Entre el exilio y el silencio: el dilema de artistas rusos que se oponen a la guerra en Ucrania

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© Adam Berry / AFP

Conciertos y espectáculos anulados, directores de teatro despedidos, multas y detenciones de artistas que se manifiestan en contra de la guerra. Orquestada por el Kremlin, la retoma del control sobre el sector cultural desde el comienzo de la guerra en Ucrania hunde a los creadores rusos en un dilema: ¿irse del país para poder expresarse con libertad o quedarse, cueste lo que cueste, para seguir resistiendo desde el interior?

Desde el comienzo de la "operación especial" en Ucrania –según la terminología oficial impuesta por el Kremlin– los artistas rusos están sometidos a una presión intensa por parte de las autoridades. Ante las amenazas de multas y de cárcel, en la gran mayoría de los casos el exilio se ha convertido en la única solución para expresar una voz disidente.

El último ejemplo reciente de esta ola de salidas forzadas es el del grupo de electro-pop Little Big, muy popular en Rusia. Fue toda una sorpresa cuando anunciaron a finales de junio que se instalarían en Estados Unidos. Poco acostumbrado a involucrarse en política, el cuarteto formado en San Petersburgo en 2013 acompañó su anuncio con el video de la canción 'Generation Cancellation', un manifiesto contra la propaganda del Estado ruso.

"Condenamos los actos del gobierno ruso y nos desagrada tanto la propaganda militar del Kremlin que decidimos dejarlo todo para irnos del país", explicó el grupo en un comunicado citado por el medio independiente Meduza.

Little Big hace parte de la larga lista de artistas que han decidido abandonar el país después de haberse posicionado en contra de la guerra en Ucrania. Tal es el caso de la estrella de rock Zemfira, que recientemente se refugió en Francia; o de Boris Grebenchtchikov, el líder del grupo Aquarium, formado en 1972, que calificó de "locura pura" la invasión de Ucrania decidida por Vladimir Putin.

Para todos estos artistas que han huido de Rusia, las redes sociales se volvieron una herramienta indispensable de resistencia y oposición contra el discurso oficial de las autoridades rusas, según el cual se trata de una guerra únicamente destinada a "desnazificar Ucrania".

"Boris Grebenchtchikov se fue porque pensaba que podría tener más fuerza en el extranjero", explica Clementine Fujimura, profesora de antropología en la Academia Naval de Annapolis y especialista en Rusia. "Así puede seguir dando conciertos y publicando nuevas canciones en Telegram, Instagram y Facebook".

El guitarrista y cantante publicó recientemente dos piezas que evocan la tragedia de la guerra en Ucrania: ‘Obidaba’ y ‘Vorozhba’, un título sombrío en el que Boris Grebenchtchikov habla de embrujos que hacen "crecer ataúdes en nuestro corazón" como si no "hubiera un mañana".

Los que se han quedado

Por su parte, otros músicos que también se oponen a la guerra tomaron la decisión de quedarse en Rusia, pero están pagando el precio. El monstruo sagrado del rock ruso, Iouri Chevtchouk, es uno de ellos. En mayo pasado, en un escenario de Ufá, una ciudad en el centro de Rusia, el vocalista del grupo DDT dio qué hablar al declarar que "el patriotismo no es besar el culo del presidente todo el tiempo".

La estrella de 65 años, muy crítica frente al régimen de Vladimir Putin desde hace varios años, también se lamentó por los "jóvenes de Ucrania y Rusia que mueren (…) a causa de los planes napoleónicos de nuestro César". Desde entonces, todos sus conciertos han sido anulados y el cantante es perseguido por haber desprestigiado al ejército.

Adoptada a principios de marzo, una semana después de la invasión rusa de Ucrania, una ley particularmente represiva permite condenar hasta con 15 años de cárcel la difusión de "informaciones falsas" sobre el ejército ruso. Bajo estos cargos fue detenida la artista y activista Alexandra Skochilenko. Su crimen: haber reemplazado en los supermercados las etiquetas con los precios por mensajes antiguerra.

Para escapar de la cárcel, otros han logrado huir a toda prisa. En mayo pasado, Maria Alekhina, integrante del grupo punk feminista Pussy Riot, se disfrazó de repartidora de comida para evadir la vigilancia de la policía y poder llegar hasta Lituania, según reportó The New York Times.

"Mientras no esté en peligro, me quedaré aquí", declaró por su parte la cantante Manija, entrevistada por RFI. "Creo que en Rusia hay muchas personas que comparten mi punto de vista", explicó la representante de Rusia en Eurovision 2021. Desde que tomó posición en contra de la invasión rusa sus conciertos también han sido anulados uno tras otro.

De la URSS a la Rusia de Putin

¿Irse del país para seguir alzando la voz o quedarse para sufrir con los suyos, bajo el riesgo de perderlo todo? El dilema que enfrentan actualmente los artistas rusos recuerda al de sus gloriosos ancestros perseguidos durante la era soviética, en particular bajo Stalin.

"Durante el periodo soviético algunos artistas se fueron del país, pero a menudo los retenía un sentimiento de culpa porque estaban dejando atrás a sus compañeros y a sus conciudadanos", explica la investigadora Clementine Fujimura, añadiendo que la población rusa a menudo ha cuestionado la fidelidad de algunos artistas en el exilio. "El escritor Alexandre Soljenitsyne [NDLR: encarcelado durante ocho años en el gulag en 1945] es un buen ejemplo. Cuando volvió de su exilio en 1994, algunos le reprocharon no haber regresado antes".

En el contexto actual de represión de las voces disidentes en Rusia esos planteamientos han vuelto a surgir. Después del estallido de la guerra en Ucrania, la cantante Diana Arbenina de Night Snipers, un grupo de rock emblemático de los años '90, prometió no irse del país, citando un poema de Anna Ajmátova de 1922: "Estaba con mi pueblo, ahí donde estaban mi pueblo y su desgracia".

"La mayoría de los artistas que sigo en redes sociales no tienen intención de irse. Quieren quedarse, incluso aunque los hayan multado, tengan prohibido dar conciertos o los hayan amenazado", asegura Clementine Fujimura. "El poder ruso siempre ha tenido miedo de las personas que se atreven a hablar a través de las redes sociales o de cualquier otro medio porque tienen la capacidad de hacer que las consciencias evolucionen".

No obstante, cada vez resulta más difícil vivir como artista en Rusia. Lejos de conformarse con acallar las voces disidentes, el Kremlin también quiere imponer dentro de las instituciones emblemáticas del país su visión de una cultura al servicio del discurso nacional.

A finales de junio, los directores del teatro Sovremennik de Moscú, de la Escuela de Dramaturgia Contemporánea y del Centro Gogol fueron abruptamente destituidos de sus cargos. "Desde el punto de vista del arte no solo se trata de un sabotaje, es un asesinato", consideró Kirill Serebrennikov, director artístico exiliado del Centro Gogol, que contribuyó a convertir ese teatro de vanguardia en uno de los escenarios más admirados del país.

En las últimas semanas, un total de veinte directores de teatro también fueron despedidos. Suficiente para preguntarse por el futuro de una cultura disidente en Rusia, que parece estar cada vez más en peligro.

Artículo adaptado de su original en francés.

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