EXCLUSIVO | Dentro de una prisión talibán. De nuestra enviada especial

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Combatientes talibanes nos guían en la entrada a la prisión de Pul-e Charkhi, una instalación de alta seguridad en las afueras de Kabul. Utilizado por los Estados Unidos durante su presencia en Afganistán, el complejo fue apodado "Guantánamo" y solía albergar a un número estimado de 2.500 combatientes.

Ahora son los guardianes de este lugar. Y nos han invitado a visitarlo. La mayoría de las celdas están vacías. Para estos hombres son recuerdos de la humillación y -dicen- la injusticia que sufrieron los talibanes en el pasado.

Las condiciones distaban mucho de ser ideales... Explican que las celdas estaban superpobladas y utilizan la palabra repugnante para describir cómo se mantenía a los prisioneros. Ahora que los talibanes han tomado el control de Afganistán, dicen que hay unos 60 prisioneros en este complejo. Y que están siendo tratados de forma justa.

"Estamos tratando de mantener los índices de criminalidad bajos. Y las medidas se anunciarán en una semana más o menos", explica el director de la prisión Sharafatullah Hozaifa.

Hozaifa, que dice haber estado con los talibanes desde el inicio del movimiento, acaba de ser nombrado director aquí. Mientras aprende a desenvolverse en su nuevo puesto, el comandante Hozaifa repite el mensaje que los talibanes han transmitido: todo está perdonado y es hora de un nuevo capítulo.

"No queremos venganza. Se ha anunciado una amnistía. Todos los afganos que fueron soldados o policías han sido perdonados", cuenta el director.

Pero al continuar el recorrido, los presos nos cuentan una historia diferente. Finalmente se nos permitió hablar con, Mohammed, un joven de 22 años, residente en Kabul, a través de una puerta metálica: "Éramos cuatro y fuimos a un hotel. Queríamos comprar comida. Cada pollo costaba 200 afganis. Y compramos dos. Y pan. La cuenta era de 500 afganis. Pero el hotel dijo 750. Y yo dije que no, ¿por qué 250 más? Dije que no tenía nada más de dinero, y les pedí que se queraran mi teléfono para poder ir a buscar más dinero. Y entonces vino el soldado Badri, nos golpeó y nos trajo aquí.

Nadie quiere estar en una prisión. Ya no queremos estar aquí. Queremos estar con nuestras familias. No somos criminales. No tienen ninguna prueba de nuestros crímenes. Cada día aquí es como un año.

Si algún musulmán escucha mi voz. Soy inocente y estoy aquí. Aceptamos el Emirato Islámico. Aceptamos el Islam y el Corán. Y nadie vino aquí a preguntar por nosotros". La familia de Mohammed probablemente no sabe dónde está. Y los guardias talibanes no nos dijeron por cuánto tiempo lo retendrían aquí.

Mientras nos escoltaban fuera de Pul-e Charkhi, hablaban de un Afganistán nuevo y justo en el que todos sean tratados con justicia. Pero lo que muchos se preparan para descubrir, es qué tipo de justicia impartirá el grupo.

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