"¡Europa o morir!": los migrantes africanos en Túnez decididos a hacer la travesía

Kaouther LARBI
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Aminata Traouré perdió a su bebé, a su hermana y a su sobrina en un naufragio. Pero esta marfileña que trabajaba en Túnez quiere, pese a todo, intentar de nuevo la travesía clandestina hacia Europa, única perspectiva de futuro, según ella.

Las salidas de Túnez llegaron en 2020 a un máximo sin precedentes, y la tendencia se mantiene. Y la mayoría de los candidatos al exilio no son solamente tunecinos.

Los extranjeros, esencialmente de África subsahariana, representan el 53% de los migrantes llegados desde Túnez a Italia en el primer trimestre de 2021, según la ONG Foro tunecino de Derechos económicos y sociales (FTDES).

En dos meses, una serie de naufragios frente a las costas de Sfax, en el centro-este de Tunez, principal punto de partida según la ONU, han causado un centenar de muertos, en su mayoría marfileños, guineanos o burkineses.

Cuando la embarcación de Aminata Traouré naufragó, junto a otra, el 9 de marzo, se encontró en el agua con unos 200 migrantes. Hubo 39 muertos, entre ellos su hija de 15 meses.

"Abandonar Túnez podría atenuar mi dolor" dice a la AFP esta mujer de 28 años, con la mirada perdida. "Voy a intentarlo otra vez", anuncia.

- Jugarse la vida -

"Pese a los naufragios, seguimos dispuestas a jugarnos la vida" asegura a su lado Prista Koné, otra marfileña de 28 años, cuya embarcación fue interceptada en 2020.

Cuando Prista llegó a Túnez en 2014, esperaba proseguir sus estudios de gestión comercial y recursos humanos, pero tuvo que abandonarlos por falta de medios

Entonces trabajó con empleada doméstica y descubrió la "magnitud del racismo". "¡La señora me pedía que no tocara a los niños porque era negra! En la calle la gente me llamaba +Kahlouch+ ('oscurita', NDLR) o mono, y me tiraban piedras".

Ese relato aviva la rabia de sus compatriotas, hacinados en una pequeña habitación de Chichma, barrio popular de Sfax, donde comparten una sopa a base de pavo caducado y arroz.

"Para ellos ¡es Europa o la muerte!", subraya Oumar Coulibaly, presidente de la Asociación de marfileños, basada en Sfax. Evalúa en 20.000 el número de subsaharianos en Túnez, de los cuales 60% son marfileños.

Para muchos, estos migrantes "representan la esperanza de su familia", agrega.

Según Alaa Talbi, presidente del FTDES, las salidas hacia Europa aumentan también entre los extranjeros que han venido a Túnez a trabajar ya que "ni el marco legal ni el marco cultural favorecen la integración".

Además, a estas dificultades crónicas se han añadido desde 2019 las crisis política y social, y luego las restricciones sanitarias que han golpeado de lleno los empleos precarios del turismo o de la restauración. Y estas sombrías perspectivas no solo impulsan a partir a los extranjeros, sino también cada vez a más tunecinos.

- Túnez, en lugar de Libia

Los traficantes de personas prometen alojamiento y trabajo fácil en Europa, según la organización Caritas, y los extranjeros se hacen frecuentemente a la mar en invierno, cuando la travesía es más barata.

Para Alaa Talbi, el número de extranjeros que emigran desde Túnez ha aumentado debido a "los acuerdos entre Italia y las milicias libias, que han complicado las salidas desde Libia", país vecino de Túnez, desde hace dos años.

Así, muchos optan por Túnez, donde son cada vez más numerosos los migrantes en tránsito que aspiran a llegar a Europa.

Para Sozo Ange, una marfileña de 22 años, permanecer en Túnez significa en el mejor de los casos "trabajar como empleada doméstica", compartir un estudio con al menos cinco personas y comer mal y poco.

"¡Me iré de aquí, cueste lo que cueste!" dice, mientras amamanta a su hijo

Su marido, Inao Steave, de 34 años, empleado en una panadería es igual de claro: "Mi hijo no puede crecer en estas condiciones. Somos conscientes de los riesgos pero no nos queda otra opción: ¡morir o vivir en Europa!"

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