todo ello, vendría la respuesta, “proporcionada”, animaba el analista. “No veo interés en ninguna de las partes en agrandar lo que ya es una guerra complicada, en extender sus fronteras. No creo que nadie quiera eso realmente. Es necesario deliberar mucho para saber qué pasos dar. No es no lo mismo un fallo, un desvío, un ataque”, insiste. Al fin, parece que no será en este caso, pero si ocurre algo similar, no más grave, se pueden esperar nuevas sanciones contra Rusia, nuevo armamento para Ucrania, “el que sus aliados occidentales aún no se habían atrevido a entregarle, pese a sus ruegos, como misiles de más largo alcance capaces de llegar a bases rusas en Crimea, por ejemplo”, e incluso “otros pasos”.

¿Eso incluye una acción militar occidental? Polonia había anunciado que quería invocar el artículo 4 del Tratado de Washington de la OTAN. “Las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuese amenazada”, recoge. “Eso nos pone no más allá, sino en una sensata llamada a tener la máxima información, entre todos los socios”, detalla el militar. No se va a llegar ni a eso.

En estas horas, no dejan de repetirse las palabras de Biden, aquello de que defendería “cada centímetro del territorio de la OTAN”. Pero García matiza ni siquiera se ha citado en esta crisis el artículo 5, que es ya ir un paso más allá. “Se habla ahí de las acciones que se consideren necesarias, las militares incluidas, pero no únicamente. Hay margen de maniobra. Estos artículos no suponen pulsar un botón y que salgan misiles automáticamente. El Consejo del Atlántico Norte, que es el órgano de decisión de la OTAN, se tiene que reunir y los representantes de los países, debatir”.

Al artículo 5 sólo se ha llegado en una ocasión, a la mañana siguiente de los atentados del 11-S de 2001 en Estados Unidos. “Antes que defensiva, es una decisión política. Y al incluir a tantos actores y ser tan peliaguda, no se toma de la noche a la mañana”, recalca. Literalmente, ese artículo dice: “las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas, y en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará a la Parte o Partes atacadas, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte”.

Las consecuencias

Ben Hodges, excomandante del Ejército de EEUU en Europa, ha indicado esta noche en sus redes sociales que “el hecho de que algo aterrizó en Polonia, ya sea intencionalmente o no, realmente llama mucho más la atención” y eso, de entrada, podría dar un impulso a aquellos que argumentan a favor de darle a Ucrania más capacidades. Más armamento, más potente, de mayor alcance. Independientemente de que venga o no de Rusia. Puede ser una de las primeras consecuencias, sean cuales sean las conclusiones, como una manera de tratar de consolar a los polacos, expuestos por su cercanía a la zona de guerra desde que todo comenzó y como aviso, también, a Rusia, de que desmanes, ni uno. “Es un recordatorio para Occidente de que hay un riesgo real para otros”, indica.

Tanto Hodges como García coinciden, como pasos precisos, en que una de las cosas que pueden activarse ahora es el establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre Ucrania, no total, pero quizá si en parte, en la zona occidental, que es donde más cercanía hay de países UE-OTAN y donde menos despliegue ruso hay en estos momentos, cuando los combates se concentran en el este, sobre todo.

“Por favor, asegúrense de que nuestros cielos ucranianos sean seguros. Por favor, asegúrense de hacer lo que hay que hacer”, pedía ya en marzo el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski. Meses pidiendo a sus aliados occidentales que desplieguen sus aviones de combate para ahuyentar a unas fuerzas rusas, que no puedan bombardear. Esta noche, su ministro de Defensa lo ha vuelto a sacar a colación. “Estábamos pidiendo cerrar el cielo, porque el cielo no tiene fronteras”, afirma Oleksii Reznikov.

Hasta ahora, la exclusión sigue siendo el Rubicón que no parecen estar dispuestos a cruzar desde Europa o EEUU, por los riesgos que acarrea, “dar a entender que se entra en plena contienda, de un lado de la batalla, y los riesgos de que haya incidentes directos con Rusia, de consecuencias desconocidas”, dice el español.

EEUU ha sido uno de los principales frenos a esta medida, pero ahora está por ver si piensa igual, cuando la guerra se perpetúa, Kiev avanza sobre el terreno y Rusia hasta se anexiona territorios. Y cuando se intensifican los ataques contra el país invadido, que tiene que activar su alerta antiaérea en todo el territorio, como ayer, y hasta cae lo que quiera que sea, de donde quiera que venga, en suelo europeo y atlántico. La guerra ha cambiado, quizá las reservas, también. Como dice Hodges, había cierta “insensibilidad” a los bombardeos constantes sobre Ucrania y este “incidente” puede traer un escenario nuevo.

El riesgo de la chispa

Cuando se disparan misiles rusos contra objetivos tan cerca de la frontera europeo, Polonia en este caso, y cuando se activan las defensas aéreas de Ucrania para interceptarlos, parecía cuestión de tiempo que pasara lo que ha pasado en la frontera. El hecho de que un misil haya caído en el lado de la frontera de Polonia es, por supuesto, un hecho preocupante, no sólo para Polonia, sino para todos los estados en las fronteras occidentales de Rusia y Ucrania.

Ya habían saltado antes las alarmas, a los 15 días de guerra, con tres ataques a instalaciones militares: el bombardeo de los aeródromos de Lutsk e Ivano-Frankivsk y de la base de Yavoric. Los dos primeros distan unos 80 kilómetros de la frontera con Polonia pero la última se queda a sólo 25. El “riesgo de contacto” estaba claro desde siempre.

Moldavia, por ejemplo, ya se había quejado del efecto de los misiles rusos disparados cerca de sus fronteras y siempre ha estado bajo vigilancia el llamado corredor Suwalki, la franja que une Bielorrusia y el enclave ruso de Kaliningrado y que dejaría aislados a los países bálticos del resto de miembros de la UE y de la Alianza si Putin va a por ella.

Ahora, queda la calma de que no hay indicios de que Rusia estuviera apuntando intencionalmente a ningún lugar más allá de las fronteras de Ucrania. El Kremlin sabe que tal movimiento potencialmente activaría el Artículo 5, teóricamente poniendo a toda la Alianza en defensa de Polonia. Sería una jugada poco inteligente en un momento de huída hacia adelante de Putin, sí, pero no tan desesperado aún.

Un ataque no es lo que quiere la OTAN, especialmente un día después de que Rusia y los jefes de espionaje de EEUU se hayan reunido para discutir cómo evitar una escalada innecesaria en esta guerra. Un encuentro que no se había dado en nueve meses de contienda. Gran parte de los suministros vitales de armamento defensivo de Ucrania pasa por Polonia. Si eso fuera un objetivo deliberado, sería un asunto diferente, pero no hay rastro de que ese sea, ahora, el caso.

Esta guerra nos ha traído números de hace 75 años, como el de los refugiados, ecos de Guerra Fría, aires de bloques del siglo pasado. Acabe como acabe y ponga o no la OTAN botas sobre el terreno y aviones sobre el cielo ucraniano, se le ha dado la vuelta a la Historia y eso afecta al mundo entero. Es la guerra de todos, como dice Zelenski.

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