Una estudiante española en China relata lo que ha vivido por la política cero covid: "Una odisea"

Una de las colas masivas de test.
Una de las colas masivas de test.

Una de las colas masivas de test.

María Álvarez (nombre ficticio, ya que no quiere dar su identidad real) volvió a China el pasado 25 de octubre para terminar la carrera universitaria que está cursando en el país asiático. Esta joven española, tras más de dos años realizándola online desde España debido al covid, se vio obligada a regresar para completar las asignaturas que le faltan, que son presenciales.

Desde que pusiera un pie en suelo chino, el coronavirus ha vuelto a su vida de manera directa. Si en España la nueva normalidad ya está más que implantada y asumida, en el gigante oriental no, sigue anclado en las medidas del cero covid. Hasta ahora, ya que parece que esta estrategia puede tener fecha de caducidad.

Tras las protestas en ciudades como Pekín, Cantón (sureste) o Shanghái (este), la viceprimera ministra Sun Chunlan, la encargada de supervisar la política de cero covid, ha asegurado que se han “creado las condiciones para que China ajuste las medidas contra la pandemia”.

Sin embargo y aunque las restricciones puedan suavizarse en un futuro, la joven española no deja de verse implicada y va superando escollo tras escollo.

Para llegar a China, un proceso que no duda en tildar de “odisea”, tuvo que rellenar un papeleo que precisamente no era escaso, se tuvo que someter a multitud de pruebas en el aeropuerto, tanto de covid como de desinfección, y ver dónde se alojaba en la cuarentena que tenía que hacer.

Tras pasar este encierro de siete días, tuvo que volar a Cantón, la ciudad donde tiene su campus. Su vuelo lo suspendieron dos veces y acabó viajando en tren. Pero los problemas no iban a terminarse por mucho que hubiera llegado al campus.

“La universidad para entrar en el campus me hizo hacer otros seis días de cuarentena extra y cuando por fin los terminé y pudo acceder, cerró el campus totalmente. Me costó mucho entrar y hasta mi director tuvo que interceder”, relata esta joven andaluza de 24 años, que no vio ahí como sus problemas se terminaban.

“El primer día que yo pude salir del campus tenía que ir a hacerme el examen médico a Cantón porque tardan varios días en darme los resultados y los necesitaba para la tarjeta de residente. Uno de los profesores de las asignaturas me dijo que no se podía faltar y, tras quejarme al responsable de los alumnos internacionales, me acabó diciendo que en las prácticas de ese día me ponía un cero, pero que me hará media con el resto”, señala.

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A las continúas cuarentenas, Álvarez, que ha visto como pasaba de vivir sin restricciones a tener otra vez todas, añade que casi se ha tenido que hacer un test diario. Primero se sometió a una PCR cada dos días, luego pasó a hacerse un test de saliva diario en el que se mezclaba la secreción bucal de diez personas y en las dos últimas semanas prácticamente otra vez test diarios. Hasta ahora, que ha cesado.

Pero en estos días, vivió un nuevo encierro fruto de un resultado sospechoso: “En uno de esos test de 10 personas, se ve que una vez salió un caso que no dio bien el resultado. Ese día nos encerraron a todos en nuestras habitaciones y fueron haciendo PCR a todo el mundo edificio por edificio porque se necesita de un resultado positivo para poder entrar a los sitios”.

“Solo por la noche nos dejaron salir a por comida y volver”, explica, mientras suenan de fondo unas sirenas que significa que se tienen que hacer el test.

Una piedra más en su camino

Cuando Álvarez se despertó el pasado 30 de noviembre se encontró con un correo de la universidad que fue una nueva sorpresa. Para evitar el colapso por los desplazamientos masivos de universitarios que se producen en China en a finales de este mes con motivo de las vacaciones del Año Nuevo, el centro adelantó el final del cuatrimestre a este pasado miércoles.

“En el campus no había casos, pero en los alrededores sí, así que la universidad estaba muy asustada por si había positivos y se producía un encierro y tenía que hacerse cargo de todo. Entre los alumnos también existía ese miedo, así que en estos días se están viendo permanentemente autobuses sacando gente a la estación, al aeropuerto, etc. Es bastante problemática la situación, porque el cuatrimestre acaba a finales de diciembre”, afirma.

La decisión de la universidad, por supuesto, afecta directamente a María. Mucho más que a alumnos chinos. Primero porque ve como las clases que tenía que recuperar se suspenden y segundo porque no puede volver a España, ya que ahora y de momento el permiso de residencia no le permite salir y volver a entrar al país, necesitaría uno nuevo. Está a la espera de que cambien las cosas o tendrá que estar hasta el 23 de febrero viajando por China o en el campus con el resto de alumnos internacionales.

“La profesora se va, los alumnos se van, así que puedes imaginar mi cara. Ella decía de entregar todo ahora y yo no voy a poder. Veremos cómo se soluciona, pero ya me ha avisado que no sabe si voy a aprobar o no”, traslada la joven, que a pesar de todos los problemas no se arrepiente de haber vuelto.

Sorprendida por los últimos acontecimientos

El hecho de que la decisión del Gobierno sea la de poder suavizar la política cero covid, incluso con los casos subiendo, la población sin inmunidad natural debido a la escasa circulación del virus, y con tasas de vacunación no elevadas, ha sorprendido a todos.

“Cuando se ha conocido que en vez de endurecerse se había pasado a lo contrario ha sido una gran sorpresa para todos. Abren los metros, restaurantes, gimnasios y los distritos se desconfinan cuando los casos empiezan a subir. Contra todo pronostico, han decidido dar libertad”, describe.

Ella, que no ha podido seguir mucho las protestas que está habiendo porque la información local es limitada, sí que puede decir que siente lo que piensan muchas de sus amigas de ahí. Cita a su mejor amiga, que es china y fiel seguidora del Gobierno de Xi Jinping.

Trata de resumir el hartazgo de la población y cambio de perspectiva de la gente personificándolo en ella: “Siempre estaba muy orgullosa de la gestión del Gobierno, decía que Occidente dejaba morir a sus ciudadanos, mientras que ellos no. No podía hablar mucho con ella e incluso he tenido pequeñas diferencias. Sin embargo, estos últimos días, cuando las restricciones seguían siendo muy, muy estrictas me contaba que ya pensaba que tenían que abrir”.

“Representa muy bien a la sociedad china y ahora ha llegado a un punto en el que dice que está cansada. Tienen sus padres un restaurante en un pueblo y cada dos por tres están confinados y cerrados. Aquí la mayoría de la gente no puede teletrabajar y no hay dinero, están subiendo mucho los precios y hay gente que directamente pasa hambre”, prosigue.

Álvarez insiste en que su amiga haya cambiado así de opinión es un fiel reflejo de lo que está ocurriendo en China en los últimos días.

Además, incluso termina señalando que su amiga ha estado mala recientemente con fiebre y ha decidido no ir al médico porque si tuviera algo que se pareciera al covid la podrían haber mandado a un campo de cuarentena.

Un giro en la política sanitaria que, con un poco de suerte, podría permitir que Álvarez pasara la Navidad en su casa, con su familia, y no sola en China.

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