Estudiantes Tel Aviv: el fútbol como vía de apoyo a solicitantes de asilo africanos en Israel

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Decenas de miles de solicitantes de asilo procedentes de África, principalmente de Sudán y Eritrea, sufren un abandono institucional por parte de Israel. Exiliados por la violencia en sus países, el Estado israelí los deja en un limbo legal, que los empuja a malas condiciones de vida y de trabajo. Frente a esto, la filial del club argentino Estudiantes de La Plata es una de las entidades que les brinda asistencia y les ayuda en su integración, siempre a través del fútbol.

El fútbol puede ser una herramienta de transformación social. Aunque sea un precepto largamente repetido, no deja de ser verdad. El deporte, en general, lo es. Pero por su carácter global, el fútbol se pone a la cabeza como un instrumento de cohesión, de ruptura de barreras. Detrás del árbol de su hipermercantilización, hay un bosque, el del fútbol como servicio, que no debe ser tapado.

"Es una forma de vivir la vida", afirma Musa Abulgasim. Para él, la pelota ha estado presente a lo largo de sus 27 años: en Sudán, mientras soñaba con escapar de la violencia; y en Israel, donde llegó en 2015 como solicitante de asilo, solo para encontrarse con un vacío institucional que puso a prueba su perseverancia.

Frente a un Estado que lo consideraba un "infiltrado", Musa construyó su camino gracias a personas e instituciones que le ayudaron. En su integración, fue clave un equipo de fútbol con acento latinoamericano: Estudiantes Tel Aviv, la filial israelí del club argentino Estudiantes de La Plata, que, al margen de lo deportivo, se dedica a asistir a solicitantes de asilo de África.

La exclusión en la que viven los solicitantes de asilo en Israel

Cuando cuenta su historia, Musa habla con calma para reconstruir todos los detalles. De Sudán huyó con lo justo y se lanzó a una travesía de 16 días por el desierto del Sinaí para cruzar Egipto y llegar a Israel el 11 de enero de 2015. "Sufrimos mucho", confiesa, y recuerda que prácticamente no tenían para comer ni beber.

El viaje lo emprendieron 28 personas. Dos fueron asesinadas por tiroteos en el Sinaí y otras dos sufrieron heridas graves y fueron hospitalizadas al cruzar la frontera a pie. Al resto los trasladaron a la prisión de Saharonim, una cárcel para solicitantes de asilo africanos en el desierto del Néguev, que Musa recuerda como un "lugar cerrado", en el que apenas alcanzaba la comida y el agua y los sometían a interrogatorios para saber cómo y por qué llegaron al Estado hebreo.

Luego de seis meses, Musa fue derivado al centro de detención a cielo abierto de Holot, una "especie de gueto (cerrado en 2018) al que llegan personas de todo el mundo", en el que estuvo retenido un año, antes de ser liberado a su suerte, sin tener vivienda, ni saber hebreo ni contar con un permiso para trabajar o estudiar.

"Cuando salí de ahí, me pregunté dónde están los derechos humanos", dice Musa, quien recalca que no sufrió violencia física por parte de los oficiales, pero sí sufrió "la incertidumbre de no saber si te van a enviar de vuelta a tu país o te van a dejar entrar". "Desconfían de ti, entonces toda la ayuda que pides y necesitas recibir, no te la dan", agrega.

Esa realidad es la de más de 30.000 solicitantes de asilo en Israel, la mayoría provenientes de Sudán y Eritrea. Ellos viven en un limbo legal, alimentado por el Estado israelí, que les reconoce el peligro de volver a sus países (cumpliendo así el principio de no devolución de la Convención de Refugiados), pero evita legalizarlos. La protección temporal los deja a merced de peores condiciones de trabajo y de vida, así como discriminación.

Menos del 1% de los solicitantes de asilo africanos han recibido el estatus de refugiados en Israel y, desde hace algunas semanas, Musa forma parte de ese grupo privilegiado. Para llegar a esa situación, pasó por empleos temporales –en la Municipalidad de Tel Aviv y en un restaurante– y sorteó las barreras para poder aprender hebreo.

