Un experimento demuestra el peligro de jugar con los genes en humanos

J Toledo y José de Toledo
·3 min de lectura
Un experimento demuestra el peligro de jugar con los genes en humanos
Un experimento demuestra el peligro de jugar con los genes en humanos

Cuando hablamos de ciertos temas, parece que nos repetimos mucho. Y cuando se habla de modificar genes en embriones, la frase que se repite es la de “cuidado con jugar a ser dios”. Pues eso es lo que explica un artículo reciente: que la edición genética puede tener consecuencias inesperadas. Inesperadas, y no precisamente positivas.

El artículo parte de un experimento, uno con una premisa muy sencilla: ¿qué hace el gen POU5F1? Lo mejor para saber qué hace un gen en concreto sería anularlo, ¿no? Pues eso fue lo que hicieron los investigadores: emplearon la famosa técnica CRISPR-Cas9 para eliminar el gen, y observar el resultado.

Eso sí, había que hacerlo en un momento concreto. El gen POU5F1 actúa durante el desarrollo del embrión, así que había que trabajar con embriones. Y así se hizo, siguiendo todas las pautas de seguridad y de bioética que existen: emplear embriones donados, parar el desarrollo en el día 14, y descartar estos embriones al finalizar el experimento.

La sorpresa surgió cuando analizaron los datos. Algunos embriones no mostraban, en principio, ningún problema. Pero otros, después de un complejo análisis cuantitativo, resultaban más alarmantes: la tasa de mutación era enorme. En concreto, la tasa de pérdida de heterocigosidad aumentaba mucho.

¿Y esto que importa? Bueno, la pérdida de heterocigosidad o LOH por sus siglas en inglés, se relaciona con tumores y otras malignificaciones. En los organismos diploides, como nosotros, los genes aparecen en dos copias a las que se llama alelos. Si los dos alelos son iguales se denomina homocigoto, y si no hetercigoto.

Cuando se da una LOH, lo que ocurre es que se pierde un alelo. Ocurre una mutación en un cromosoma que hace desaparecer una de las copias del gen, con lo que sólo queda una. Si esa copia provoca una enfermedad, o sufre un daño, no hay recambio o alternativa.

Así que, al intentar desactivar un gen, los investigadores habían provocado mutaciones en zonas cercanas a la secuencia que querían tocar, y que tenía consecuencias bastante graves. Y visto esto, se puede pensar que no es para tanto, o que es un problema muy serio.

Empezando por el final: si utilizar la técnica CRISPR puede provocar mutaciones tan serias, deberíamos descartar usarlas en medicina. Parece una reacción obvia… pero no lo es. Cuando se utiliza la CRISPR en terapias, se hace en adultos. Y este tipo de consecuencias serán muy contenidas y limitadas, de darse – hay cuestiones sobre genética y mutaciones que no funcionan exactamente igual en adultos que en embriones.

Pero sí supone un problema muy serio, y una advertencia: aún no sabemos qué consecuencias puede tener la modificación genética, y menos aún la de línea germinal, que es aquella que pueden heredar los descendientes del modificado. Utilizar la CRISPR en reproducción asistida – para ayudar a parejas con alta probabilidad de transmitir una enfermedad a sus hijos – o mucho menos aún en “bebés a la carta” puede ser aún peor idea de lo que ya parece de por sí.

Mejor no jugar a ser dios.

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