España debe retomar cuanto antes la vacunación con AstraZeneca

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La decisión de detener la vacunación con AZ en España ha sido política, no científica
La decisión de detener la vacunación con AZ en España ha sido política, no científica

Los seres humanos somos muy malos midiendo riesgos. Quizá por eso tenemos más miedo a los tiburones que a los platos de ducha, pensamos que un avión es más peligroso que un enchufe o ignoramos que es más probable morir por el ataque de una vaca que de un terrorista. Somos tan penosos evaluando probabilidades que nos preocupamos por las grandes catástrofes cuando el peligro está en nuestra cocina, nos asustan las bombas y las guerras mientras fumamos tranquilamente un cigarrillo y gastamos cientos de millones de euros cada semana en loterías y juegos de apuestas. Durante millones de años el cerebro humano ha evolucionado para reaccionar rápidamente ante cualquier amenaza, no para sentarse tranquilamente a hacer cuentas, porcentajes y evaluar riesgo-beneficio.

Sin embargo, uno espera que los profesionales que se encuentran al frente de un Ministerio, y más uno tan importante como el de Sanidad, no actúen de manera instintiva y no decidan influenciados por creencias o rumores, sino según la ciencia y los estudios disponibles. No siempre es así y la decisión de suspender temporalmente la administración de la vacuna Oxford/AstraZeneca es un claro ejemplo de una decisión política, no científica. De hecho, las razones de peso que encontramos en el lado de los expertos, las agencias e instituciones internacionales o los datos y probabilidades indican todo lo contrario: se debe retomar cuanto antes la vacunación.

Las instituciones europeas están en contra de este parón

Mientras escribo estas frases, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) mediante rueda de prensa comunica oficialmente que la vacuna AstraZeneca es segura y que los países que han suspendido su administración deberían retomarla. La Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha pronunciado de igual manera y lo curioso es que, durante estos días de parón, la EMA ha emitido hasta tres comunicados, el más reciente este mismo 18 de marzo, insistiendo en que “la vacuna es segura, no está asociada con un amento en el riesgo general de coágulos sanguíneos y no hay evidencia de ningún problema relacionado con lotes específicos”.

Respecto a los eventos tromboembólicos notificados después de la vacunación, el Comité europeo de Asesoramiento en la Farmacovigilancia (PRAC) señala que “tanto en los estudios previos a la autorización como en los informes posteriores al lanzamiento de las campañas de vacunación (469 informes, 191 de ellos de la AEMA), el número de eventos fue inferior al esperado en la población general. Esto le permite al PRAC confirmar que no hay un aumento en el riesgo general de coágulos de sangre”.

Si no le vamos a hacer caso a la OMS, a la Agencia Europea del Medicamento o al propio PRAC encargado de la farmacovigilancia en Europa… ¿A quién le hacemos caso?, o en otras palabras, ¿en qué se basa el Ministerio de Sanidad para suspender la vacunación? La respuesta es en el miedo. Un miedo impropio de un Ministerio que se ha dejado condicionar por decisiones ajenas en otros gobiernos y que se ha visto claramente influenciado por los titulares de la prensa, la presión de determinados grupos, la opinión, las redes sociales… de todo menos por razones científicas.

Los datos reales no justifican la suspensión

Imaginen que mañana el gobierno prohibiera salir a la calle porque la probabilidad de que te caiga un rayo encima es de una entre un millón. Cualquier actividad, cualquier objeto y, por supuesto, cualquier terapia o medicamento implica un determinado riesgo. Según los datos oficiales de vacunación, alrededor de 20 millones de personas en toda Europa y Reino Unido han recibido al menos una dosis de la vacuna de AstraZeneca, mientras que la EMA ha registrado “7 casos de coágulos de sangre en múltiples vasos sanguíneos (coagulación intravascular diseminada, DIC) y 18 casos de CVST”. La Agencia ha confirmado en diferentes ocasiones que no se ha probado ningún vínculo causal con la vacuna, pero incluso si existiera (lo cual se está investigando) estos casos no son significativos en comparación con los beneficios que ofrece la vacunación.

Ha pasado ya una semana desde el primer artículo que publicamos en esta sección y los datos siguen siendo los mismos: hay más casos de trombosis entre los no vacunados con AstraZeneca. Lo que nos lleva al siguiente punto: el miedo ha paralizado al Ministerio.

Daño por inacción

El catedrático Juan Ignacio Pérez señalaba, de manera brillante, “ante dos posibilidades alternativas de causar un daño, preferimos equivocarnos dejando de hacer algo que haciéndolo. Porque al hacerlo, el daño que causamos es activo y otorgamos mayor responsabilidad a quien actúa que a quien no lo hace. Eso es así, incluso, cuando es mayor el daño que se puede derivar de no hacer algo que de hacerlo. En otras palabras, preferimos equivocarnos por omisión que por comisión”.

Cuando creemos que estamos haciendo algún daño la primera reacción, la más humana, es parar de hacerlo. Sin embargo, es una acción instintiva no meditada. Detener la vacunación también tiene consecuencias y lo que se espera de los dirigentes de un Ministerio de Sanidad es que analicen la situación en conjunto y se hagan todas las preguntas posibles:

¿Cuántas muertes por coronavirus costará esta suspensión en la campaña de vacunación? ¿Cuántos casos de Covid grave y hospitalizaciones supondrá este parón? ¿Cómo afectará el retraso de la segunda dosis a los más de 900.000 españoles que ya han recibido la primera?

Ayer, Brasil registró cifras terribles con casi 100.000 nuevos casos y 3.149 muertes por COVID-19. Es como si veinticinco aviones de pasajeros se hubieran estrellado, en un solo país y en un solo día. Esas cifras se volverán a repetir en otras partes del mundo hoy, mañana y pasado, de hecho seguirán repitiéndose mientras no consigamos detener esta pandemia. Por otro lado, en nuestras manos tenemos una vacuna con una eficacia demostrada del 80% que evitará hospitalizaciones y fallecimientos… y hemos parado de administrarla en contra de las recomendaciones de los organismos europeos.

En resumen, de entre todas las irresponsabilidades, errores y meteduras de pata que el Ministerio de Sanidad español ha realizado durante esta pandemia, suspender la vacunación con AZ ha sido uno de los más grandes. Una decisión influenciada por la presión de otros, por miedo, por el qué dirán, por contentar a ciertos sectores ruidosos y para aplacar titulares. Ha sido una decisión que ha dado alas a los antivacunas, que ha sembrado de dudas y miedos innecesarios el complicado panorama actual y que ha contribuido al mito de que hay vacunas buenas y malas. Miedo, lobbies, influencia, prensa, presiones... de todo menos ciencia.

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