España no sabe valorar a sus emprendedores

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Los autónomos en España llevan décadas luchando por unas condiciones más justas. (Getty Images)
Los autónomos en España llevan décadas luchando por unas condiciones más justas. (Getty Images)

Se habla mucho del sueño americano, de esa idea del “todo es posible” que se centra en la libertad financiera y en las oportunidades de crecimiento en un país admirado en el mundo gracias a un concepto simple: el arduo trabajo encuentra su beneficio. Como suele pasar, no es oro todo lo que reluce y en la sociedad estadounidense existen muchas taras dignas de crítica, pero hay una cosa clara, y es que la ambición profesional y personal están tan extendidas como los riesgos que toma la población activa. El fracaso está vinculado al éxito y se entiende como parte del proceso hacia la gloria en todo tipo de trabajadores, especialmente en los emprendedores, sector que cuenta con un sistema de creación de empresas ágil y una carga fiscal estatal y federal más justa -o al menos, más llevadera- que en España.

Si el concepto del sueño americano en términos profesionales es tan conocido globalmente, ¿cuál es el sueño español?

Hay varias maneras de responder a esta pregunta: se puede hablar de las inquietudes que tienen los jóvenes de cara a su futuro profesional, de la capacidad de adaptación y reinvención de los trabajadores de mediana edad o de elementos mucho más tangibles como la presión fiscal a aquellos que sueñan con desarrollar una idea hasta convertirla en su manera de vivir.

Habrá que empezar por el final. La propuesta de reforma del régimen especial de trabajadores autónomos presentada la semana pasada a interlocutores sociales -en lugar de a las asociaciones de autónomos- cuyos detalles puede repasar en este artículo, son una prueba más de las trabas que España ha puesto históricamente a los autónomos. El último borrador de propuesta de cotización por ingresos reales, conocido el pasado miércoles, prevé unas cuotas que oscilan entre los 90 y los 1.220 euros mensuales en función de los ingresos. En la proposición se producen situaciones difíciles de digerir, como que un autónomo con un rendimiento neto de 3.000 euros pague 2.400 euros en cuotas (en EE.UU. no abonaría un céntimo) o que, al final del periodo, un autónomo con 37.000 euros de rendimiento cotice la mitad que uno con 49.000 euros (esa diferencia es del 2% tanto estatal como federal en EE.UU.).

Manifestación en 2009 para mejorar las condiciones de los autónomos. REUTERS/Dani Cardona.
Manifestación en 2009 para mejorar las condiciones de los autónomos. REUTERS/Dani Cardona.

No es exagerado catalogar a los autónomos como auténticos supervivientes en una selva abarrotada de depredadores y sin las prestaciones de las que gozan los asalariados. Es difícil obcecarse en una idea, en un sueño, y sobrevivir a un cúmulo de condiciones adversas que podrían ser perfectamente evitables. Y es que las adversidades no son sólo las que se esperan en ambientes donde imperan las leyes de la oferta y la demanda, de la competitividad etc, sino que vienen impuestas por unas reglas de juego que dificultan mucho las cosas. Por eso, las recientes encuestas que indican un aumento del número de jóvenes preuniversitarios que sueñan con emprender, muestran un cambio de tendencia en una España que en las últimas décadas ha sido más afín al funcionariado y a ser empleados de empresas.

Según el VII Informe Young Business Talents , promovido y realizado por ABANCA, ESIC ‘Business and Marketing School’, Herbalife Nutrition y Praxis MMT, a un 27% de los jóvenes españoles les gustaría en un futuro ser emprendedores y crear su propia compañía, frente a ser funcionarios (19,9%) o ser empleados en una empresa (13,8%). Las cifras muestran un ligero aumento con respecto al año pasado, cuando 26,8% de la juventud querían ser emprendedores, y un descenso en trabajadores públicos (22,6%) o empleados (22,3%). Sin embargo, el 82% de los jóvenes españoles ha confesado que optaría por vivir en el extranjero para crecer profesionalmente. Estados Unidos (36,8%), Reino Unido (15,9%) y Alemania (12,1) son sus destinos preferidos. Esto habla mucho de su concepción sobre la capacidad que tendrán para hacer sus sueños realidad en España.

Las intenciones de los jóvenes en cuanto al emprendimiento se topan rápidamente con la realidad. Según el análisis del Estudio de Población Activa (EPA) presentado en el primer trimestre de 2020 (previo al covid-19), el sector privado contó con 532.000 asalariados menos que en 2007, justo antes de la recesión; mientras que el sector público, sin embargo, incorporó a 284.000 funcionarios más que entonces. Es decir, que la empresa privada está muy lejos de las cifras previas a la crisis anterior, y las Administraciones (estatales, regionales y locales) cuentan con plantillas mucho más grandes. 

Como sucede en la actual crisis, en 2008, los autónomos fueron los grandes perjudicados. REUTERS/Juan Medina.
Como sucede en la actual crisis, en 2008, los autónomos fueron los grandes perjudicados. REUTERS/Juan Medina.

¿Acaso la burocracia facilita las cosas a los emprendedores?

No. Al menos tal y como afirmó el economista y académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Juan Velarde, a ABC antes de la pandemia.

“Ese creciente poder administrativo dispara la burocracia, lo que frena la actividad económica de una manera extraordinaria y, además, rompe la unidad de mercado, porque resulta que la normativa que en una cierta materia se aplica en una comunidad es diferente que la que rige en otra, y distinta de la que existe en una tercera... Es un hecho preocupante”, afirmó.

En otras palabras, el aumento de la burocracia cuesta dinero y dificulta las cosas a los emprendedores, algo que tomó en cuenta el Banco Mundial cuando estudió el caso español en su informe, ‘Doing Business’, donde coloca a España como un país que precisamente no se encuentra entre los más fáciles para hacer negocios. Este contexto en el que se premia más al funcionario público (chapó a todos los que han pasado por el durísimo universo de las oposiciones) que al emprendedor, no ayudan a crear una mentalidad marcada por el crecimiento, la innovación o la creatividad que sí tienen otros países. España cuenta con poco más de tres millones de autónomos y son ellos los que han vuelto a sufrir las consecuencias de la enésima crisis de sus vidas. Pocas y tardías ayudas durante la pandemia han provocado que alrededor de un 20 por ciento de los negocios no vuelvan a abrir sus puertas, y ahora, la nueva propuesta de reforma les vuelve a dejar contra las cuerdas.

Esta situación no sirve para hacer país, sino para cortar los sueños de ese 27 por ciento de jóvenes españoles que sueñan con materializar sus ideas de negocio. Sólo así se contribuye a que impere una mentalidad conformista en lugar de una emprendedora. Y todo ello en una atmósfera de constante incertidumbre económica, con generaciones de población activa ancladas en la precariedad desde 2007. Nada de esto ayuda a emprender. 

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