Los esteros, espacios de riqueza económica y ambiental

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Huelva, 6 ago (EFE).- La naturaleza alberga espacios únicos y singulares cuyas potencialidades son, en ocasiones, desconocidas. Es el caso de los esteros, zonas que son parte de la red de drenaje de las marismas, que tienen una enorme biodiversidad y son fuente de riqueza económica de distintos sectores productivos.

Característicos en el arco Sur Atlántico de la Península Ibérica -localizados en las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla-, estos esteros conforman, a la vista, una red de laberintos que sirven de frontera entre el mar y la tierra.

Según explica a EFE el ambientólogo Daniel Calleja, los esteros tienen en su mayoría influencia mareal, si bien algunos reciben filtraciones procedentes de arroyos y ríos que desembocan en la marisma, como es el caso del estero Domingo Rubio en Huelva.

Estos aportes de agua hacen que estén considerados "espacios de mucha biodiversidad", ya que continuamente reciben aportes de nutrientes motivados por las subidas y bajadas del mar o por los aportes de agua dulce.

APROVECHAMIENTO DE LOS ESTEROS

Durante siglos han sido aprovechados y utilizados por el hombre. Desde la época fenicia para el cultivo de peces y, posteriormente, para el desarrollo de la labor salinera, ya que son los canales por los que el agua entra a las balsas de la marisma en la que se acumula el agua que después se deja evaporar hasta obtener la sal.

También han servido para represar el agua que entraba en ellos y lograr la tracción mecánica necesaria para hacer funcionar molinos mareales en los que llevar a cabo la molienda del trigo o el olivo.

De esos molinos mareales aún quedan algunos ejemplos en pie en la Bahía de Cádiz, como el del Zaporito en San Fernando, o el del Pintado en las marismas de Isla Cristina (Huelva); y aún hay salinas en activo, algunas artesanales y otras más industrializadas, con un importante volumen de comercialización.

El aprovechamiento dio paso a una época en la que la tónica fue -señala Calleja-, la de "intentar cerrar y quitar marismas y esteros por su relación con enfermedades como el paludismo. Siempre se habían estigmatizado estos lugares por los mosquitos".

Sin embargo, y afortunadamente, hace ya más de medio siglo que se invirtió la tendencia y se comenzó a darles valor con nuevos usos, primero como lugar de cría para especies de acuicultura, a lo que después se le han sumado las algas y las plantas comestibles y, después, como zonas de turismo tanto ornitológico como terapéutico.

"Nos hemos dado cuenta de que los esteros tienen un gran valor desde el punto de vista económico y turístico y de la conservación de la biodiversidad", apunta el licenciado en Ciencias Ambientales y también gerente de la empresa de ecoturismo Babel Nature.

La labor acuícola se concentra en municipios de la Bahía de Cádiz, Sevilla y en Ayamonte (Huelva) para la producción en cultivos como la lubina y la dorada o peces de fondo como el lenguado.

Junto a este uso se está desarrollando, además, el cultivo de algas y plantas comestibles, tanto en la provincia gaditana como en Isla Cristina, donde hay empresas que ya las comercializan a países del norte de Europa y Asia.

Estas plantas o algas que aparecen en los esteros se consideran muy interesantes porque llevan un aporte de sal que las hacen idóneas para dietas bajas en sodio, al tiempo que también incorporan el resto de minerales presentes en estos lugares, entre ellos el magnesio".

TURISMO

Más allá de esta vertiente productiva, los esteros se están potenciando, además, como foco de atracción turística, algo a lo que contribuye, según abunda el ambientólogo, el hecho de estar localizados en las marismas, que "son los lugares con mayor biodiversidad ornitológica de Europa".

Eso hace que, normalmente, estos espacios estén protegidos, como ocurre con el parque natural Bahía de Cádiz o las Marismas del Odiel y Marismas de Isla Cristina; son ejemplos genéricos del Golfo de Cádiz, donde se acumulan gran cantidad y diversidad de especies de aves de interés para el turista atraído por la naturaleza y la ornitología.

Por otro lado, y ligado también a ese atractivo turístico, esta vez a esa labor salinera, hay empresas como Biomaris, en Isla Cristina, que se han diversificado y están apostando por ofrecer productos terapéuticos como baños de barro y magnesio.

Turismo, acuicultura y biodiversidad son, por tanto, tres de los elementos que conforman la base de la riqueza ambiental y económica de unos espacios que configuran el singular paisaje de parte de la zona suratlántica peninsular.

(c) Agencia EFE

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