España cerrará "chiringuitos" para subir el nivel de las universidades

Asier Martiarena
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El ministro de Universidades, Manuel Castells, supedita la presencialidad universitaria a la efectividad de la vacuna. EFE
El ministro de Universidades, Manuel Castells, supedita la presencialidad universitaria a la efectividad de la vacuna. EFE

La Universitat Pompeu Fabra lleva varios años asomando en lo más alto de la clasificación de mejores universidades del país, seguida de la Universidad Carlos III de Madrid, la Autònoma de Barcelona y la Politècnica de València y la de Madrid. Ahora bien, ninguna es la mejor opción para los estudiantes que pretendan competir fuera del país en cuanto a currículum académico. Porque España no tiene ninguna universidad entre las 30 mejores del mundo. Ni siquiera entre las 30 mejores de Europa. Los mejores centros nacionales aparecen a partir del número 35 a nivel continental y del 140 a nivel planetario.

Da igual el ranking que se mire. El del CSIC, el de Shanghai, el de la OCDE. Con mínimas diferencias, el papel reservado para nuestro país es mediocre.

Y a la mala puntuación obtenida en base a criterios de backlink, citas de autores, artículos académicos publicados se une, además, la mala fama obtenida por muchos centros considerados como universidades pero que se conocen más por las facilidades que otorgan a la hora de otorgar los títulos y cuyo caso más sonado es el de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en donde la expresidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes se sacó un postgrado de una manera bastante irregular. Pero las sospechas de irregularidades en títulos académicos, cursos de postgrado y tesis universitarias se extienden al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al presidente del PP, Pablo Casado, al número dos de Ciudadanos en Madrid, César Zafra, al expresidente del Congreso Patxi López, la exportavoz de Podemos en Madrid Lorena Ruiz-Huerta, el Embajador Representante Permanente de España ante las Naciones Unidas Javier Moragas...

Todos ellos han retocado su formación académica con subterfugios que el ministro de Universidades, Manuel Castells, ha denominado "chiringuitos". Centros que, en su opinión, actúan como simples academias que imparten docencia, pero sin exigir criterios básicos universitarios como la "investigación" y la "transferencia del conocimiento".

La gran mayoría son campus privados que en los últimos años han brotado como setas y que el Gobierno admite que no suelen tener la “calidad mínima necesaria” llevando a la “confusión”. Suelen ser meros centros adscritos a una universidad pública que expide el título y que hinchan su catálogo de carreras y másteres.

Así que el Gobierno los va a revisar y endurecer. Y eso va a suponer la desaparición de muchos centros. ¿De cuántos hablamos? Según un estudio realizado por Eldiario.es, una de cada tres universidades privadas no cumple las condiciones mínimas de docencia para poder autodenominarse como universidad. Y si antes de 2025 no se ponen las pilas para elevar sus criterios y formaciones, tendrán que pasar a anunciarse como meras academias de estudio.

El Gobierno ya se lo ha hecho saber a las comunidades autónomas que, hasta la fecha, han mostrado su plena colaboración al comprender la importancia de revertir la situación. Tendrán que hacer cumplir unos criterios que incluyen, entre otros, que al menos “el 5% del presupuesto se dedique a incentivar la investigación”, que haya una producción científica equivalente a “seis publicaciones firmadas por tres personas en el plazo de tres años”, y que presenten anualmente “cinco proyectos de investigación competitivos de ámbito regional, nacional e internacional”.

¿Se imaginan esos criterios en la lista de los políticos mencionada más arriba? Tal vez así se desnudarían muchas de las necesidades y escaseces que presente la clase política española a la que habría que pagar mucho más para atraer al talento real y no al engordado con títulos sospechosos.

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