Una estrategia para encontrar la vacuna para el coronavirus pasa por modificar otro virus: así funciona

La carrera por encontrar una vacuna para el SARS-CoV-2, el coronavirus causante de la enfermedad COVID-19, es frenética. Y se están probando todo tipo de estrategias, desde las más habituales hasta otras más novedosas. Entre las últimas nos encontramos con la que propone modificar un virus que no tiene nada que ver, que no afecta a humanos, pero que parece que ya ha dado buenos resultados, aunque sea en ratones.

Pero antes de detenernos en el detalle, vamos a ver una imagen general de qué se está haciendo para tratar de dar con una vacuna para el coronavirus, empezando por lo más básico: cómo y por qué funciona una vacuna.

La idea detrás de la vacunación es simple: enseñamos a nuestro sistema inmune a reconocer un patógeno, al agente causante de una enfermedad, antes de tenerla. De esta manera, cuando nos enfrentemos a la enfermedad, nuestro organismo sabrá como reaccionar y las consecuencias serán casi inexistentes.

Bien, pero ¿cómo se consigue esto? La respuesta es sencilla y al mismo tiempo muy compleja. Queremos que nuestro sistema inmune reconozca el patógeno, y para eso lo enfrentamos con el patógeno. Pero no directamente, porque causaría la enfermedad.

Así que descartamos contagiar directamente. Aún así, nos quedan posibilidades, y todas ellas se están probando. Un laboratorio en Seattle trata de usar el genoma del virus, pero sin la envoltura de proteínas, para generar inmunidad; en otro caso tratan de fortalecer el sistema inmune al completo – mediante la vacuna de la polio – para aumentar las defensas frente a cualquier patógeno; y en Australia se está tratando de cultivar las proteínas del virus, que son las que nuestros anticuerpos aprenden a reconocer cuando hay infección.

Y en el caso del que hablamos, lo que se pretende es modificar otro virus e introducirlo en nuestro cuerpo para que produzca proteínas del coronavirus y nuestro sistema aprenda a reconocerlas. Pero claro, para eso hay que escoger un virus que no tenga efecto en humanos, porque si no el remedio puede ser igual de malo que la enfermedad, literalmente.

Por fortuna, el equipo de investigación responsable del artículo ya se encontraba trabajando en algo similar: una vacuna frente al MERS – síndrome respiratorio de Oriente Medio, otro virus para el que no hay aún vacuna.

Lo que han hecho ha sido modificar el Parainfluenzavirus 5, un patógeno que afecta a perros, ratones y otros animales pero no al ser humano. Y lo han editado genéticamente para que produzca, además de sus componentes, una de las proteínas del coronavirus que nuestro sistema inmune puede aprender a reconocer, la conocida como proteína S. Si la reconoce, podrá luchar contra el coronavirus.

Aquí nos encontramos con un problema a la hora de poner en marcha experimentos: el coronavirus para el que buscamos una vacuna no infecta ratones. Así que probar si una vacuna funciona en ratones, contra un virus que no infecta ratones, parece imposible. Pero en realidad no lo es; ha habido que modificar a los ratones para que el virus pueda infectarlos, pero se ha conseguido.

¿Y funciona? ¿La vacuna es efectiva? Porque realmente esa es la pregunta, si todo este desarrollo sirve para estar un paso más cerca de conseguir una vacuna funcional. La respuesta es que sí, funciona para proteger del coronavirus.

En ratones, sí, y hasta que pueda ser empleada con seguridad en humanos pasará tiempo, también - o tal vez se quede en la fase de ensayo clínico, que tampoco sería raro - , pero la estrategia ha funcionado, al menos de momento. Y deja algo de esperanza.

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