¿Está la pasta de dientes complicando los tratamientos con antibióticos?

José de Toledo
Imagen de microscopía de las cepas de bacteria empleadas en el estudio. Crédito: Petra Levin laboratory, Washington University in St. Louis
Imagen de microscopía de las cepas de bacteria empleadas en el estudio. Crédito: Petra Levin laboratory, Washington University in St. Louis

La pasta de dientes que usamos para cepillarnos contiene sustancias para acabar con las bacterias que habitan nuestra boca y pueden producir las caries. De hecho, tiene sentido que lo tengan, ya que si no fuese así, ¿para qué querríamos usar pasta de dientes? El problema es que, tal como plantea un artículo reciente, igual no está acabando con las bacterias sino ayudándolas.

De hecho, la cuestión no se queda en la pasta de dientes. El producto que parece estar ayudando a las bacterias, conocido como triclosán, aparece en todo tipo de productos: colutorios bucales, cremas cosméticas, ropa, juguetes de niños e incluso tarjetas de crédito. En todas ellas, para evitar que crezcan bacterias.

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Pero en el experimento que han llevado a cabo los investigadores, lo que ocurría era todo lo contrario. Comenzaron cultivando bacterias que aparecen habitualmente en infecciones en humanos. Y una vez tuvieron suficientes microorganismos, los separaron en dos grupos.

Al primero lo trataron con triclosán y posteriormente con antibióticos, mientras que al segundo pasaron directamente a los antibióticos. Y lo que vieron fue una diferencia muy importante en la cantidad de bacterias capaces de sobrevivir al medicamento.

En los cultivos que no se trataban con triclosán, conseguían sobrevivir una bacteria de cada millón. En cambio, si primero recibían el producto que aparece en dentífricos, sobrevivía una de cada diez. La diferencia en número es muy alta, pero en contexto biológico es aún mayor.

Porque nuestro sistema inmune, nuestras defensas, pueden perfectamente con una bacteria de cada millón. Si se trata de una de cada diez las que sobreviven al medicamento, se muestran desbordadas y no dan a basto.

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Las cifras son claras, y las conclusiones también deberían serlo. Pero queda un último detalle, que es entender cómo funciona el triclosán a la hora de ayudar a las bacterias. La manera en que lo hace es bastante sencilla, en realidad: fortalece su pared.

Las bacterias tienen sus células cubiertas por una capa protectora, conocida como pared bacteriana. Para permitir que las sustancias entren y salgan de la célula, esta pared tiene poros. Los antibióticos entran en la bacteria a través de estos poros. Engañan a la bacteria, que acepta al antibiótico como una sustancia de la que alimentarse.

Pero cuando las bacterias son sumergidas en triclosán, generan una proteína para protegerse que cierra estos poros. Esto les dificulta crecer – de hecho, el “poder bactericida” del triclosán se basa en esta idea – pero no acaba con ellas. Y cuando el ambiente está limpio, cuando el triclosán, o el antibiótico, han desaparecido, la bacteria ha sobrevivido y puede crecer.

Hace tiempo que se habla de que, tal vez, no sea tan conveniente usar tantos productos bactericidas. Este caso sirve como ejemplo de que deberíamos hacer más caso a estas indicaciones.