De la esperanza a la hambruna, la revolución olvidada de Yemen

Mohamed HASNI y Hammoud MOUNASSAR
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Los muertos, los desplazados, las epidemias y la hambruna han hecho olvidar las fugaces esperanzas de la revolución de 2011 en Yemen. Diez años más tarde, la guerra arruinó las aspiraciones de la juventud y dio lugar a la peor tragedia humanitaria del mundo.

En pleno auge de la Primavera Árabe, el 27 de enero de 2011, miles de personas manifestaron en Saná para exigir la renuncia de Alí Abdalá Salé, que acumulaba 32 años en el poder, como presidente de Yemen unificado desde mayo de 1990 y antes de Yemen del Norte desde julio de 1998.

La manifestación fue el punto culminante de la revolución que había comenzado a mediados de enero.

Los manifestantes gritaban la célebre consigna "El pueblo quiere la caída del régimen" de la Primavera Árabe nacida en Túnez.

"Cincuenta años de subrepresentación política, de desigualdades sociales, de pobreza y corrupción, además de las luchas identitarias", lanzaron al pueblo a la calle, dijo a la AFP Maged al Madhaji, director del Centro de Estudios Estratégicos de Saná.

"La revolución reunió en las plazas públicas todos los componentes de la sociedad que querían terminar con la injusticia y construir un nuevo Yemen", afirmó por su parte a la AFP Yaser al Raini, uno de los líderes del movimiento.

Fue un movimiento pacífico y espontáneo, la violencia posterior fue la consecuencia de la represión de las fuerzas de seguridad y los partidarios del presidente, comentó.

- Rebeldes y coaliciones extranjeras -

Diez años después, Yemen está inmerso en la peor crisis humanitaria del mundo, según la ONU. Con decenas de miles de muertos, millones de desplazados y una población al borde de la hambruna.

Desde 2014, un conflicto devastador enfrenta a las fuerzas gubernamentales con los rebeldes hutíes, apoyados por Irán.

Una coalición militar liderada por Arabia Saudita interviene desde 2015 para apoyar al gobierno, exiliado después de haber sido expulsado de Saná, la capital.

"El poder personal del presidente Salé y su voluntad de que su hijo (Ahmed, que comandaba la Guardia Republicana) lo sucediera, unieron a los yemenitas contra él", explicó otro líder de la protesta, Manei al Matari.

El 2 de febrero, el presidente Salé prometió efectuar reformas y no presentarse a las elecciones presidenciales de 2013, pero en vez de calmar a los manifestantes los enardece.

"Los jóvenes revolucionarios no tenían ninguna experiencia política. Eso permitió a que entraran en juego los partidos y los que dominan las herramientas de acción política", señaló Yaser al Raini.

Las protestas se expandieron al norte del país y obtuvieron el apoyo de importantes tribus al tiempo que numerosos diputados del partido en el poder, el Congreso General del Pueblo presentaban su renuncia.

En febrero comienza la concentración permanente en la Universidad de Saná, lugar considerado como epicentro de la revolución, como lo fue la plaza Tahrir en El Cairo.

- Diez años, diez kilos -

El 18 de marzo los partidarios del presidente dispararon contra los manifestantes matando a 52 personas.

Unos días más tarde, unos días después uno de los principales jerarcas del ejército, Ali Mohsen al Ahmar, al frente de decenas de oficiales se une a la revolución.

El 3 de junio, el presidente Salé resultó gravemente herido en un atentado. A fines de 2011 renunció a la presidencia y a fines de 2017 fue asesinado en Saná por los exaliados hutíes.

"La gente quería solamente el surgimiento de otro sistema, pero la recuperación de la rebelión por los partidos políticos la desfiguró", sostiene el investigador Maged Al Madhji.

En los últimos años, las fotos de manifestantes entusiastas fueron remplazadas por las de niños raquíticos famélicos, como Ahmedia Abdou, residente de un campo de desplazados de Hajjah (noroeste), que tiene diez años y pesa diez kilos.

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