En ese camino, el fútbol fue un soporte: primero integró un equipo de sudaneses, antes de incorporarse a Estudiantes Tel Aviv, conjunto al que conoció en una derrota por 6-2. La goleada en contra fue una anécdota para Musa, que observó cómo esa formación combinaba a refugiados africanos con israelíes e inmigrantes latinoamericanos. Para él, se trataba de una oportunidad de "conocer más gente, abrirme" y dar un paso más en su integración.

Estudiantes Tel Aviv, más que fútbol, "un marco social"

Cuando dos grupos de fanáticos de Estudiantes de La Plata en Israel crearon la filial 'Ruso Prátola' (exjugador del 'Pincha' que falleció en 2002, a los 32 años, por un cáncer de colon), pocos imaginaban la dimensión que alcanzaría. "Te mentiría si te dijera que era la visión que teníamos", admite Eliel Nehmad, fundador y presidente de la entidad.

Sin embargo, en poco más de cinco años, lo que supo ser un equipo de amigos se convirtió en un conjunto multicultural que colabora con dos ONG para brindar apoyo y asistencia a refugiados y solicitantes de asilo africanos, además de a inmigrantes latinoamericanos.

Las autoridades del club argentino les propusieron fundar la filial, con el fin de llevar una misión comunitaria al menos una vez al año. Pero la labor se transformó en permanente para Estudiantes Tel Aviv, cuyos miembros se las ingenian para ayudar económica y moralmente a todos los jugadores, inclusive, a veces, a sus familiares.

Claro que los solicitantes de asilo de África son los más vulnerables, por carecer de estatus legal o dinero para atención médica, con pruebas muy costosas.

Eliel explica que "no tienen seguro social o la posibilidad de estudiar en cualquier lugar como sí podría un inmigrante o un israelí". "Estamos ahí para ayudarles a que salgan adelante, a que encuentren los trabajos, a que logren entrar a estudiar a ciertos lugares para que puedan progresar", añade.

En esa tarea, Estudiantes Tel Aviv formó dos alianzas. La primera, de larga data, con Elifelet, que se enfoca en las necesidades de los niños solicitantes de asilo en Israel; la segunda, sellada en 2021, es con la Fundación BINA, que les ofrece a los exiliados clases semanales de diversas temáticas.

Dentro de la cancha, bajo las órdenes del entrenador Udy Grimberg, la plantilla heterogénea, que reúne a argentinos, colombianos, israelíes, sudaneses y más, se entrena cada jueves para competir los fines de semana en la Liga Regional IFLI, de carácter amateur.

En los diálogos se mezclan el español, el hebreo o el árabe, pero en el campo "el fútbol es el lenguaje", como valora Matías Nahuel Pomeranz, jugador argentino que migró a Israel hace 8 años. "Una vez que te ponés acá en el césped, entrás a jugar, no importa si hablás un idioma u otro, el fútbol es como un lenguaje aparte y se rompe esa barrera", remarca.

Para sus fundadores, crear "un marco social alrededor de un equipo de fútbol" es una manera de "seguir la escuela de Estudiantes", como explica Alberto Kraselsky, uno de los pioneros devenido en hincha de la filial. "La idea es agrupar todo tipo de gente, no importa religión, no importa de dónde vienen, y tratar de ayudarles en lo que se pueda, para cubrir sus necesidades. El marco es un equipo de fútbol que tiene un objetivo común, en el que todos tiramos para adelante con las mismas ideas", sentencia.

A su lado, Silvio, otro de los pioneros, agrega que el objetivo es que los integrantes de la filial tengan un "sentido de pertenencia" y considera que Estudiantes de La Plata "es una familia".

El premio mayor para Estudiantes Tel Aviv, más allá de títulos como la Copa de Verano que consiguió en junio pasado, es el progreso de quienes pasan por sus filas. Es el caso de Muhammad Mo Daoud, el primer africano que se incorporó al equipo y que hace menos de un año logró emigrar a Estados Unidos, donde se encuentra estudiando y jugando en una academia de fútbol universitaria.

Tras los pasos de Musa y Muhammad, y gracias al boca en boca, se siguen acercando más solicitantes de asilo para sumarse al proyecto y, sobre todo, conseguir una contención frente al abandono y dejadez del Estado israelí.