Esta isla tiene solo 4 años pero ya maravilla a los científicos

En la parte superior de la imagen se aprecia la nueva isla, Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, unida por un istmo a una ya existente (en primer plano). Crédito imagen: NASA

El reino de Tonga, es una pequeña nación polinésica compuesta por casi dos centenares de islas, diseminadas por el sur del Pacífico. A finales de 2014, durante un violento episodio volcánico, la NASA descubrió “a vista de satélite” que un nuevo atolón había surgido en el reino de Tonga, en un punto equidistante entre las islas de Hunga Tonga y Hunga Ha’apai.

Aquella pequeña isla, que los investigadores creyeron de vida efímera (la mayoría de estos atolones se hunden en el océano pasados unos pocos meses) sigue viva y desafiante, cuatro años después de su nacimiento. Es tan joven, que los tonganos aún no le han puesto nombre, razón por la que han decidido llamarla por una combinación del nombre de sus islas vecinas: Hunga Tonga-Hunga Ha’apai.

Charranes sombríos anidando en la isla de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai. ¿Puedes ver a sus polluelos? (Crédito imagen: Dan Slayback).

Recientemente, científicos de la la NASA y de la Asociación para la Educación Marina han visitado la isla, y se han visto gratamente sorprendidos por la evolución del ecosistema que allí se ha formado. En efecto, hay vegetación floreciente de un vivo color rosa, y se han divisado nidos de charranes sombríos, e incluso a una lechuza (lo cual según explican no es nada raro).

La experiencia debió de despertar el entusiasmo de los visitantes. Tal y como relató en su blog uno de los afortunados que desembarcaron en a la isla, el investigador de la NASA Dan Slayback: “cuando llegamos todos estábamos cautivados como niños de escuela”.

Imagen de la vegetación echando raíces en la playa de la isla. (Crédito imagen: Dan Salyback).

Sin embargo el estudio de la biología no era el primer objetivo de la expedición, que estaba más centrada en la geología. Lo cierto es que como os decía antes, la mayoría de las islas de origen volcánico duran solo unos pocos meses, tras lo cual se hunden de nuevo en el mar, pero este pequeño atolón se ha unido a la terna de islas capaces de sobrevivir años a su nacimiento. Sí, solo tres lo han logrado durante el último siglo y medio. La esperanza de vida para la isla sin embargo no es muy halagüeña: la NASA la estima entre 6 y 30 años.

La expedición tomó muestras de rocas para su análisis mineral. Su intención era entender un poco mejor la geología del islote y el modo en que se verá afectado por la erosión pluvial, eólica y marina. La mayor parte de la isla se encuentra recubierta de una grava fina y negra (mejor no llamarla arena) compuesta por granos del tamaño de guisantes.

Las crestas que van a dar al lago del cráter muestran barrancos creados por la erosión pluvial. (Crédito imagen: Dan Slayback).

Desde que la NASA detectó el nacimiento de la isla, se ha venido siguiendo su evolución por satélite, midiendo tanto su tamaño como las variaciones en su forma. Sin embargo, para realizar un estudio detallado nada puede sustituir a la visita in situ. De hecho, gracias a la presencia de los científicos se pudo constatar que la erosión causada por la lluvia actúa de forma más rápida a la esperada. Mediante satélite, los investigadores solo habían podido estudiar la erosión causada por las olas en la parte sur de la isla.

Los datos obtenidos por los visitantes de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai servirán para crear un modelo exacto en 3D del atolón, con el cual intentarán estudiar el secreto que le ha permitido sobrevivir al empuje de las olas.

Sobre estas líneas podéis ver un time-lapse realizado por la NASA sobre la evolución de la isla.

Me enteré leyendo IFL.