La estética pornográfica en las redes convierte a las niñas en objeto de deseo

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  <span class="attribution"><a class="link rapid-noclick-resp" href="https://www.shutterstock.com/es/image-photo/concept-child-represented-by-doll-refusing-586859084" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Shutterstock / Raihana Asral">Shutterstock / Raihana Asral</a></span>

El contenido pornográfico de la red social sin anunciantes de 130 millones de usuarios Only Fans es ilegal. A la red se le había acusado de acoger la explotación de menores debido a la falta de control de identidades falsas. Esta decisión ha sido tomada por presiones recibidas por parte de los proveedores de bancos y de quienes realizan los pagos. Porque la plataforma quiere ser inclusiva en los creadores y en los seguidores. Por sostenibilidad.

La noticia de la compañía que ha generado 3 000 millones de dólares desde su apertura en 2016 hace mención explícita a las trabajadoras sexuales. Pero la plataforma no solo se ha convertido en una fuente alternativa de ingresos durante el confinamiento. La estética y cultura nudista de muchas artistas, influencers y celebridades ha llevado a muchas chicas jóvenes a pensar que vender desnudos por internet es una forma fácil y rápida de ganar dinero y a adoptar tendencias de vestir como se supone que visten una stripper o una prostituta. Porque, como señalan los estudios, el imaginario de la pornografía es el de la prostitución.

En una cultural digital de pornografication –la estética porn chicdomina la presión por mostrar el propio cuerpo para ganar atención, fórmula que comenzó con webcams y blogs de citas. Hoy las redes sociales no sexuales (Instagram, Tumblr, Reddit, Kik, Facebook, Renren o You Tube) se han adaptado para propósitos sexuales al acoger selfies y desnudos porno amateur sin etiquetar para huir de la censura sustituyendo las etiquetas seduced o exposed por fandama o daddy. “En Internet saber las reglas no es suficiente, a veces las reglas no importan”, concluyen los autores de la investigación.

Por un lado, son noticia las campañas de youtubers contra la censura del pecho en Instagram y las quejas virales por considerar abusivas las prohibiciones de vestimenta transparente o escotada de varias pasajeras de vuelos. Por otro, encontramos desde hace años cada vez más campañas de concienciación para prevenir el sexting de adolescentes en las redes y el grooming ante pederastas, lanzadas por las empresas tecnológicas.

También son recientes los referentes deportivos que ven un abuso en la imposición de unos determinados uniformes y un maquillaje sexualizantes. Así, las gimnastas alemanas usaron un maillot que cubría las piernas el pasado mayo y las jugadoras noruegas de voley reclamaron unos shorts en lugar de bikinis en los últimos juegos olímpicos de Tokio.

Menores de 8 años ven contenido érótico

El despliegue de recursos institucionales de ayuda a padres e hijos para evitar riesgos digitales se justifica al conocer que en España acceden a este tipo de contenidos los menores de 8 años sin control ni pautas. También España es el segundo país en consumo de contenido pornográfico infantil, incrementado durante el confinamiento.

¿Es posible que una niña de 12 años se convierta en objeto de deseo? Algunos imaginarios lo han sugerido. La Lolita de Nabokov en 1955, una Brooke Shields niña en 1980 censurada para la Tate Modern; los niños en ropa interior de Calvin Klein en 1990; el anuncio de Brooke Shields con 15 años para Calvin Klein; las niñas de Vogue Francia que posan tumbadas, maquilladas y vestidas en estampado animal en un editorial dirigido por Tom Ford en 2011, los comentarios al Instagram de “la niña más guapa del mundo”, la modelo Pimenova, la pose adulta de la modelo de 12 años, las niñas que hacen twerking en el colegio.

El Comité de los Derechos del Niño llama a los Estados a ayudar a los adolescentes “en la etapa decisiva para sus futuras posibilidades en la vida, a superar los problemas a los que se pueden enfrentar en la transición de la niñez a la vida adulta”. Entre los peligros a los que se enfrenta el adolescente está la exposición repetida a experiencias que cosifican. Hace que las niñas interioricen mensajes exagerando su interés por su aspecto físico y adoptando roles y comportamientos sexualmente estereotipados, autocosificándose.

La cosificación de las menores

Sin ser el público objetivo de la prostitución, los menores acceden a imágenes susceptibles de ese uso y las conductas relacionadas con la erotización y la pornografía son perjudiciales, especialmente en la fase de desarrollo que experimentan.

Erotización y pornografía comparten una estética que se ha demostrado objeto de cosificación, uso o abuso sexual, ya sea transmitida por la propia persona en la autorrepresentación de perfiles propios o ya sea difundida por parte de otros, de colegas, incluso de desconocidos. La razón de su éxito podría estar en que los medios encuentren más atractivo dar visibilidad a vestimentas más reveladoras. Sin embargo, el coste personal es alto para el menor.

La cosificación influye negativamente en su percepción de su virginidad y relaciones sexuales (factores de riesgo en el embarazo prematuro, abortos, transmisión de enfermedades sexuales…). La sexualización “no es el desarrollo normal, saludable y biológico de la sexualidad de una persona, condicionado por el proceso individual de desarrollo y teniendo lugar en el momento adecuado para cada individuo en particular”, según el Comité en Derechos de las mujeres e igualdad de género del Parlamento europeo en 2012.

El uso de internet por menores revela que el acceso a las redes más usadas –TikTok, Instagram, Facebook, Snapchat– les da oportunidades de expresar su creatividad, aunque les aleja de las relaciones personales. Common Sense Media Inc encuestó en internet a más de 1 100 adolescentes entre 13 y 17 años en su estudio “Redes sociales, vida social: los adolescentes revelan sus experiencias”).

Con la pornografía se produce una exhibición organizada en directo (aunque sea a través de las tecnologías) ante el público en la que el menor muestra una conducta sexual real o simulada o sus órganos sexuales con finalidad sexual, según la obra La victimización del menor en el Código Penal español. La gran mayoría de pacientes que consumen porno con regularidad tardan 10, 15 y hasta 20 años hasta que, hartos y desesperados, buscan ayuda, según señala la asociación española Daleunavuelta. El motivo de buscar ayuda es su fracaso como profesionales, como padres, como parejas y como personas por culpa de la pornografía. Un coste muy alto para la sociedad.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Carmen Llovet no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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