Estamos perdiendo la inmunidad de grupo… y empieza a ser muy peligroso

Marine Eraville de 16 años fallece en Francia víctima del sarampión

La chica de la imagen superior se llamaba Marine Eraville. Era francesa, tenía 16 años y le gustaba el deporte, sobre todo la natación y el tenis de mesa. Lo hacía tan bien que había ganado tres medallas en diferentes ediciones de los Juegos Mundiales para trasplantados. Y es que Marine había sobrevivido a un trasplante de corazón a los dos años de nacer y, aunque había conseguido superar infinidad de obstáculos durante su vida, había algo que no podía hacer: ser vacunada.

Su sistema inmune era débil y en esas condiciones Marine no podía vacunarse, por lo que su seguridad y su vida dependían de la inmunidad de grupo. Hace unos días, la noticia sacudió toda Francia: Marine Eraville falleció víctima de sarampión.

Hay datos que simplemente no podemos aceptar en pleno siglo XXI. O al menos no deberíamos aceptar como normales. Desde 1960 contamos con un remedio eficaz y seguro que ha mantenido a salvo del sarampión a varias generaciones de niños. Desde hace décadas los programas de vacunación han conseguido un descenso inaudito de muchas enfermedades que antes resultaban devastadoras para poblaciones enteras y ahora, por desinformación, desidia o falta de recursos estamos asistiendo a la vuelta de esas mismas enfermedades que ya podrían estar erradicadas de la faz de la Tierra.

En 2017 se registró un aumento del 400% en los casos de sarampión en Europa

El sarampión es una enfermedad sumamente contagiosa. El virus se encuentra en la nariz y garganta de los pacientes infectados, y se libera en el aire por medio de tos y estornudos, donde puede mantenerse activo e infeccioso hasta por dos horas. Como resultado, una persona puede infectarse simplemente al respirar el aire de una habitación ocupada por un paciente con sarampión al menos dos horas antes.

Recuerde una cosa importante: No existe un tratamiento contra el sarampión… pero sí existe una vacuna eficaz y segura que lo previene y que mantiene protegidos a sus hijos contra ese virus, que tampoco lo olvidemos, es un virus potencialmente mortal.

Sin embargo, hay determinados colectivos que no pueden ser vacunados. En nuestra sociedad existen personas, niños o adultos, que poseen un sistema inmune comprometido por diferentes patologías y que no pueden acceder a las vacunas. Marine Eraville, trasplantada de corazón siendo un bebé, no podía ser vacunada. Esas personas dependen de lo que se conoce como inmunidad de grupo o de rebaño.

Su protección, su vida, depende de que el resto de personas que las rodean estén vacunadas. Su vida depende de que todos los demás estemos protegidos y cerremos las puertas al virus. En definitiva, cuando alguien no vacuna a su hijo no solo lo expone a él, también pone en peligro la vida de aquellos que no pueden vacunarse.

Estos eran los resultados de la polio. Una enfermedad terrible que hoy tiene una vacuna eficaz y segura.

Estamos perdiendo la inmunidad de grupo que durante décadas nos ha protegido. Veníamos de años de bonanza en los que esta enfermedad se encontraba en mínimos históricos y de repente, el año pasado el sarampión registró un aumento del 400% en los casos de sarampión. En efecto, hay datos que simplemente no podemos aceptar en pleno siglo XXI. O al menos no deberíamos aceptar como normales… y no es normal que en nuestro tiempo, solo en Europa y solo en un año, hayamos sufrido 35 muertes y más de 20.000 casos de sarampión. No es normal, y no es aceptable.

Los grupos y colectivos antivacunas que ponen en peligro a sus hijos y al resto de personas que no pueden acceder a una vacuna están rompiendo en pedazos la inmunidad de grupo que durante décadas hemos construido. En países como Australia han empezado a tomar medidas drásticas como multar a los padres que no vacunen a sus hijos.

Y a pesar de la amenaza que representan estos grupos antivacunas ni siquiera son el principal problema. Nos hemos relajado ante un grave problema y las campañas de vacunación no son lo efectivas que deberían, un número cada vez mayor de colectivos no tiene acceso a los sistemas de sanidad pública más básicos e incluso empiezan a alzarse con el poder gobiernos mal informados (como en Italia) que amenazan con hacernos retroceder en el tiempo y perder el terreno ganado a muchas enfermedades.

Nuestros abuelos nos vacunaron porque conocían bien los horrores de enfermedades como el sarampión, como la poliomielitis o como la terrible viruela que se convirtió en la primera enfermedad en la Historia en ser erradicada. Contamos con vacunas eficaces para más de veinte enfermedades potencialmente mortales y, sin embargo, su eficacia nos está haciendo olvidadizos. Ya no solemos ver niños con piernas enclenques producto de la polio, aquellos bebés salpicados de erupciones… y estamos olvidando lo terribles que eran estas enfermedades.

Ahora, algunas de estas enfermedades empiezan a repuntar simplemente porque nuestra sociedad se ha olvidado lo fácil que resulta desandar el camino ganado. La protección de la que hemos gozado durante décadas empieza a difuminarse. Durante los últimos años hemos visto aliviados como descendían las muertes por sarampión, por tos ferina, por tuberculosis, pero ahora nadie puede asegurar que no vuelvan a aparecer con fuerza si no estamos atentos.