¿Está bien engañar a nuestros hijos sobre Papá Noel?

Papá Noel también conocido como Santa Claus. (Imagen gratuita vista en pXhere).

Se acerca la navidad, un momento que muchos asociamos con bellos recuerdos de la infancia en los que casi siempre aparecía alguna figura mitológica benéfica que inundaba las casas de regalos. A mí, que disfruté tanto de niño imaginando a los reyes magos o a Papá Noel recorriendo el mundo repartiendo felicidad, me tocó el turno de ser padre y entonces me planteé si hacía lo correcto perpetuando el engaño, escondiendo regalos, asistiendo a cabalgatas, haciendo cola ante adultos vestidos de vivos colores. ¡Lo hice! La mentira al fin y al cabo era “blanca” y valía la pena ver en los ojos de mis hijos la misma alegría que yo disfruté tanto cuando tenía su edad.

¿Pero hice lo correcto? ¿Habré alterado/obstruido su pensamiento racional para siempre? Cada año por estas fechas, psicólogos de medio planeta son consultados por periodistas acerca de la idoneidad o no de engañar a nuestros hijos haciéndoles creer que existen seres mágicos. Veamos que han contestado los profesionales.

David Kyle Johnson, profesor de filosofía en el King’s College de Pennsylvania y autor de un libro titulado “Los mitos que robaron la navidad”, está en contra de que los padres promuevan de forma literal la creencia en Papa Noel. Johnson, que se ha especializado en lógica formal cree que existen argumentos éticos contrarios al adoctrinamiento de los niños en el mito de Santa Claus, ya que cree que esto puede desanimarles a emprender el pensamiento crítico.

Y es que creer estas leyendas navideñas a edades tempranas no es malo, aunque en opinión de Johnson, cuando el niño empieza a albergar dudas (lo cual suele suceder entre los 7 y los 9) no deberíamos tratar de mantenerle en el engaño aportando pruebas falsas. Y es que recordemos que hay padres que intentan perpetuar el engaño a su hijo con tácticas como hacerle visitar la web NORAD que rastrea la posición del trineo de Papa Noel durante la noche de navidad, o haciéndole leer la clásica carta de 1897 “Sí, Virginia, Papa Noel existe” (ciertamente poética pero profundamente irracional).

La gran mayoría de los niños no tendrán problemas al hacer la transición desde los tiempos de los elfos y pajes mágicos a la realidad de la cartera de papá y mamá, pero aunque parezca mentira existen niños que al enterarse del engaño pierden la confianza en sus padres. En algunos casos, pocos por fortuna, incluso se originan traumas psicológicos dolorosos. ¡Nada irreparable! Aunque da que pensar…

Para Kira Thomson, filósofa en la universidad Douglas College de Vancouver, Canadá, incluso si los niños no se sienten traicionados emocionalmente ni arrastran cicatrices psicológicas, sigue estando mal engañarlos acerca de realidades ontológicas. “Los niños se sienten agraviados por este engaño incluso aunque no les perjudique”. Curiosamente, Thomson ha observado un mayor apoyo a la tesis de no mentir a los niños entre aquellos de sus alumnos que no tienen hijos.

En su opinión, la creencia en Papá Noel no es solo algo falso que hacemos una vez al año sino que es una “mentira ontológica” que sirve como base a otras tantas creencias que terminan por convertirse en una visión del global mundo que tiene efectos duraderos en la forma en la que el niño ve su entorno, el lugar que ocupa en él y el modo en que debe vivir su vida social y moral.

Pero si el asunto es tan serio como sostienen estos expertos. ¿Cómo abordar el pequeño trauma que le supone a un niño descubrir la verdad? Benjamin Siegel, que es profesor de pediatría en la facultad de medicina de la Universidad de Boston, aconseja lo siguiente: “si están molestos porque les mentiste, reconoce su decepción y pregúntales cómo se sienten. Puedes explicarles que Papá Noel es un mito que tu familia ha elegido compartir. Diles que forma parte de la navidad y que en lo que verdaderamente crees es en la fiesta navideña. Anímales recordándoles la diversión y emoción que hacía del momento algo tan especial”.

Pensándolo bien, este amargo trago por el que pasan podría ser un buen momento para explicarles el concepto de tradición.

Lo que me queda claro es que en todo esto hay un esfuerzo por parte de los padres (me confieso culpable) en regresar brevemente a la infancia, aquella experiencia mágica que vivimos durante una época en la que desconocíamos las leyes de la física, y en la que reinaba la imaginación. A la vista de las advertencias de los expertos, tal vez me he equivocado con mis hijos en este asunto, pero estoy seguro de que he tenido errores peores.

Consulté artículos al respecto en Popular Science, pbs.org, NationalPost y Muy interesante.