A un costo que aún está por conocerse, lentamente, va cesando el huracán de la política estadounidense

Julio Túpac Cabello
·4 min de lectura

Aunque reina el cansancio, va cesando el huracán en la política estadounidense y las cosas vuelven progresivamente a su lugar: luego de aproximadamente un mes de transicionado el poder, con Trump no sólo fuera de la Presidencia sino sin twitter, algo de normalidad regresa a la vida ciudadana en Estados Unidos

Decorations sit on the North Lawn of the White House, Friday, Feb. 12, 2021, in Washington. (AP Photo/Evan Vucci)
Superada la peor parte de la tormenta política, desde la Casa Blanca también se intenta transmitir cierta normalidad con estos mensajes que se desplegaron por el Día de San Valentín

Incluso -o aún más- después del fallido juicio que se siguió al ex presidente para hacerlo responsable por los ataques al Capitolio el 6 de enero, y del que se sabía su resultado desde antes de finalizar, el país empieza a respirar de nuevo.

A pesar del Covid, su mortandad feroz y la dificultad de encontrar una forma más eficiente de distribuir la vacuna, a pesar del impeachment y de que no porque Trump esté fuera del poder ha desaparecido el trumpismo y varias corrientes extremistas, a pesar de que la economía zozobra, la política, poco a poco, ha vuelto a su lugar.

Pasó el Superbowl y la opinión pública se distrajo con Tom Brady y The Weekend. Nadie quiere escuchar un discurso de Chuck Shumer. La opinión de Biden importa poco si se trata de la Bolsa de Valores. En el cambio climático están trabajando las instituciones públicas, las empresas y los científicos. No es ya una reyerta nacional. Si alguien discrepa públicamente del Presidente, como lo hizo el CEO de Delta Airlines ante la propuesta presidencial de incluir exámenes de Covid como requisito para viajes domésticos, no recibe una ofensa de vuelta ni es poco patriota por eso.

Los republicanos no son un nuevo blanco. China ha dejado de ser el Satanás contra quien había que exorcizarse para convertirse en un competidor que no respeta derechos humanos ni intelectuales y frente al que hay que oponerse en bloque. Los rusos han dejado de ser un amigo inexplicable. El mundo, digamos, sigue siendo la misma hecatombe, pero a eso no hay que sumarle el empeño de hacerlo aún más insufrible que hasta hace apenas semanas se impulsaba nada más y nada menos que desde el poder.

Usar mascarilla dejó de ser un asunto de demócratas o republicanos. Y empieza a ser frecuente ver a gente con dos al tiempo, como lo recomiendan los científicos a cargo. Las cifras de desempleo no son una bandera pro o contra presidencial, sino un problema que atormenta a todos, como la economía en general.

La elección que hicieron la mayoría de los estadounidenses empiezan a surtir efectos, pero más allá de Washington, en el día a día.

FEBRUARY 13th 2021: The United States Senate voted to acquit former President Donald Trump on the charge of inciting an insurrection concluding his second impeachment trial. - FEBRUARY 9th 2021: The United States Senate affirms by vote that the impeachment trial of former President Donald Trump is constitutional and will proceed. - File Photo by: zz/STRF/STAR MAX/IPx 2021 1/6/21 The United States Capitol Building in Washington, D.C. was breached by thousands of protesters during a
El asalto al Capitolio el pasado 6 de enero marcó un antes y un después en la política de EEUU: llevó a juicio a Donald Trump quien por segunda vez salió absuelto de un impeachment, y todo en medio de una pandemia que no parece ceder.

Claro que hay indicios de estrés postraumático. Locos que están esperando el regreso inminente de Trump al poder, como quien recibió un aviso de que el regreso del Mesías ya va por la esquina. Y al frente, gente que adversa a Trump con la la intensidad de quien aún no se entera de que el hombre ya no está en la Presidencia.

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En general, los ciudadanos van volviendo a sus vidas. Ha sido un huracán de cuatro años que ha sacudido los cimientos de la democracia moderna más longeva del orbe. Y no sin costos: uno de sus pilares fundamentales, el partido republicano, ha quedado con una pronunciada falla de base que le hace tambalear. Han logrado sortear el impeachment, pero eso sí, a costa de mantener su propio dilema: complacer a más de la mitad de su base que según los sondeos apoya a Trump, Qanon, el fraude electoral y cualquier atajo que justifiquen sus frustraciones, por encima de la la perspectiva conservadurista que ha sido parte esencial de épica historia política de Estados Unidos y que hoy parece más menguada que nunca.

Por el momento, la sobrevivencia del partido republicano se mece en una sobrecogedora paradoja: para no fracturarse parece requerir de una inyección autodestructiva. Pensar solo en el presente e ir sorteando un día a la vez, como los dependientes.

Por lo pronto, han sacrificado la población independiente, que puede superar el 20 por ciento de la población. Y parte de los sectores conservadores parecen identificarse más bien con el gobierno demócrata, que tiene formas institucionales y discretas. Por momentos, el gobierno de Biden parece el de un nuevo conservadurismo que también podría estar marcando una grieta con su ala más izquierdista. Pero también eso parece haberse convertido en un asunto de los correspondientes.

Estos son análisis que han vuelto ya a las columnas especializadas en política de los periódicos. Los estadounidenses están ocupados en las grandes nevadas, en la fatiga del coronavirus, en la supervivencia económica que suponen estos tiempos.

Las mayorías han preferido seguir antes que quedarse encerrados en su propia tormenta. Eso sí, con un cansancio enorme cuyas causas no han desaparecido. Pero que por los momentos parecen disiparse de la vida cotidiana.

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