"El estrés genera cortisol que mata neuronas y te hace vulnerable a la depresión"

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Cerebro. (Photo: Westend61 via Getty Images/Westend61)
Cerebro. (Photo: Westend61 via Getty Images/Westend61)

Jonathan Benito es profesor e investigador de neurociencia en la Universidad Autónoma de Madrid. Como tal, ha visto publicados sus papers en revistas científicas internacionales de referencia, pero se mueve como pez en el agua cuando de divulgación se trata. Hacer accesibles para el común de los mortales los avances y descubrimientos de la compleja disciplina sobre la que trabaja le llevó a escribir dos libros: Gestiona tu tiempo —fue número 1 en Amazon— y Redefine imposible, que apenas lleva un mes en las librerías.

En esta segunda incursión editorial, Benito ahonda en una de las cualidades más especiales de nuestro cerebro, la neurogénesis (la incorporación de nuevas neuronas) y en su “aplicación práctica” como potenciador de nuestras capacidades cognitivas, creativas y emocionales, y en definitiva de nuestro bienestar. Cuidar ese proceso natural del cerebro pasa, además, por incorporar algunos hábitos, como la actividad física, la meditación o el contacto con la naturaleza, y proteger otros como el sexo, las relaciones sociales, el sueño y la dieta.

“Imposible no es una barrera cuando tu cerebro está de tu parte”, dices como presentación de este libro. ¿Es este un libro de autoayuda o de psicología?

Noooo... A ver, la psicología y la neurociencia son disciplinas complementarias, pero si alguien lee este libro y piensa que no tiene que ir al psicólogo, está equivocado. ¿Por qué creo que el libro es de gran utilidad? Pues para no llegar a ese estado en el que tienes que recurrir a la terapias y tratamientos psicológicos y psiquiátricos.

¿Qué ha descubierto la neurociencia en los últimos tiempos? Que hay un sustrato físico que es responsable de la depresión: la muerte de neuronas. Hace años hubiésemos hablado de esto y te hubiese dicho: has nacido con un pack de neuronas y te morirás con muchas menos porque mueren y no se regeneran. Pero hoy se sabe que existe un proceso en el cerebro por el que se generan nuevas y se llama neurogénesis. Precisamente ha sido una neurocientífica española, María Llorens, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, la que ha descubierto que hay neurogénesis hasta edades avanzadas y que a los 87 años se siguen incorporando nuevas neuronas. ¿Dónde? En el hipocampo.

Si sabes qué habitos tienes que incorporar o modificar en tu vida para que tu neurogénesis sea saludable, para que se sigan incorporando neuronas, es lógico concluir que vas a ser mucho menos vulnerable a una depresión.

Y al revés, se sabe que un periodo de estrés es suficiente para que se generen grandes cantidades de cortisol que matan neuronas en el hipocampo y te hacen más susceptible de padecer depresión, malestar emocional y mermar tus capacidades cognitivas.

El estrés genera cortisol, que produce muerte neuronal

¿Es esencial evitar el estrés o es esencial limitarlo, porque siempre se ha dicho que un poco de estrés es positivo?

Si se puede eliminar, mejor eliminarlo. Sólo es aceptable el estrés mientras que no te perjudique. Si tú estás a gusto y tienes una vida plena, vale, pero siempre hay un momento que se nos puede ir de las manos. Si uno tiene más trabajo del que puede hacer y llega a un punto muy alto de exigencia, todo se va a ir al garete. Eso no es bueno, eso genera cortisol, produce muerte neuronal… Cuando más necesitas tener capacidad cognitiva y bienestar emocional, ocurre lo contrario: produce muerte neuronal en el hipocampo y te limita todas tus capacidades y el bienestar emocional se va al suelo.

Planteas el libro para intentar dar solución a la insatisfacción que nos rodea… ¿Cuál es el porqué de esa insatisfacción?

Dos millones de años en biología no son nada: no se han producido cambios en la arquitectura del cerebro y está prácticamente igual. Por eso aún nuestro cerebro está obsesionado por la supervivencia y la reproducción. Nosotros somos herederos de los que hicieron bien el trabajo —sobrevivieron y se reprodujeron—.

Afortunadamente, en el primer mundo no tenemos problemas por la comida —bueno, si los tenemos es por exceso— y como el cerebro tiene esas necesidades cubiertas, se desentiende un poco de lo demás porque ya ha hecho su trabajo. Está bien de cara a las funciones básicas, pero nos deja en una situación muy vulnerable, con un grado de insatisfacción muy grande. Y un cerebro ocioso se convierte en un cerebro negativo: si no hay una meta clara, el cerebro empieza a dar vueltas y a utilizar un sistema, que se llama red neuronal por defecto —regiones del cerebro responsables de su actividad cuando está en reposo—, que siempre está activo y tiene un papel clave en los pensamientos negativos repetitivos y en la divagación. Por eso un cerebro a la deriva, sin metas, es lo peor que te puede ocurrir.

Oye, pero ahora parece que no hay tanta necesidad de reproducirse en los cerebros de mucha gente...

La inmensa mayoría de las decisiones que tomamos son a nivel inconsciente, no consciente. Daniel Kanaman demostró que más o menos el 95% de las decisiones son inconscientes. No vamos por la calle diciendo “mira, con esta persona voy a procrear perfectamente”, pero sí hay una parte de nuestro cerebro, lo que llamamos cerebro reptiliano, que lo hace por ti. Con el ejemplo de comer se entiende perfectamente. Normalmente siempre tenemos apetencia por el dulce y las grasas. Si ahora mismo nos dicen: vais a estar sin comer quince días, elegid entre ensalada o pizza. ¿Qué eliges? Podemos estar a dieta e intentar no comer eso, pero el cerebro siempre te va a recordar que lo que de verdad quiere es el chocolate y la grasa. Aunque no seamos conscientes de ello, el cerebro siempre tiene marcado el objetivo de sobrevivir y reproducirse.

