Un estudio detecta alteraciones en el cerebro de los niños obesos

·4 min de lectura

Barcelona, 9 jun (EFE).- Un estudio del Hospital del Mar y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha descubierto alteraciones en el cerebro de los niños con obesidad, en las mismas áreas cerebrales donde se origina el trastorno obsesivo-compulsivo.

La investigación, la primera de estas características que se hace en niños y cuyos resultados publica la revista 'Cerebral Cortex', ha analizado imágenes del cerebro de 230 niños de entre 8 y 12 años obtenidas con resonancia magnética, pero no ha podido determinar si la obesidad genera las alteraciones cerebrales o son estas alteraciones las que causan sobrepeso y obesidad.

La obesidad se vincula, de forma general, a los malos hábitos alimentarios y a la disponibilidad de alimentos altamente calóricos y agradables al paladar, pero este estudio, liderado por investigadores de la Unidad de Investigación en Resonancia Magnética del Servicio de Radiología del Hospital del Mar y del ISGlobal, centro impulsado por la Fundación "la Caixa", ha revelado que hay más elementos implicados.

En concreto, gracias a imágenes obtenidas con resonancia magnética funcional, han visto que hay determinadas zonas del cerebro de los niños obesos que presentan alteraciones si se comparan con niños de la misma edad con peso normal o sobrepeso.

"La obesidad en general y, en particular, la infantil, se enfoca como un mal hábito y señala determinados alimentos como responsables, pero no es del todo así", ha explicado Jesús Pujol, responsable de la Unidad de Investigación en Resonancia Magnética.

El estudio ha permitido detectar "un salto cualitativo en los niños y niñas, de un mal hábito en el caso del sobrepeso a una 'enfermedad' cerebral en forma de alteración funcional cuando el sobrepeso pasa a ser obesidad. Es claramente una obsesión por el comer", ha apuntado el especialista.

Analizando las imágenes del cerebro de los 230 niños y niñas voluntarios, los investigadores han visto que hay dos zonas que tienen alteraciones y se encuentran hiperexcitadas: la corteza orbitofrontal y la amígdala, que regulan las sensaciones de recompensa y castigo y las necesidades básicas, como la comida y las emociones, y la corteza somatosensorial, donde el cerebro representa la imagen de nuestro propio cuerpo.

Según los investigadores, es la primera vez que se hace un estudio de este tipo en menores de edad y se documentan estas alteraciones en niños y niñas que padecen obesidad.

Estas alteraciones son iguales a las de las personas que padecen un trastorno obsesivo compulsivo y aquellas que tienen la enfermedad de Prader-Willi, de origen genético, que produce un trastorno obsesivo y deriva en obesidad.

"El niño obeso es un niño que sufre mucho su problema y sufre la idea obsesiva alrededor de la comida, y la comida no lo tranquiliza, no disfruta, solo le quita la ansiedad de forma parcial", ha puntualizado la investigadora Laura Blanco-Hinojo.

Según los investigadores, la alteración del sistema que regula la conducta se puede considerar que llega al nivel de patología cerebral, lo que hay que tener en cuenta a la hora de abordar estos casos.

"La intervención terapéutica es totalmente necesaria, no se puede dejar pasar", ha recalcado el psicólogo Gerard Martínez-Vilavella, de la Unidad de Investigación en Resonancia Magnética del Hospital del Mar.

"En el sobrepeso hay alteraciones cuantitativas que indican que el cerebro funciona diferente, pero en el caso de la obesidad ya entra en la categoría del hecho patológico", añade.

El hecho de tener hiperexcitadas estas zonas del cerebro provoca una ansiedad permanente en los niños con obesidad y, a la vez, altera la misma percepción del cuerpo, magnificándola, por lo que recomiendan un abordaje multidisciplinar de estos casos, teniendo en cuenta que estos niños se encuentran aún en un momento de formación de su personalidad y de las estructuras y conexiones cerebrales.

Según Jordi Sunyer, investigador de ISGlobal, "la alta prevalencia de obesidad infantil es una de las mayores epidemias del siglo XXI. El descubrimiento de alteraciones en el funcionamiento del cerebro en las áreas relacionadas con la recompensa y la visión del cuerpo de estos niños y niñas indica que su tratamiento debe ser dirigido también al nivel individual".

"Con todo -ha añadido-, no se puede obviar que la gran disponibilidad de alimentos hipercalóricos, el exceso de pantallas y vida interior, la movilidad pasiva, son determinantes ambientales a los que también hay que dirigirse".

Según un estudio del ISGlobal y del Instituto IDIAPJGol hecho con más de un millón de niños, un 38 % de las niñas de entre 6 y 11 años de Cataluña sufren sobrepeso u obesidad, cifra que alcanza el 40 % entre los niños de la misma edad.

(c) Agencia EFE

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente