España tiene que superar un problema de difícil solución para ganar esta Eurocopa

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SAINT PETERSBURG, RUSSIA - JULY 02: Aymeric Laporte of Spain clears the ball whilst under pressure from Steven Zuber of Switzerland during the UEFA Euro 2020 Championship Quarter-final match between Switzerland and Spain at Saint Petersburg Stadium on July 02, 2021 in Saint Petersburg, Russia. (Photo by Anatoly Maltsev - Pool/Getty Images)
Anatoly Maltsev - Pool/Getty Images.

En la Eurocopa de las emociones no hay celebración sin sobresalto. Un torneo imprevisible donde la emoción escribe las narrativas y las sorpresas deben darse por supuestas antes de cada eliminatoria. Donde se pasa del orden de los tres centrales casi como discurso universal a las prórrogas en las que los futbolistas van cayendo uno a uno como heridos de guerra. En esta Eurocopa de otros tiempos, de otros mundos, España es, por el momento, la reina cuando las lógicas se rompen y el azar se impone. No porque compita bien, sino porque sobrevive.

Claro que España no es la mejor selección. Ni lo era antes de empezar ni lo es a escasas horas de disputar las semifinales. Pero las que eran las mejores, por H o por B, están eliminadas, así que eso a estas alturas qué más da. La Selección ha sabido transformarse en algo mucho más importante; en un equipo que ha entendido que lo más razonable es aceptar sus limitaciones y entregarse al azar por completo. Jugar para intentar ganar a sabiendas de que en cualquier momento puedes perder. Esta es la España del Euromillón, que primero saca boletos para llevarse el partido y, si no le toca ninguno, empieza a sacarlos, y a rezar si hace falta, esta vez para que no se le escape.

En efecto, la Selección española se ha colado en semis. Por qué no decirlo, contra todo pronóstico, ya que las pistas que ofrecieron las experiencias previas no auguraban precisamente buenos presagios. La observación y el análisis del equipo de Luis Enrique, no las filias ni las fobias, concluían que, crisis vírica aparte, la Selección presentaba una indefinición preocupante aliñada con una sutil carencia de certezas, el nulo rodaje de muchas de sus sociedades, la más absoluta incertidumbre en ciertas piezas o la poca flexibilidad del modelo para adaptarse a distintos escenarios. Nada halagüeño.

Una cosa es una, dos son dos y a Luis Enrique lo que es de Luis Enrique. De la noche a la mañana, España se transformó en un equipo, con el enorme mérito que eso conlleva. Con mecanismos forjados a todo trapo y jugadores que acababan de conocer en el desayuno a los tipos que les rodearían en el once titular. Reconocible en sus ideas y aplicado en la ejecución de sus conceptos. Un equipo, al fin y al cabo.

Esto ha permitido a la Selección competir, especialmente en los tramos iniciales de los encuentros, cuando los jugadores tienen todavía sus correspondientes barritas de energía al máximo. España ha impuesto momentos de dominio, sometimiento e incluso merecimiento. Y ha sufrido otros tantos de angustia, agonía y auténtica potra. Porque a medida que pasan los minutos, sus probabilidades de llevarse el partido acorde a lo planeado caen en picado. Podrá ganar exactamente igual que podrá no hacerlo.

SAINT PETERSBURG, RUSSIA - JULY 02: Pau Torres of Spain collects the ball from the net after the Switzerland first goal scored by Xherdan Shaqiri during the UEFA Euro 2020 Championship Quarter-final match between Switzerland and Spain at Saint Petersburg Stadium on July 02, 2021 in Saint Petersburg, Russia. (Photo by Joosep Martinson - UEFA/UEFA via Getty Images)
Joosep Martinson - UEFA/UEFA via Getty Images.

Cuando España no puede dominar el balón, el espacio y el ritmo a través de su circulación y de su calibrada presión, apenas puede competir. El equipo que más goles ha marcado, más posesión tiene por encuentro, más dispara, más pases da o más faltas sufre... se cae. No puede, ni quiere, ni sabe. El bloque pierde metros, recula, retrocede y se empequeñece buscando cobijo en su área. Errores de todos los tipos y colores se han sucedido por allí, cada cual más surrealista. Y no es casualidad, porque la defensiva es la línea que más ha cambiado Luis Enrique, que otra cosa no, pero si se caracteriza por algo es por tener las ideas muy claras.

Jordi Alba y Gayà se han repartido el lateral izquierdo, Llorente y Azpilicueta el derecho y Pau Torres, Laporte y Eric García los dos puestos en el eje de la zaga. Y con cualquiera de las combinaciones España ha terminado contra las cuerdas, viviendo de rebotes, carambolas y milagros de Unai Simón –otro de los que se está aprendiendo el camino de héroe a villano y viceversa como si fuera del cole a casa–. Resulta que estos cambios, rotaciones y experimentos responden a lo que las piezas pueden aportar al plan único, esto es, con la posesión del balón, en salida y construcción, en campo contrario y en la presión. En ningún caso por cómo ayudan al equipo a defender mejor sin la pelota.

Aunque a España no le beneficia la escasez de registros que maneja el equipo para superar de forma exitosa dichos momentos de repliegue, cabe destacar que le faltan especialistas, en forma y fondo, e incluso jerarcas, perfiles experimentados, mandones, criados en el infierno, llorados de casa, sufridos, con callos y muñones en el cráneo de despejar córneres hasta en su tiempo libre. Porque sí, Eric, Pau y Laporte son especialistas de primerísima élite mundial trabajando con el balón en los pies, pero cuando su equipo no lo tiene están asomándose al abismo. Y la lógica dice que así es complicado seguir progresando. Aunque, mirándolo por el lado bueno, ya sabemos por dónde se está pasando Doña Eurocopa la lógica... 

En fin, esta es la Selección. Un equipo donde sus mejores defensas son todos aquellos que no son defensas, es decir, su delantero centro y sus centrocampistas, y su método más eficaz para contrarrestar los ataques rivales es contenerlos a 60 metros de su portería y evitar a toda costa que se acerquen al punto de penalti.

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