Europa se reinicia: empieza el proceso para cambiar sus Tratados fundacionales

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Campaña de los fondos Next Generation de la UE en el edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea, en Bruselas. (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)
Campaña de los fondos Next Generation de la UE en el edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea, en Bruselas. (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)

Campaña de los fondos Next Generation de la UE en el edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea, en Bruselas.  (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)

La Unión Europea bulle. Ha pasado y está pasando por uno de los periodos más duros de su historia, con la pandemia de coronavirus y la guerra en Ucrania obligándola a ponerse ante el espejo y aclarar qué y cómo quiere ser en los próximos tiempos. Ha tenido que unirse (pese a los díscolos), ha tenido que romper tabúes (de la deuda conjunta a las armas para Kiev) y, también, ha tenido que hacer examen de conciencia, de fondo, para cambiar cosas y estar a la altura de los retos.

Entre los Veintisiete se ha creado un consenso evidente sobre la necesidad de retocar los Tratados fundacionales de la UE, que se han quedado obsoletos porque los tiempos han cambiado. La realidad se impone y la evolución es irrenunciable. Ahora hay que saber lo que hay que remozar, los plazos, la hondura. Los dolores de crecimiento están previstos, pero habrá que aguantarlos, porque estancarse en morir, no ser útiles, no aportar.

El primer paso hacia la reforma de los tratados se dio el pasado jueves en el pleno del Parlamento Europeo, donde los diputados solicitaron a los países de la Unión que convoquen una convención para revisar los textos, “en vista de las crisis actuales y recientes”. Dos son los objetivos fundamentales: ganar en competencias legislativas y tener mayor operatividad, sobre todo, modificando el sistema de mayorías. Hablan de “reforzar la capacidad de actuación de la UE” mediante la reforma de los procedimientos de votación y de “adaptar las competencias atribuidas a la UE” en ámbitos como la salud, la energía, la defensa y las políticas económicas y sociales”.

También proponen reforzar el artículo mediante el que se puede disciplinar a los Estados miembros que no cumplen con los valores básicos de la Unión Europea, para “precisar la constatación y las consecuencias” de estas violaciones, vistos los casos díscolos de Polonia o Hungría de los últimos años, y otorgar a la Eurocámara más capacidad negociadora sobre el presupuesto de la UE y derechos de iniciativa, modificación y derogación legislativas.

La última vez que los países de la UE acordaron un cambio importante en el bloque fue en 2007, con el Tratado de Lisboa.

Miembros del Parlamento Europeo participan en una votación, en la sesión plenaria del pasado 8 de junio. (Photo: FREDERICK FLORIN via Getty Images)
Miembros del Parlamento Europeo participan en una votación, en la sesión plenaria del pasado 8 de junio. (Photo: FREDERICK FLORIN via Getty Images)

Miembros del Parlamento Europeo participan en una votación, en la sesión plenaria del pasado 8 de junio.  (Photo: FREDERICK FLORIN via Getty Images)

Punto por punto

En una resolución aprobada por 355 votos a favor, 154 en contra y 48 abstenciones, los diputados apuntan una a una las modificaciones que proponen, 49 propuestas que engloban más de 300 medidas en nueve áreas temáticas, basadas en las 178 recomendaciones de los paneles ciudadanos europeos, la contribución de los eventos y paneles nacionales, las ideas del evento europeo de la juventud y 43.734 aportaciones recogidas en la plataforma digital multilingüe.

Especial empeño han puesto los europarlamentarios en la petición de reformar los procedimientos de votación en el Consejo para reforzar la capacidad de actuar de la UE, incluida la supresión de la unanimidad -y el paso a la votación por mayoría cualificada- para, por ejemplo, la adopción de sanciones, las llamadas cláusulas pasarela y para emergencias. Ha sido una pelea constante en estos meses de invasión rusa de Ucrania y de castigo al Gobierno de Vladimir Putin, porque la obligatoriedad de que todos vayan a una ha retrasado decisiones de peso, como la de la exclusión de Rusia del sistema SWIFT o el veto al petróleo y el gas y hasta los colaboradores del Kremlin sancionados.

