Eunice Foote, la desconocida descubridora de los gases de efecto invernadero

Equipamiento empleado por John Tyndall para el estudio de los aerosoles en 1859. (Crédito imagen Wikipedia).

El papel de la mujer en la historia ha sido relegado a un segundo plano a manos del hombre, esta es una verdad incontestable de la que solo ahora parecemos darnos cuenta. El mundo de la ciencia, tan a la vanguardia muchas veces en eso de propiciar cambios de mentalidad, no fue ajeno a este encubrimiento sistemático de la importancia de cualquier trabajo efectuado por una mujer.

Este año de 2019, se celebra por ejemplo el segundo centenario del nacimiento de una mujer de la que probablemente no hayáis oído hablar nunca. Se llamaba Eunice Foote, y nació en Goshe, Connecticut, EE.UU. el 17 de julio de 1819.

Es probable que si buscáis en internet información sobre el primer científico en probar el efecto invernadero, os encontréis con el trabajo de John Tyndall. Este renombrado físico irlandés, demostró en 1859, desde la capital del imperio británico, que algunos gases, como el vapor de agua o el dióxido de carbono, calientan el clima cuando están presentes en la atmósfera.

Lo que la historia ha obviado, y ahora comenzamos a averiguar, es que 3 años antes, la pionera Eunice Foote, mostró en público un trabajo que demostraba exactamente lo mismo. Su trabajo, se presentó en agosto de 1856 durante una prestigiosa conferencia científica que tuvo lugar en Saratoga Springs, Nueva York.

En aquel evento, la octava reunión anual que organizaba la AAAS (Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia) Foote no pudo presentar personalmente los resultados de su investigación. A pesar de que la AAAS permitía miembros del sexo femenino, no se les daba reconocimiento como socios ni como científicos profesionales. Por este motivo, Eunice tuvo que recurrir a John Henry, de la Institución Smithsonian, para que leyera su trabajo. Las palabras que Henry añadió como prefacio a la lectura fueron sin duda una declaración de intenciones, aunque nadie pareció seguirlas: “la ciencia no pertenece a un solo país o a un solo sexo. La esfera de la mujer no solo abarca lo bello y lo útil, sino también lo verdadero”.

¿Sirvió de algo aquel trabajo? Lamentablemente no, ya que su estudio no se incluyó ni siquiera en las actas de la conferencia, aunque un resumen del mismo apareció un año más tarde publicado en un informe sobre el evento.


Portada de la edición de 1856 de la revista American Journal of Arts and Science en la que Eunice Foote publicó su vanguardista trabajo sobre los gases invernadero. (Crédito: Universidad de California, Santa Barbara).

Debemos preguntarnos si el irlandés John Tyndall tenía constancia del trabajo de Eunice Foote cuando publicó sus resultados tres años más tarde y decidió no mencionarla deliberadamente, o si efectivamente desconocía los trabajos de la norteamericana. Sea como sea, el trabajo deTyndall fue rápidamente aceptado como una “piedra fundacional” de la investigación climática, mientras que la conferencia de Foote apenas recibió atención en forma de “nota a pie de página”. Curiosamente, ni siquiera se conservan imágenes de esta pionera.

Una verdadera tragedia que volvería a repetirse en múltiples ocasiones. ¿Sabéis por ejemplo que el Premio Nobel de física del año 1903, que recibió conjuntamente el matrimonio Curie por sus trabajos sobre el radio, inicialmente dejaba fuera a la polaca Marie? Únicamente por la obstinación de su marido Pierre, que amenazó con rechazar el premio si no se la incluía, se logró corregir la tremenda injusticia.

En fin, desde aquí mi pequeño homenaje a todas las científicas que han sido silenciadas por el sexismo imperante en la sociedad durante la mayor parte de la historia.

Me enteré leyendo The Guardian y QZ.