Las especies marinas están abandonando el ecuador por culpa del cambio climático

José de Toledo
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MAHE ISLAND, SEYCHELLES - APRIL 9, 2021: A school of fish of the genus Caranx in the Indian Ocean. Valery Sharifulin/TASS (Photo by Valery Sharifulin\TASS via Getty Images)
(Photo by Valery Sharifulin\TASS via Getty Images)

El 22 de abril se celebra en muchos países del mundo el Día de la Tierra. Una buena manera de celebrar este día es conociendo uno de los patrones más interesantes que presenta nuestro planeta, pero que por desgracia está desapareciendo… y eso puede tener muy graves consecuencias.

En el globo las especies no se reparten por igual. No hay la misma cantidad de especies en el Ártico que las que podemos encontrar, por ejemplo, en las zonas mediterráneas. Pero en los océanos, este patrón es aún más marcado. La riqueza de especies, medida de la cantidad de organismos distintos que encontramos en un lugar, es mínima en el polo norte, va aumentando según bajamos en latitud, llega a un pico máximo en el ecuador, y comienza a disminuir si viajamos hacia el polo sur. Forma, de manera gráfica, una campana.

O, mejor dicho, formaba. Porque este patrón se está perdiendo, y ahora mismo el máximo ya no está en el ecuador, si no ligeramente al norte y al sur del ecuador. Se ha formado un hueco en la campana de especies.

¿Por qué ha ocurrido esto? Para entenderlo, hace falta entender por qué el máximo estaba antes en el ecuador y el mínimo en los polos. Y la razón es sencilla: cuanto mejores son las condiciones, más especies existen. Si las condiciones son mejores, las especies tienen que competir menos y, por lo tanto, sobreviven mejor.

También es cierto que en las aguas tropicales existen microhábitats que no se dan en las zonas templadas, que las corrientes marinas llevan los nutrientes hacia el ecuador… los factores son múltiples, pero la realidad es que en el ecuador se daban las mejores condiciones.

Pero ya no, y el culpable seguro que nos lo podemos imaginar: el cambio climático. En las zonas tropicales las aguas han aumentado de temperatura. No dramáticamente, pero sí lo suficiente como para que las especies hayan necesitado migrar.

Y esto supone un problema. Porque las especies que migren llegarán a lugares donde ya hay ecosistemas ensamblados. Y allí entrarán en conflicto con las especies que habitan esas zonas, lo que las hará entrar en competencia y luchar por nichos ecológicos. En estos casos, siempre hay alguna especie que sufre.

El que siempre va a sufrir es el ecosistema. Los ecosistemas son, como su nombre indica, sistemas. Sistemas que están en un equilibrio delicado e inestable, y las perturbaciones pueden hacer que el ecosistema acabe sufriendo colapso. Si una especie de un ecosistema ve disminuir sus números porque llega una competidora, arrastra a todas las especies que dependan de ella. El ecosistema cambia su estructura y su manera de funcionar, y no suele ser a mejor.

Podría parecer que estamos exagerando. Igual no es para tanto, ¿no? El problema es que ya hay antecedentes. Ya ha habido casos en los que este patrón de riqueza de especies en forma de campana se ha modificado por cambios en el clima. En un caso, hace 125.000 años, el resultado fue duro pero no catastrófico. Sin embargo, en el que ocurrió hace 252 millones de años, este cambio en la campana supuso una extinción masiva.

Al menos en este caso, estamos avisados. Nadie podrá decir que le pilló por sorpresa.

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