El estrés por el encierro se cuela en las unidades pediátricas de oncología

Agencia EFE
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Madrid, 13 feb (EFE).- El confinamiento para prevenir la covid se ha instalado en las unidades pediátricas de oncología. Los hospitales han sellado salas comunes y aulas, y los niños ingresados con cáncer siguen su tratamiento encerrados en su cuarto, con un único acompañante y en riesgo de caer en estrés y ansiedad.

Es una situación dura que no gusta a los profesionales sanitarios pero obligada si se quiere mantener la protección de unos pacientes que son inmunodeprimidos y más vulnerables, relata a Efe la psicóloga Verónica Eslava, que trabaja en la Unidad Oncológica de Pediatría del Hospital La Paz.

Eslava, que es coordinadora del departamento de psicología de la Asociación Infantil Oncológica de Madrid (Asion), también echa en falta al voluntariado que, en tiempo prepandemia, acudía por las tardes a "trabajar" con los niños en manualidades, actividades de ocio e incluso teatro.

A dos días de la conmemoración del Día Internacional del Cáncer Infantil, esta psicooncóloga recuerda que antes de la pandemia los niños interactuaban en las salas comunes con otros en su misma situación y eso les ayudaba a enfrentar la enfermedad y normalizar el período de ingreso, que puede oscilar entre tres días y seis meses.

En estos momentos todo depende de los padres, que "ahora más que nunca" están partícipes para que el niño se estimule y lleve de la mejor manera posible la estancia en el hospital, porque el cáncer, dice, no es enfermedad de una persona, sino de toda la familia.

Para esta psicooncóloga la situación es casi más dura para los progenitores que ya no coinciden con otros padres en las salas comunes, "lo que evita tener contacto con tu grupo de iguales".

Antes los padres se intercambiaban cada 24 horas, ahora solo pueden rotar cada tres días, previa prueba PCR.

Tampoco pueden cambiar turno con otros familias y la pandemia obliga a renunciar a las visitas espontáneas de abuelos y hermanos que ayudaban a paliar la estancia hospitalaria.

CUANDO EL PACIENTE VIENE DE OTRA COMUNIDAD

Uno de los problemas más complicados que trajo la pandemia fue el alojamiento de familias que cambiaban de hospital y de comunidad autónoma.

La supervisora de Oncología del Hospital Niño Jesús en Madrid, Pilar Herreros, explica que durante la pandemia el centro recibió pacientes infantiles oncológicos que se vieron obligados a abandonar sus hospitales de referencia, camas para niños que dejaron libres y ocuparon pacientes covid adultos.

Eso no ocurrió en el Niño Jesús, que es un hospital exclusivamente pediátrico, explica.

Herreros añade que esa afluencia de nuevos pacientes se produjo en la primera ola de la pandemia, pero luego se fue normalizando.

Y en ese tiempo hubo que recurrir a los hogares de acogida que proporcionan las asociaciones contra el cáncer.

Por ejemplo, en Asion disponen de pisos para familias que van rotando según finalizan los tratamientos, pero "la pandemia cambió todo y ya no se podía rotar", dice a Efe su presidenta, Teresa González.

Pese a esas circunstancias, González admite que salieron adelante, "echando mano de pisos turísticos, hoteles, pensiones y de todo aquel que se ofrecía para el acogimiento".

Y en este escenario, reconoce que los niños son los que "mejor se han adaptado".

"Por primera vez nuestros niños se parecen más a los que no están enfermos. Los nuestros ya estaban acostumbrados a llevar mascarilla, a no salir, a estar sin contacto con el cole, y ahora tiene clases 'online' como todos, se parecen al resto", señala.

González valora la "resistencia" de los chicos que saben muy qué les pasa y se han adaptado, aunque "esa cuota -dice- la vamos a pagar más tarde porque el aislamiento pasa factura".

EL TESTIMONIO DE UNA MADRE: "LE DOY UN APLAUSO A LA SANIDAD PÚBLICA HASTA QUE SE ME CAIGAN LAS MANOS"

Oliva es madre de una niña de 8 años que ya ha superado la enfermedad. La menor estuvo ingresada en el Niño Jesús hace dos años, por lo que el contacto hospitalario durante la pandemia fue sólo como centro de día, sin ingreso.

Por eso, Oliva es muy consciente de la diferencia.

"Antes -dice- venían montones de voluntarios que hacían fácil la tarde al niño. La sala de espera estaba llena de juguetes, se hacía teatro. Ahora no se puede tocar nada, es una lástima".

Oliva, que ya observa la enfermedad desde el otro lado, es apoyo para otras familias que se enfrentan al diagnóstico, pero de su experiencia tiene claro que el tratamiento que recibió fue inigualable. "Le doy un aplauso a la sanidad pública hasta que se me caigan las manos", asegura.

Otro testimonio es el de Sheila.

Sheila, madre de Iraia, de 7 años, diagnosticada con cáncer en mayo e ingresada en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en Oviedo, se deshace en elogios al tratamiento recibido.

Al igual que Oliva, Sheila subraya lo difícil que es llevar el confinamiento en el hospital, encerrada en la habitación, una sola persona y sin visitas.

Ella estuvo al lado de su hija durante todo el ingreso, más de un mes, y sólo las videollamadas les abrían una pequeña ventana al exterior.

Ahora, a la espera del último ciclo de quimioterapia, valora la atención recibida, desde el primer día, por trabajadores sociales, psicólogos y todo el equipo hospitalario.

LOS TRATAMIENTOS HAN SEGUIDO CON NORMALIDAD

A diferencia del cáncer en adultos, la pandemia no ha parado los tratamientos ni la investigación oncológica infantil.

El director de proyectos de la Fundación Cris contra el Cáncer, Jesús Sánchez, confirma que la investigación en cáncer infantil no se ha detenido. Si bien la pandemia supuso el cierre temporal de algunos laboratorios, la Unidad de Terapias Avanzadas del hospital La Paz siguió sacando proyectos.

Precisamente en esta unidad se pudo desarrollar la investigación para lanzar un ensayo clínico de una terapia celular para combatir la covid en pacientes con enfermedad grave o avanzada con linfocitos T, explica.

En definitiva, la pandemia no ha impactado en la pediatría oncológica, que funciona de manera normal, ni en la investigación que, incluso, "tiene más actividad que antes y compatibiliza estudios de cáncer y covid", añade.

Begoña Fernández

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