Cuando éramos cazadores y recolectores éramos más felices que cuando se produce la revolución neolítica

Entonces, Jonathan, con nuestras necesidades básicas satisfechas, ¿nunca hemos estado más insatisfechos que hoy?

Como científico no puedo asegurar que nuestros antepasados hayan sido más felices. En el libro Sapìens, su autor, Yuval Noah Harari, dice una cosa con la que estoy super de acuerdo: cuando éramos cazadores y recolectores éramos más felices que cuando se produjo la revolución neolítica, aunque el hombre piensa que cultivando y criando a los animales va a tener excedentes y va a vivir mejor. Pero eso no pasa: como hay excedentes, tienen más hijos y, como tienen más hijos, tiene que trabajar más y viven peor y preocupados por el futuro. Para el cazador recolector lo único que existía era el día a día. Cuando se produce la revolución neolítica eres presa del futuro y el cerebro empieza a darle vueltas a eso.

¿Somos infelices porque somos más inteligentes que el resto de los seres vivos?

Yo creo que les damos demasiadas vueltas a las cosas. Y de eso es culpable nuestra red neuronal por defecto, que siempre va del pasado al futuro. ¿Cómo lo rompes? Con la meditación, meditando logras romper el sistema por defecto. Durante ese tiempo estás concentrado en el presente y el sistema por defecto está menos activo. De ahí que a los monjes budistas se les considere los hombres más felices del mundo, porque meditan mucho.

Has sustituido el concepto felicidad por el de bienestar emocional. ¿Qué es el bienestar emocional desde el punto de vista cerebral?

Es un nivel de satisfacción interior, es la paz interior. Cuando estás a gusto con la vida que llevas y contigo mismo. Y no es fácil aceptarse a uno mismo y sus circunstancias. Cuando el cerebro acepta esto, entonces encuentras el bienestar. En esto, las cuestiones materiales no tendrían que ser determinantes; eso sí, con las necesidades básicas cubiertas.

En el libro detallas lo que tú denominas “la tríada del éxito”: objetivos claros, determinación y actitud positiva. No sé si estamos un poco agotados del mensaje “si quieres, puedes”, “si pones todo de tu parte, lo conseguirás”, “todo el mundo puede conseguir sus sueños”...

Entiendo lo que me dices porque efectivamente a mí también me indignan este tipo de mensajes y se ha banalizado muchísimo con el concepto de actitud mental positiva. Lo que explico en el libro es que el cerebro, si tiene una predisposición a que algo le va a sentar bien o le va a ir bien, la función química ya es diferente. Se trata de contar con una predisposición distinta que active químicamente nuestro cerebro.

Yo lo resumiría en una cosa supersencilla pero superpotente: en casa empieza a pensar donde te gustaría llegar y en qué persona querrías convertirte. Desde ese momento, compórtate como se comportaría esa persona. La vida te cambia desde ese momento.

Esa tríoada es la que dibuja el perfecto contexto para desarrollar la plasticidad del cerebro. ¿Y qué es la plasticidad cerebral?

La plasticidad es algo que hace mucho tiempo se intuía. Ramón y Cajal fue el que primero que lo concretó y de ahí su famosa frase: “Todo hombre, si se lo propone, puede ser el arquitecto de su propio cerebro”. Después se ha visto que la plasticidad en una persona sana es la incorporación de nuevas neuronas que se suman a nuevos circuitos, y las que ya existen se ramifican más y se comunican mejor entre ellas. Esa conjunción de procesos supone un potencial mayor del que tenemos. Si tienes determinación y lo entrenas, entonces aparecen nuevas capacidades o mayores capacidades.

Gracias a la plasticidad del cerebro, se puede es incrementar el nivel cognitivo de una persona

Gracias a esa plasticidad, ¿todos somos potencialmente inteligentes?

No… Partimos de que aún no se sabe definir bien qué es la inteligencia, y medirla tampoco es fácil. Lo que sí se puede es incrementar el nivel cognitivo de una persona, pero hasta un límite. Si piensas en alguien de tu entorno al que reconoces menos capacidad intelectual, no va a ser un premio Nobel de física cuántica, pero sí que a lo mejor incrementa su capacidad para un aprendizaje que no te hubieses esperado de esa persona.

Hemos escuchado mil veces que no usamos más que una mínima parte del cerebro, ¿eso es verdad?

El cerebro siempre está activo y se utiliza todo. Otra cosa diferente es si lo utilizamos de forma correcta y estamos experimentando todo su potencial. Ahí sí podemos afirmar que no. Si no cuidas tu cerebro, por ejemplo, para que tu neurogénesis esté perfecta, ya estás limitando sus potenciales.

¿Cuál es el reto actual de la neurociencia?

El reto del cerebro es intentar entenderse a sí mismo y esto ya es metafísica. No conocemos prácticamente nada del cerebro porque, aunque se sabe mucho y muy bien de cómo funciona una neurona, desconocemos cómo se comunican entre ellas para producir lo que estamos viendo, no tenemos ni la menor idea. Vale, sí, son circuitos cerebrales, como explicamos en clase: ¿pero esos circuitos cómo funcionan?

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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