El esperma más antiguo del que tenemos registro tiene 100 millones de años, quedó atrapado en ámbar y se considera gigante

J Toledo y José de Toledo
·2 min de lectura
El esperma más antiguo del que tenemos registro tiene 100 millones de años, quedó atrapado en ámbar y se considera gigante

Un equipo de investigadores ha encontrado el esperma más antiguo conservado que se conoce. Una muestra de esperma que tiene 100 millones de años. Y encima, al esperma se le considera gigante.

En realidad, lo que han estudiado los investigadores es aún más interesante: un ámbar en el que quedaron atrapados 39 ejemplares de ostrácodos, un tipo de pequeño crustáceo. Y no atrapados en cualquier momento: varios de ellos se encontraban en mitad de la cópula.

Antes de seguir, vamos a explicar qué son estos ostrácodos, que nos ayudará a entender mejor la importancia de lo que se ha encontrado en el ámbar. Los ostrácodos son un grupo de crustáceos muy antiguos – llevan en el planeta unos 480 millones de años, desde el Ordovícico – y también muy característicos. La mejor manera de describirlos sería imaginar una gamba encerrada en la concha de un mejillón – quien los conozca, que me perdone la simplificación.

Estos animales son de pequeño tamaño, pero no microscópico. Generalmente se les categoriza como meio-fauna: no son microscópicos, pero no son “grandes”, normalmente de entre 0,1-2 milímetros.

Bien, pues su esperma es enorme en comparación con su cuerpo – bueno, y en términos absolutos. Miden un tercio de la longitud del animal. Si lo comparamos con un humano, sería como si el esperma de un hombre de 1,80 metros midiese 60 centímetros.

Lo que ocurre es que los ostrácodos, como ocurre con cualquier otro animal, no fosilizan completos. Fosilizan las partes duras; en el caso de los ostrácodos en concreto lo que queda es la concha. Pero cuando los animales quedan atrapados en ámbar se conservan también las partes blandas.

En este caso incluso cosas como el esperma. Pero también el apéndice reproductor, una quinta pata que tienen los ostrácodos y que les sirve para dirigir sus hemipenes hacia las dos vaginas que tiene cada hembra, para una vez allí introducir su esperma. Que las hembras guardan en unos sacos a la espera de que los óvulos maduren y se pueda producir la fecundación.

Lo sorprendente es que la muestra de ámbar es tan buena que han quedado incluso conservados los sacos, y los investigadores han podido – con micro-TACs – observar el esperma dentro de los sacos.

¿Y por qué es importante esto? Bueno, por una parte, porque es un hallazgo fósil, y eso siempre es interesante. Pero, además, en este caso, porque se demuestra que los ostrácodos ya se reproducían hace 100 millones de años – y casi con toda seguridad, antes – igual que lo hacen hoy en día.

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