Luego está el capítulo de las competencias de la UE, que se deben adaptar “especialmente en el ámbito de la salud y las crisis sanitarias transfronterizas”, para completar la Unión energética basada en las renovables y la eficiencia, en línea con los acuerdos internacionales contra el cambio climático, en la defensa, y en las políticas económicas y sociales. La pandemia ha puesto de manifiesto que tener 27 sistemas sanitarios distintos cuando hay una emergencia no es factible, no ayuda a la toma rápida de decisiones, y por eso la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lleva meses poniendo en acento en la necesidad de un bloque de competencias sanitarias de todos.

Igualmente, se pide asegurar que el Pilar Europeo de Derechos Sociales se desarrolla plenamente y se incorpora el progreso social, vinculado al Protocolo sobre progreso social, a los tratados, y hacer a la economía de la UE más resiliente, con especial atención a las pymes y la competitividad, y promover la inversión para una transición digital, verde y justa.

El texto del Europarlamento pide dotar al Parlamento del derecho a proponer, enmendar o revocar legislación, y darle todos los derechos como colegislador en la tramitación del presupuesto, y consolidar el procedimiento para proteger los valores fundamentales y clarificar las consecuencias de infringirlos (todo fijado en el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea y la Carta de Derechos Fundamentales).

Fijado el qué, toca ver el cuándo. Ahora que el Parlamento Europeo ha pasado así la pelota al tejado de los Estados, serán ellos los que tendrán que decidir por mayoría cualificada si convocan o no una convención para abordar la reforma. En este órgano se reunirían representantes de los países, de los parlamentos nacionales, de la Eurocámara y de la Comisión para elaborar una propuesta de un nuevo tratado, que todos los países de la UE deben aprobar por unanimidad, dada su importancia. Se espera que este sea uno de los ejes centrales de la próxima cumbre comunitaria, que se celebrará los próximos 23 y 24 de junio.

Por supervivencia

Ya en la ceremonia de clausura del Día de Europa, el pasado 9 de mayo, en Estrasburgo, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, el presidente francés, Emmanuel Macron -cuyo país ostenta la presidencia rotatoria de la Unión- y la presidenta de la Comisión, Von der Leyen, recibieron el informe final de recomendaciones, con la conciencia común de su necesidad.

Von der Leyen, nacida en Bruselas, hija de un alto funcionario que asistió a la firma del Tratado de la UE en Roma, respalda con vehemencia la necesidad de cambiar. “Siempre argumenté que votar por unanimidad en algunas áreas clave simplemente ya no tiene sentido si queremos ser capaces de movernos más rápido”, dijo en su discurso ante el Parlamento Europeo. “Tenemos que mejorar la forma en que nuestra democracia funciona, en forma permanente”, defendió.

“Ustedes nos han dicho hacia dónde quieren que vaya esta Europa. Y ahora nos toca tomar el camino más directo hasta allí. Usando los límites completos de lo que podemos hacer dentro de los tratados y, sí, cambiando los tratados donde sea necesario”, enfatizó.

Macron fue más allá y dijo que “la UE, teniendo en cuenta su nivel de integración, no puede ser a corto plazo el único modo de estructurar el continente europeo” y propuso la constitución de una “comunidad política europea” a la que se puedan integrar naciones que compartan los mismos valores, pero que no pueden adherirse de manera rápida al bloque, como es el caso de Ucrania. Es otra de las piedras de toque del debate: si se toca o no se toca el proceso de adhesión.

El galo propuso una “comunidad política” permitiría “a las naciones democráticas que se asocian a nuestra base de valores encontrar un nuevo espacio de cooperación política, de seguridad” y también en otras áreas como la energética, el transporte y la circulación de personas, argumentó el mandatario. El objetivo clave de su propuesta sería la preservación de la unidad continental sin poner en peligro “la fuerza y la ambición” del bloque, pasados ya procesos lesivos como el Brexit.

Días antes, el italiano Mario Draghi había dado otro discurso en el Europarlamento que ahora se cita como referencia de lo que hay que hacer. “Si esto requiere el inicio de un camino que lleve a la revisión de los tratados, debemos aceptarlo con valor y confianza”, indicó, a propósito de la guerra ucraniana.

El problema es que 13 de los 27 países de la UE rechazan hoy la puesta en marcha de un procedimiento para cambiar los Tratados. “No estamos a favor de los intentos irreflexivos y prematuros de poner en marcha” dicho procedimiento, escribieron países como Polonia, Rumanía y Finlandia.

Mucha tela que cortar, muchos detalles que afinar, pero una verdad insoslayable: los nuevos tiempos necesitan de una nueva Europa y por los Tratados empieza el viraje.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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